• Marie Rojas Tamayo
    De príncipes y princesas

    Cinco minutos a solas con las musas

    por Marié Rojas Tamayo

  los tres gatos - RAY RESPALL ROJAS

(Ilustración: Ray Respall Rojas)



Le pedí a mi hija Sarah, en aquel entonces de seis años y muy bien nombrada por toda la familia como "la princesa majadera”, que me diera cinco minutos de tranquilidad, silencio incluido, para poder escribir un cuento que me venía rondando desde por la mañana. Sería injusto negar que ella siempre tiene la mejor voluntad de complacerme. El diálogo que sigue, lo fui anotando en mi agenda mientras intentaba concentrarme en el cuento:

-Sí, mamita linda, yo te quiero mucho y me voy a portar bien. No voy a hablar para que escribas tu cuento... ¿Cuánto demoran cinco minutos?

No puedo explicarle que demoran exactamente cinco minutos, así que marco el despertador para que suene al concluir ese lapso, se lo entrego y me vuelvo a sentar frente a la pantalla en blanco.

-¡Ah! Ya entiendo... bueno, dame un libro y me porto bien.

Le entrego un precioso tomo de fábulas de varios autores, así tiene para escoger.

-Mamá, ¿cuánto suman cuatro más cuatro más cuatro más cuatro?
-Son dieciséis –y al ver que espera algo más de mí-, ¿por qué lo preguntas?
-Para que me busques la página dieciséis.

No más abrir la página comienza a leer en voz alta y yo intento hacer abstracción.

-Mamá, este escritor está loco... ¡Decir que los zorros y los cuervos comen queso!

Evidentemente no le preocupa mucho que sepan hablar, ni que sean capaces de argucias o bromas de mal gusto; sólo le llama la atención el equívoco con la alimentación. Eso es síntoma de que...

-Debería haber helado de queso y de galletas con mantequilla, tengo hambre, ¿no habrá quesito por ahí?

Me incorporo de nuevo, le sirvo unas galletas con queso, coloco al lado un vaso de agua y vuelvo a mi teclado.

-Mamá, ¿los caballos son herbívoros?
-Sí.
-Préstame un papel para dibujar un caballo herbívoro... –algo adivina en mi expresión cuando le entrego papeles y rotuladores-. ¿Me estoy portando bien?
-Más o menos.
-¿Y qué vas a hacer si me porto mal?
-Te voy a sacar un pasaje para Nunca Jamás -creo que he ganado unos minutos de silencio, pero he subvalorado su capacidad de reacción.
-No puedes, eres grande y olvidaste como se llega.

Pruebo a no responder. Las frases que siguen son pronunciadas una tras otra, con un segundo apenas de intermedio:

-¿Falta mucho para que yo sea grande?
-Las brujas no saben matemática, cuatro más cuatro más cuatro más cuatro es igual a cuatrocientos cuarenta y cuatro.
-¿De qué están hechos los caramelos de miel?
-El caballo me salió mal, quédate quieta que voy a dibujarte.
-¡No escribas! Estás quedando preciosa... mírame... eso... Ahora sonríe.
-Tú eres mi mejor amiga.
-Voy al baño, no, mejor no voy y hago otro dibujo.
-Mamá, si me porto bien y escribes tu cuento, ¿vamos a ser famosas?
-Mañana es jueves porque hoy es miércoles.
-Cuando seamos famosas vamos a vivir en una casita rosada, al lado de un árbol y vamos a tener un cachorro.
-Mi cachorro se va a llamar Pixie, ahí lo llevo de la mano y tú llevas la cartera.
-No hay sol porque no encuentro el color amarillo.
-Ayer Daniel se portó mal y por su culpa me regañó la maestra, no lo voy a poner en el dibujo.
-En Nunca Jamás no hay maestras.
-Las cigüeñas no toman sopa, yo tampoco.
-Anoche soñé que estaba durmiendo y no podía abrir los ojos.
-Vamos a poner mis dibujos en tu cuento, los termino y te los doy para que les hagas fotos.
-Verás que cuento famoso más lindo con mis dibujos.
-Los extraterrestres son del mundo real y los unicornios son fantasías.
-Como somos tan felices, pinté también un corazón.
-¿Tú no estás brava, verdad?

Se levanta con sus dos creaciones en una mano y el plato vacío en la otra; se acerca con cautela a donde yo, pantalla en blanco al frente y agenda llena de garabatos al lado, acabo de pedirle a las musas que me disculpen y regresen otro día, preferentemente en horario escolar.
En ese preciso instante, suena el despertador.

-¿Viste que bien me porté? –me dice con la mejor de su sonrisas.


* * * * *


Sobre "De príncipes y princesas"


 sarah

Sarah en una fotografía de la 1ª edición de "De príncipes y princesas".
¿La recuerdan?


Nota de la autora.

Han pasado doce años, Sarah ha ilustrado varios de mis cuentos. No somos famosas todavía, pero tuvimos una perrita a la que llamamos Pixie y actualmente vivimos en un edificio color rosa al lado de un parque lleno de árboles. La princesa majadera creció, ahora es una adolescente, pronto volará lejos con alas propias, pero quedan estas historias. Las de ella, las de Ray, mi hijo mayor, las de mis sobrinos, vecinitos, los hijos, nietos, sobrinos y vecinos de mis amigos. Muchas de las anécdotas que aparecerán en esta sección me las enviaban por correo, me las contaban personalmente, o por teléfono, luego de leer las mías. Puedes hacer lo mismo, si quieres compartirlas.


Nota del editor.

Aquellos lectores que quieran ver las historias de sus hijos o nietos, o sobrinos, o vecinitos, reflejadas en esta sección pueden remitirlas a la autora (kodama@cubarte.cult.cu) -siempre sin imágenes ni adjuntos, en el cuerpo del correo- con sus datos al final. Marié Rojas la adaptará al estilo breve de la sección respetando autoría y protagonismo y haciendo referencia a ellos.


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