• Juan R. Mena
    Contraluz

    Sentimiento lírico

    por Juan R. Mena


DEL SENTIMIENTO LÍRICO DE LA VIDA

El lirismo brota de lo trágico, lo inevitable, lo que está vivo en el alma como un paisaje que da vida o un recuerdo que atormenta. Lo demás, es literatura, bien hecha quizá, pero no emocionante.

El lirismo requiere ingenuidad, espontaneidad, musicalidad justa y exaltadora de lo profundo. El poema es una isla de armonía en el folio farragoso, un recorte de lo vivido que merece la pena ser destacado para reír o para llorar.

Tiene un alma sensual, mística y sentimental, a veces linda con el misterio (Oigamos a Federico García Lorca: “Sólo el misterio nos hace vivir, sólo el misterio”). Todo menos una adaptación a las consignas de una escuela o las influencias de la literatura del momento, como ocurre con la poesía escrita bajo la sombra de la fugaz frivolidad y la facilidad que cae en lo anti rítmico como sello de la modernidad, así como el disparate en la expresión como intento —fallido— de ruptura con el pasado clásico.

Siempre habrá poetas mirando por las afueras de su torre poética a ver si hay un resplandor de la moda que se lleva y a él le venga como un sol misericordioso para el frío de su inspiración.

La literatura es la voz a contrapelo de la época, el altavoz de lo que atruena en el oído impersonal de las masas lectoras. Pero no es la escritura que se vale de la ortopedia del premio y la crítica que la echa a andar por los escaparates de las librerías de las Ferias del Libro.

Siempre nos preguntaremos si no será la crítica, la televisión y el cine los que imponen esta clase de literatura a un público pasivo que no tiene iniciativa cultural. Es escaso el público que acude a la lectura, sobre todo a la poética. ¿Se necesita cultura, sensibilidad o simplemente curiosidad? ¿Pulchrum est paucorum hominum?

La poesía del sentimiento trágico no se escribe porque se desee sino porque surge del alma del poeta que sabe bien como Leconte de Lisle, poeta francés, que: “Sólo hay poesía en el deseo de lo imposible y en el dolor de lo irreparable”. Todo lo demás, como dijo Verlaine, “es literatura”. ¿Lo dijo en tono despectivo, o bien conmiserativo?

Toda esa poesía circunstancial pasa, pero la poesía que lleva debajo del verso explosivos de drama humano, permanece porque es universal. Lo demás, aunque sea buena literatura, se esfuma en la niebla en que duermen abandonadas en los estantes revistas y libros que tuvieron en su día un destello de fortuita lectura que el tiempo esconderá en sus pliegues de olvido.

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