Rincón de la Poesía


  • Juan R. Mena
    San Fernando (Cádiz)



EL DERRIBO DE UN PATIO DE LAS CALLEJUELAS


Con corona de herraje y escolta de macetas
está el pozo en el patio, un barco detenido
con su ancla de piedra y sentina de agua
y leves tripulantes de inquietos gorriones
que alegran a los rostros frescos de los geranios
salpicados de breves cantiñas de vecinas.

Llagas en las paredes que son los desconchados
como la piel anciana de lo que fuera un día
paredes de una cal festejando blancura.
Los años han escrito sus graffiti seniles.
Una lengua de musgo asoma entre las grietas
pero muda, anfitriona de hormigas voluptuosas.

Los niños que alegraron su vejez con las voces
hoy no tienen aquí nada más que la ausencia.
Los tallos de sus vidas traspasaron los muros
del tiempo y olvidaron abajo sus raíces.

El patio se pregunta si tendrán un recodo
para él en la fría cripta de la memoria
porque los años tienen caminos obligados
con empujón de manos amargas y emigrantes,
y los patios del sur con greñas de ruinas
y legañas de penas lloran en el recuerdo
con aquellos mayores que fueron santo y seña
de las cruces de mayo, el guiso compartido
y las sillas prestadas para los velatorios.

Vecinas que ensartaron, airadas, sus insultos
en el hervir greñudo de la ronca disputa
porque los lavaderos, porque los tendederos,
porque el váter común por la cola apremiado,
porque los niños rompen griterías en guerra,
cuando un bautizo anuncia el alba de una vida
respiran aire puro de reconciliación.

¿Dónde está el trastear estridente de cubos,
el voceo afilado del ditero en la puerta,
el tintineo agudo de vasijas de leche
y el rebuzno del rucio que arrastraba el lechero,
la hora del serial, unánime fogata
para que se pudiesen calentar los suspiros
que olvidaban el hambre y la tuberculosis?

A punto de hecatombe por máquinas groseras,
el patio es como un acta de las generaciones.

Tan sólo la mirada de jalde sudoriento
del sol es la que lee su historia moribunda.
Este vientre de agua que encintaron las lluvias
se cubrirá de piedras igual que una mortaja.
Se comerá el olvido con su boca de luto
los tapices de anécdotas de su monotonía.
Pero, como en un feudo de algún reino invisible,
como una muesca haciendo señal de escalofrío,
quedará, vagabundo con sigilo de sombra,
el fantasma de aquella vecina maltratada
por marido empapado de rojas borracheras
que al pozo se tiró para ahogar las palizas.


De La noche es el ensayo de una ausencia (2014)







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