• Peregrina Flor
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    La obra del Bosco (1)

    por Peregrina Flor


Observando la obra del Bosco con las gafas puestas.
Parte I: Introducción desde mi punto de vista.

Bosco, hablaré de ti, aunque en el presente dicen que en tu país (Holanda), se es cómplice de la Zoomafia, aprovecho para decir que no soy de ese grupo y deseo que se acabe con ella.
El que hace sufrir, debe sufrir.



Hablaré aquí por muchos seres que pueblan la Tierra y admiraron el genio de este autor.

Hablaré porque deseo compartir lo que me han contado, el resultado de reflexiones y meditaciones de seres de diferentes culturas, razas y profesiones.

Caos en medio del orden y un adiós que es despedida. Un amor que llega tarde para quebrantarme la vida y llenarme de pesadillas.

Tal vez esto fue lo que sintió El Bosco cuando pintó sus obras. Un amor que llegando tarde, sería la perdición de su alma y de su amistosa fe. Su derroche de lamentos y caída en picado al mismísimo infierno. Un amor de una pecadora que le ama a pesar de todo y sobre todas las cosas. Un amor que quisiera llegara a ser divino, pero Dios es estricto con él y con los demás hombres. No podemos equivocarnos en el amor porque ahí está tu salvación, en encontrarle y amarle de verdad, y cuando digo de verdad, es de verdad.

Un amor que llega a deshora, tocará fondo en pecado y acabará con su alma, quemándola, será una pesada carga, mejor dejarlo a un lado si se puede y así las frutas no crecerán tanto en sus cuadros, las cosas tendrán armoniosas y mejores formas, los hombres y mujeres ropas y una sonrisa en sus labios de coral y serán más mestizos porque se cruzarán entre ellos por amor, del puro y duro. Porque un amor que es perdición, te lleva a pintar esas cosas, que nos gustan y advierten de que el camino es complicado, te amarga, pero sabrás ser feliz si tu número de aciertos es mayor que el de derrotas. Te sentirás muy bien.

Un amor tardío, cuidado, a unos hace famosos en sus profesiones si saben representarlo, a otros los perderán del trayecto si no saben superarlo. Aprendamos, y sea cual sea tu decisión, sigue adelante.

Voy a hablar del Bosco, como sentadita en la sillita de un jardín barroco y a la vez, modernista y algo impresionista, porque la niebla me hace ver como puntos sobre el paisaje. Era un hombre perteneciente al Surrealismo, es necesario saber un poco de su vida para descifrar su Jardín de las Delicias.

Preciosa obra, de las mejores suyas para entregar al mundo, con bondad.

Seres en grupos, desnudos y blancos inmaculados en su mayoría, de perfil muchos, otros parece que sufriendo y sólo puedo decir que me invaden miles de sensaciones raras y me envuelvo en un clima de extravagancia que desconocía por completo.

Me parece regular, no me agrada demasiado que sean blancos en su mayoría, pero era lo que estaba en la retina del artista, o blanco o negro. Nada de cruzamientos. No obstante creo que todos somos iguales, y es lo mismo el color de tu piel, siempre y cuando la intención no sea de las peores.

Me penetra la obra hasta el intestino, como una rosquilla que se come y te alimenta, como es tu pensamiento en frío, como la ropa que decides ponerte día a día.

Me sorprende su arte y me eleva a un clima solar sin precedentes, a una ola del mar tremenda y fuerte, a una habitación de claustro y de oraciones.

Me duele la traición y los sinsabores, las personas que cargan con sus penas, las figuras raras que son como fuentes y el azul del cielo, también me hiere.

Nada me resulta indiferente, las frutas, los seres desnudos y con ropa, las sillas elevadas ni los animales exóticos que también parecen amables y colaboradores para con los hombres.

Las conductas humanas son las normales, ¿quién no deseó estar desnudo en el campo, cabalgar sobre el lomo de fieras salvajes, verse envuelto entre frutas y aguas claras que no se sabe de dónde salen?. Díganme, ¿quién no quiso ser o vivir algo especial?

La primavera se acerca o es verano, no observo muchas flores y las extraño, ¿quién pudiera ser mismo El Bosco?, sí, para agregar amapolas, orquídeas, rosas, camelias y margaritas sobre esas praderas descontroladas y dominadas por el ser humano. Tratadas a su antojo. Belleza, cielo claro y belleza, ¿podría haber más?.

Fantasía de medio día y gente que no sabe porque hace lo que hace, y finalmente un final diferente al principio. Un final que me remata y me pone loca de remate, aunque siga siendo yo y esté muy cuerda todavía.

Voy a dormir soñando con sus formas, sus misericordias perdidas y holocaustos, su caos, deformidades, sinvergüenzas y falta de tacto al mostrar seres sin ropa, algunos besándose, otros tocándose, y casi siempre muy despiertos y atentos, abiertos a sus historias sensuales y sufrimientos diversos que con holgura llegan a transmitirnos para atormentarnos también.

Esto es lo que veo y lo que ves. Lo repetiré una y otra vez.

Eso es lo que siento y hace que tome reposo sobre la mecedora o la silla de mi jardín contemporáneo, deseando, sin embargo, jamás estar en el jardín que El Bosco ha pintado, y que hoy llega a mis manos buscando un abrazo, cuando yo solamente puedo decir que es un cuadro. Hermoso, sí, lleno de significados, pero un cuadro al fin y al cabo, que no sentirá jamás que le amo como le amo. Porque tal vez no le ame, todo puede ser. Porque tal vez lo observe porque deseo hablar de su autor, bien y regular.

Me centraré pues en El Jardín de las Delicias o en El Jardín con sus Delicias. Hablaré de los seres humanos, desde su raíz y desde los sentimientos de un autor que me parece que padeció tormentos y dudas en lo referente a la religión cristiana…

(Continuará…)

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