• RESEÑA de LIBROS

    Jahel

    de Jorge Gram

    por Edith Getzmi

El horror recurrente y circular de las guerras fraticidas:


La Guerra SintéticaCon 384 páginas y dividido en cuatro libros, Jahel (1955) es la tercera de las novelas de Jorge Gram (David. G. Ramírez) y aunque como lugar de edición guarda en su primera portada El Paso, TX. Gelskey Beier aclara que "el lugar de su publicación fue en realidad la ciudad de México, pero que como se aclara en la cuarta de forros, debido a la feroz censura del gobierno de Calles se consignó ese dato del lugar de la edición y nunca se dio a conoce el pie de imprenta". Así también a partir de la información del pie de forros se deja saber que la primera, y al parecer la única, edición de Jahel fue confiscada y refundida en una bodega del ferrocarril por muchos años hasta que un día fue descubierta y sacada a la luz por un humilde trabajador que la leyó y la fue a dejar en la frontera de México con Guatemala. De ese lugar fue rescatada por un interesado lector quien le destinó a un lugar más seguro en los Estados Unidos y desde donde fue posteriormente enviada a Europa preservándole de la desaparición por asuntos políticos.

Jahel trata básicamente de la historia de horror que vive una comunidad rural vista a través de la agonía de una familia durante la lucha cristera. La característica principal de Jahel es, definitivamente, la decidida participación femenina en la figura de Margarita como la ejecutora del tirano, actuando en un pueblo que descrito en palabras del propio Gram era: "un valle inmenso y feraz, sembrado aquí y allá con el blanco audaz de las haciendas convalecientes, en la parte norte del Estado de Zacatecas […] donde cada corazón era una lámpara votiva y cada alquería un centro de labradores cristianos y laboriosos […] víctimas eternas de la desgracia mexicana […]" (Jahel 11).

El relato propiamente empieza en tercera persona, con un tinte romántico bastante empalagoso que se antoja levemente irónico, de acuerdo a la naturaleza negra de la narración: "Margarita sacudió levemente la linda cabecita dorada" (Ibíd. 7). Pues será precisamente ella la —de la linda cabecita rubia—la que más adelante se metamorfoseará convirtiéndose en Jahel, quien asesina al tirano cercenándole la cabeza a semejanza de la escena bíblica. Empieza Jahel con la personificación de Margarita, una joven de clase media acomodada quien se apresta para salir a pasear a la playa con sus amigas en un camión destartalado y donde todo se percibe contento y algarabía, hasta que empieza por describir el ambiente derruido del pueblo y la particular presencia de un hombre misterioso, un tullido en silla de ruedas a quienes todos respetan y quien les acompañará en el paseo en función de aparente chaperón.

En un salto analéptico, el narrador nos lleva casi imperceptiblemente en medio de un relato costumbrista a los horrores de la persecución religiosa en lo que fuera una hacienda, llamada de manera irónica "El Vergel" prendida en fuego por la revancha de las tropas federales. A partir de ahí, Gram nos describe crímenes espeluznantes, como el efectuado contra Ruperta la criada que muere entre horribles estertores calcinándose en la troje por salvar a la niña Margarita. Finalmente la niña es rescatada y puesta en manos de quien ella llamara "tío" que en realidad era un sacerdote, para que éste le conduzca y deposite sana y salva en "El Colegio de La Inmaculada" a cargo de la madre Julia Navarrete y Guerrero.

Del manejo que Jorge Gram hace de los datos historiográficos a lo largo de la narración, llama la atención por ejemplo: la veracidad de la existencia del colegio donde fue depositada Margarita, e incluso la presencia de la citada directora y su coincidencia en la época histórica por Gram. Todo esto sirva como referencia para contrastar lo dicho por Avitia Hernández en cuanto a que "En Jahel, la estrategia de ficcionalización del hecho histórico es llevada al terreno de la invención o más bien al de la falsificación" (Avitia, 2006:249).

Por otra parte es necesario subrayar el uso del nombre de la narración aludiendo a la figura bíblica del Libro de los jueces. La historia de Jahel se desarrolla pletórica de Leitmotivs, entre los cuales destaca la comida mexicana con numerosas recetas de diversos platillos, la vegetación, la descripción del clima y sus cambios estacionales, humor, violencia, erotismo, heteroglosia y por supuesto una dosis alta de crítica social. Hasta que el narrador nos lleva a una Margarita crecida y rescatada por su padre y hermanos quienes tras recuperar lo que quedó de su hacienda se dan a la tarea de restablecer sus vidas en El vergel.

Margarita ya convertida en una joven, empieza su vida poniéndose de novia con un hombre que es el arquetipo del novio perfecto y buen cristiano, pero no sin ser interceptada por la mirada del impropio, el comunista Atilano. Para esto, el narrador omnisciente y en tercera persona, nos detalla la situación del país, de la región y del pueblo en medio de una visión casi apocalíptica enfocándole desde la conquista de México hasta los días del gobierno posterior a "Los arreglos" -que dieran fin a la Guerra Cristera- en medio de un lenguaje de horror para describir las escenas más tétricas y de violencia extrema. Casada con el ingeniero Ponce, inicia Margarita su periplo sangriento y de dolor al momento en que tiene que huir para evitar la muerte, la cual les alcanza con el asesinato del ingeniero y ella sobrevive huyendo a los Estados Unidos con su pequeña hija a la cual resguarda en un convento. Posteriormente la niña es secuestrada y asesinada, ella le pierde la huella y casi enloquece de dolor cuando se entera de la muerte de su hija a destiempo. Con la vida desgarrada por la violencia y el horror, Margarita ya sola, decide entregarse de lleno a la lucha armada incorporándose a la Brigada invisible, Brigada invencible (La Bi-Bi) a la cual es iniciada en el servicio para más tarde recibir la asignación de la más importante tarea: asesinar al tirano.

En una táctica de guerra de guerrillas bajo la cual operaban las mujeres de la Bi-Bi, Margarita se introduce en una fiesta orgíaca de los militares para cumplir con el mandato —en mortal analogía con la heroína bíblica—y en lujo de crueldad, asesina al tirano Atilano clavándole la cabeza en la sien con un enorme clavo bendecido y preparado ex profeso para tal fin. Sin más ayuda que un martillo ejecutorio dirigido por su propia mano. Una vez ejecutado el tirano de su pueblo, abandona la tienda para ser recibida por la alegría de su pueblo liberado. Todo esto con las características sobradas de una novela de crimen. Tal es el argumento de Jahel, una de las obras que considero más recalcitrantes de la literatura de tema cristero. En plena intertextualidad con la Jael del Libro de los jueces, una de las llamadas mujeres fuertes de la Biblia, reza así:

¡Bendita sea entre las mujeres del campamento!
Agua pidió Sísara; leche le dio Jael
¡Crema le dio en un tazón especial!
Mientras tanto, tomo la estaca con la mano izquierda
y el mazo de trabajo con la derecha,
y dando a Sísara un golpe en la cabeza
le rompió y le atravesó las sienes.
Sísara se retorcía a los pies de Jael;
retorciéndose de dolor cayó al suelo,
y allí donde cayó, allí quedo muerto.
(Libro de los Jueces 5:24-27)


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