• Marie Rojas Tamayo
    Literatura en colores

    Maya

    por Marié Rojas Tamayo

 Maya - RAY RESPALL ROJAS

(Ilustración: Ray Respall Rojas)


…con notas que se transformaron en luces que a la vez se convertían en paredes, alfombras, flores y todo lo que ella y yo quisimos que hubiera en aquel árbol.
Escaleras al cielo
Abel Guelmes Roblejo


Supe que había muerto cuando vi su faz. No hubo túnel de luz, ángeles en mi cabecera, sueños de la razón que tiraran de mis brazos, demonios intentando arrastrarme a la oscuridad. Había escuchado decir que me encontraría con la imagen más afín a mis creencias… tal vez demoré excesivamente en acogerme a algún credo. La única certeza en mi vida había sido él. El rostro del amor puede ser lo más cercano al rostro de Dios.

Resplandecía de felicidad, ¿sería yo capaz de alcanzar ese estado? Estábamos ocupando lo que en cierto modo podía ser un cuerpo físico, menos material que el que acababa de abandonar, despojado de los estragos de la edad, aunque básicamente el mismo. Mis temores y dudas acerca de lo que acababa de pasar, se habían desvanecido; en su lugar me invadía una gran confusión. Flotábamos en una bruma semejante a mi concepto de la nada.

- Este mundo gris es el interior de tu alma, tal como se encuentra, desorientada. No te preocupes, pasará. No temas, nada se olvida…

No volamos, no nos trasladamos en el espacio o el tiempo porque ambas categorías no existían. Yo estaba sentada junto a él en un montículo. Siempre había querido ver la nieve y ese fue el primer regalo que me otorgó la eternidad. Un panorama de blancura incalculable, cielo con nubecillas como pinceladas. A lo lejos un bosque de pinos, frente a mí un lago helado donde un hábil patinador ejecutaba increíbles corvetas.

- Deberás ir despojándote de las ligaduras que te atan a la materia. Irás perdiendo los deseos que acumulaste–acarició mi mejilla y la calidez de su tacto me devolvió la calma-. Mi estancia contigo es limitada, este es un camino que habrás de recorrer sola.
- ¿Cómo lo haré sin ti? –si imaginé un mundo perfecto, no era este. Cualquiera que fuese, tendría que incluirlo.
- Volveremos a reunirnos, haremos parte del viaje juntos –apartó su mano y señaló el lago-. Mira hacia la pista: ese que ves era un sencillo repartidor de correspondencia, su vida transcurrió en un lugar donde nunca hubo nieve. Coleccionaba postales, recortes, pisapapeles de paisajes nevados... Cuando caminaba bajo el sol, agobiado bajo el peso de palabras ajenas, era aquí a donde venía a borrar cualquier adversidad.
- ¿Hace mucho que llegó?
- Eso no es lo esencial, tendrá todos los instantes que desee hasta que crea colmados sus anhelos... No hay prisas en la inmortalidad.
- ¿Y tú?
- Si estoy aquí, es porque volverte a ver es parte de mi camino.
- No sé por dónde comenzar el mío…
- Todo camino comienza por el primer paso, ¿qué deseas?
- ¿Puedo patinar?
- Si ese es tu antojo...

Era un hermoso día invernal. Podía saltar, girar ingrávida... De pronto, recordé que a veces la capa de hielo que cubre la superficie de los lagos se torna muy fina, tanto que mi simple peso podía resquebrajarla. Sentí el sonido del hielo como un espejo al romperse, el agua helada me envolvió, mis manos se agitaron torpemente sin asidero mientras me hundía en las tinieblas. Me hallé de regreso en el montículo, seca, inmaculada. Él reía ante mi estupor.

- El mundo del que vienes, este en que nos hallamos, aquellos que aún has de cruzar, son una mera ilusión, un sueño que vas construyendo en la medida en que prefiguras tu realidad. Si te invaden los temores, terminarás en el fondo del lago. El universo que construyes es el que te obsequias o aquel en que te condenas a vivir.

Fueron sus últimas palabras, antes del abrazo que no pudimos regalarnos en vida. Volveremos a vernos, confío, espero…Aún estoy sentada en la nieve, no sé por cuánto tiempo... Todavía pretendo medir las dimensiones como acostumbraba hacer en mi mundo anterior. Demasiado insegura para desear, temerosa de ser arrastrada por mis sueños, de quedar a merced de mis caprichos, aguardo el momento en que habré de descorrer uno a uno los velos de Maya.


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