• Abel Guelmes Roblejo
    Del color de la luz

    Monólogo interior

    por Abel Guelmes Roblejo

Julián Alpízar

(Ilustración: Julián Alpízar)
 

Ella lo miró. Él hacía lo mismo, no lo podía evitar.

Me está mirando, pensó, mejor no le quito la vista. Así, contacto visual, como dicen en las películas. Está linda.

La muchacha se sonrojó al verse contemplada con tanta determinación. En otra situación hubiera cambiado la vista, pero decidió no hacerlo.

¿Por qué me mirará así?, se preguntó, Debe ser por el vestido. Sabía que me veía bien, pero no es para tanto. Es un poco incómodo, y lo jodido es que no llaman a nadie. ¿Estarán almorzando? Tengo hambre. Llevo más de una hora sentada y no acaban de llamarme. O a él. De cualquier modo, digan su nombre o el mío, dejaremos la competencia de miradas. Aunque…no es feo, después de todo. Mirándolo bien…

Él miró el reloj y el número asignado con impaciencia.

No me quita la vista. ¿Le gustaré? Si no estuviéramos aquí… Pensándolo bien, quizás me siente al lado con disimulo y le hable. Pero ¿de qué? Le pediré la hora y luego le diré algo de su vestido. Le queda divino ese escote. Aunque no se lo diré así, pareceré un acosador. Primero lo primero: si me vuelve a mirar, le sonrío. Si me sonríe, es que hay algo.

Ella miró la hora, en su celular, revisó si tenía mensajes. Ninguno. De pronto levanta la vista y lo ve. Un calor le subió por todos su cuerpo. No pudo evitar sonreír. Cambió de posición las piernas, se alisó la falda y se acomodó el pelo.

Me sonrió. Qué zorro es, y con la cara de niño bueno que tiene. Y ¿por qué sonrío? ¿Seré boba? Ay, Dios. ¿Y si viene a hablarme? No sé para qué le sonreí… ¡Y lo sigo haciendo! Tranquila, cambia de pose, arréglate la ropa, haz algo, pero para ya.

Él se arregló el pelo y cuando ella miró a su cartera, se olió con disimulo.

Creo que tengo una oportunidad aquí. ¡Genial! Déjame no alegrarme tanto y pensar qué decirle. Lo de la hora está bien, es un comienzo. ¿Después qué? Le pregunto qué hace aquí. ¿Seré imbécil? ¿Qué va a hacer en esta parte del banco, si no es abrir o cerrar una cuenta? Si empiezo así, las oportunidades se me esfumarán al instante. No puedo comportarme así cada vez que vea a una mujer bonita. Dios, ¿qué hago? Es la mujer perfecta. Qué piernas, qué elegancia, qué pelo y qué pechos. Es perfecta y creo que le gusto. Un poco de valor es lo único que necesito. ¿Qué es lo peor que puede pasar?

Ella hizo un corto inventario en la cartera. Tenía los papeles del banco, el dinero, su cajita de maquillaje, toallas húmedas y su perfume.

Mejor que no venga. Hace falta que venga alguien y lo cohíba. No ha dejado de sonreírme. Él cree que no vi cómo se olía. De verdad que es cómico, resulta hasta un poco agradable. ¿Me está vacilando? Sí, me ha vacilado completa. ¿Se me verá algo por la blusa? No, de todas maneras me cubro un poco más. Si viene, le diré algo brusco y corto antes que se haga ilusiones. ¡Casi que me desnuda con la vista! Si mi mamá lo viera, no me diría más que tengo que arreglarme y salir a la calle a buscarme un novio. Ahí está uno al que le intereso. Es bueno saberlo, a fin de cuentas. Uff, ¡pero es que los hombres buenos están perdidos!

Él vio cómo ella se ajustaba el escote y cambió la vista. No quería que lo tomaran por un pervertido. Se puso a leer todos los carteles y propagandas que adornaban la sala de espera.

Qué bajos son los porcientos de interés, Dios mío. Hay que guardar un millón para ganar un interés significativo. A ver, tengo diez, veinte, treinta…, sí. Me queda bastante como para invitarla a tomarnos algo. O mejor, a almorzar, tengo tremenda hambre. Ella debe estar igual, lleva aquí el mismo tiempo que yo y no ha comido nada. Allá adentro están almorzando seguro. Por eso no llaman. Eso es, la invitaré a almorzar. Si me dice que no, pues se lo pierde. La voy a invitar.

Ella se puso una mano en el estómago en un intento de callar su estómago que le rugía. Miró la hora con pesar.

Si no me llaman pronto, me voy. El hambre no me deja pensar bien. Hasta soy capaz de aceptarle una salida a ese extraño con tal de salir de aquí y comer algo. ¿Será de los que toman o los que comen? Ojalá y sean las dos cosas. Tiene cara de ser buena persona. Aunque Félix la tenía también. A mi mamá fue la única a la que no pudo engañar. Ella lo caló desde el primer día, y me lo dijo. ¡Ay, ya! Tengo que sobreponerme a él y buscarme uno nuevo, como dice ella. Este mismo, si me dice algo, y me gusta, pues le sigo la rima. A ver qué pasa. No pierdo nada con intentarlo. Claro, si me dice algo y no es un mirón miedoso. Tiene buenos brazos y espaldas anchas. A mami le encantaría. Ella es fanática a los hombres así.

Él se levantó en el mismo momento en que abrieron la puerta y mencionaron su nombre. Le sonrió nuevamente a la muchacha y se encogió de hombros. Ella le devolvió la sonrisa y el gesto.

Dios qué mala suerte, pensó mientras entraba y cerraba la puerta. Con lo que me costó decidirme. ¿Será una señal? Mi hermana siempre me está diciendo que siga las señales. Mira que lo he intentado, pero a veces están tan disimuladas, que no me doy cuenta. ¿Ella lo habrá visto así? Cuando salga le diré algo y veré. Quizás quiera que la espere. Eso haré, en cuanto salga hablaré con ella. Si me dice que sí, le diré a mi hermana que sus señales son una basura. No le gustará nada eso, pero cuando le presente a la futura madre de mis hijos, seguro que lo dejará pasar.

Ella aprovechó que estaba sola y se arregló el maquillaje. Se perfumó, solo un poco para no parecer muy interesada y no ofrecer falsas esperanzas.

Tengo que hacerme la dura. No voy a repetir lo mismo que con Félix. Fue demasiado pronto. Primero, él tiene que acercárseme. Sino, pues que se largue por donde mismo vino y seguiré mi vida como hasta ahora. Con este dinero ahorrado, y lo que guarde en el futuro, podré irme de vacaciones a un hotel o a donde quiera. No necesito un hombre para vivir, como dice mi madre. ¡Ay, pero que bien se la pasa una con ellos! Esas vacaciones serían mejores con él, por ejemplo. Si se lo propusiera, al cabo del tiempo, claro, ¿Qué diría mi madre? ¿Lo aceptaría? Marlon, bonito nombre. Si tuviéramos un varón le pondríamos así. ¿Cuál será el apellido? De seguro combina precioso con el mío.

La puerta se abrió y él salió. Ella sonrió desde su silla, mirándolo. Entonces, el banquero la llamó. Ella se levantó, se miraron y por un instante estuvieron uno delante del otro sin decirse nada.

—Con su permiso —le dijo ella y él se echó hacia un lado con un ademán, invitándola a pasar.
—Es suyo.

Es suyo, ¿no se te pudo ocurrir otra cosa? No importa, para la otra será. Se llama Diana, ¿Cuál será el apellido? Pensaba mientras caminaba hacia el exterior. Podríamos llamarle así si tuviéramos una niña. Mientras salga linda como ella, no importa cómo se llame. Diana, suena precioso. A reina.

Y continuó su camino a la cafetería de la esquina, mientras planificaba la boda, las modificaciones que haría en su casa y hasta el nombre del segundo hijo. Mientras tanto, Diana esperaba impaciente a que terminaran de atenderla, para llegar a la casa a contarle a su madre la increíble experiencia que había vivido esa mañana.


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