• Benedicto Cuervo Álvarez
    Desde mi quintana

    Séneca y La brevedad de la vida

    por Benedicto Cuervo Álvarez


Como todo el mundo sabe nuestro Lucio Anneo Séneca nació en Córdoba a principios del s. I d.C. Pronto abandonó su lugar de nacimiento para trasladarse con su familia de Hispania a la Ciudad Eterna. Su padre, llamado Séneca el Rector era un erudito y escribió dos de las obras más singulares de la Antigüedad: “Los diez libros de Controversias” y “Las siete Suasorias”. En estas obras, el viejo Séneca, reunió para sus hijos, los discursos que había oído en su juventud y que, posteriormente, trascribió gracias a su extraordinaria memoria. Séneca el Rétor era un hombre adinerado perteneciente a la clase de los caballeros (equites) que procuró una buena formación académica para sus hijos, especialmente para Séneca, enviándoles a las clases de los mejores maestros, juristas y filósofos de aquella época.

Con el tiempo Anneo Séneca llegó a ser uno de los mejores literatos y filósofos latinos llegando a instruir al emperador Nerón, durante su niñez y juventud, en el campo de la oratoria, literatura y filosofía. En un principio maestro y discípulo se llevaban muy bien pero, con el paso del tiempo, surgieron las desavenencias y, según parece, Séneca se vio envuelto en un complot para acabar con la vida de su importante discípulo por lo que éste le ordenó que se quitase la vida lo cual aceptó estoicamente cortándose las venas en la bañera.

Dentro de sus importantes y variadas obras literarias y filosóficas, mi preferida es la que lleva por título "Sobre la brevedad de la vida", en primer lugar porque esta obra es breve pudiendo leerse en muy poco tiempo, lo cual siempre es de agradecer ya que así no nos resulta pesada su lectura ni perdemos el hilo conductor por el que nos conduce este eminente filósofo estoico de origen hispano.

A pesar de la corta extensión y de los casi dos mil años trascurridos desde su publicación, cada línea en ella encierra un pozo de sabiduría que nos da pie para meditar sobre algo tan trascendental, para todos nosotros, como es nuestra propia existencia.

Anneo Séneca se pregunta ya al inicio de esta obra ¿es breve la vida? ¿cómo la vivimos?. Su respuesta es clara y contundente, no es que tengamos poco tiempo sino que perdemos mucho en la realización de tareas que no nos sirven para nada. Así, según Séneca, en la vida que se nos da se pueden llevar a cabo grandes cosas, si toda ella se empleara bien; pero si se disipa en el lujo en la negligencia, si no se gasta el tiempo en nada bueno, cuando llegamos al final de nuestros días, nos damos cuenta de que se ha ido una vida que ni siquiera habíamos entendido que estaba pasando puesto que no tenemos tiempo para pensar en nosotros mismos.

También, nuestro filósofo cordobés, nos aconseja, en esta obra, no dejar que se nos vaya nada de tiempo y, por esto, la vida de los grandes hombres es muy larga, pues en toda su amplitud fue utilizada para la realización de tareas y trabajos útiles. Al final, nuestra existencia pasará calladamente, no se prorrogará ni por mandato del rey ni por favor del pueblo. Tal como se lanzó el primer día, seguirá corriendo; nunca se desviará, ni se detendrá.

Después de casi dos mil años la obra "Sobre la brevedad de la vida", podríamos hacernos las mismas preguntas que antaño ¿es breve la vida? ¿cómo la vivimos?. Pienso, como pensaba Lucio Anneo Séneca, que muchas veces, a pesar del aumento de la esperanza de vida, la seguimos malgastando en lujos, ocios y tareas inútiles o simplemente la dejamos pasar sin hacer nada (como hacen los ninis) o lo que es todavía peor: atentamos contra nuestra propia vida o la de los demás utilizando drogas o circulando por el carril contrario en una autovía, por ejemplo.

La vida es larga, lo que ocurre es que nosotros la acortamos dedicando mucho de nuestro tiempo en cosas inútiles o innecesarias. Tampoco podemos caer en el otro extremo y pretender emplear todas las horas de nuestra vida en la realización de trabajos o tareas sin dedicar cierto tiempo al ocio o al descanso. No caigamos en la tentación -como se le ocurrió decir, hace unas semanas, a un diputado de cuyo partido no quiero acordarme- de que los médicos han de trabajar gratuitamente muchas horas extras en los hospitales españoles para acabar con la saturación de enfermos en urgencias.

Los sabios griegos ya buscaban, siglos antes de nuestra era, un cierto equilibrio en nuestra manera de ver las cosas y actuar procurando, en primer lugar, conocernos a nosotros mismos. Pienso que ese sería el camino a seguir evitando los extremismos de uno u otro signo.

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