• Alfonso Estudillo
    La Voz de Arena y Cal

    Drogas. Un monstruo que sigue

    por Alfonso Estudillo


Dudo mucho que empuñar la pluma -o el teclado- para hablar de un tema tan antiguo y architrillado como las drogas pueda aportar nada nuevo. Sin embargo, a la vista de los muchos accidentes de tráfico con positivo en alcohol y drogas, conductas agresivas en jóvenes y menos jóvenes -con más de lo mismo- y, sobre todo, las continuadas e inacabables noticias sobre las incautaciones de alijos de substancias alucinógenas, opiáceas y derivados en todos los tipos habidos y por haber -que nos certifica que su demanda y consumo sigue siendo abundantísimo-, me mueven a pergeñar siquiera unos trazos sobre tan malsano y perjudicial asunto con la esperanza de que sirva de recordatorio a quienes consiguieron eludirlas y de advertencia para aquellos otros que, por la falta de edad, la merodean sin una clara conciencia del enorme peligro que suponen.

Como las drogas que podemos encontrar en el mercado -tanto legal como ilegal- son innumerables, y muchas de ellas adquiribles en farmacias (generalmente, con receta), para no convertir este artículo en un tratado descriptivo de tipos, sustancias y consideraciones legales, vamos a reducirlas a los dos tipos esenciales que las describe y diferencia: la droga dura -que es la que causa adicción y dependencia, tanto física como psíquica y serios daños a la salud- y la droga blanda -algo menos insalubres, poco adictivas y dependencia a nivel solo físico o solo psíquico.

Las drogas duras, las ilícitas y peligrosas -y, por tanto perseguidas en su mayoría- son sustancias que provocan estados alterados de conciencia que afectan a la percepción y varían la noción de la propia identidad. Sus efectos suelen ser muy variables, dependiendo tanto de la dosis como de las expectativas del sujeto y el ambiente que le rodea durante la experiencia. Entre las drogas más conocidas tenemos la cocaína, la morfina, la heroína, etc., pero, aunque se discrepa su lógica, también las anfetaminas o el alcohol son comúnmente descritas como drogas duras.

Las drogas blandas son los derivados del cannabis, como la marihuana, el hachís, etc., o la cafeína. Por lo general el término también se aplica al tabaco -incluso al alcohol- u otras sustancias cuyo consumo no conlleva patrones de comportamiento social desadaptativos.

En cualquier caso, pienso que los actuales criterios para prohibir las drogas no están correlacionados con su potencial de daño. Algunos científicos, y para determinadas sustancias -a las que consideran de buenos efectos terapéuticos-, los consideran arbitrarios.

Mi experiencia personal en el campo de la droga es mínima, totalmente nula como usuario o consumidor de alguna de las que denominamos droga duras. No obstante, después de tratar a amigos y conocidos consumidores y totalmente adictos -muchos de ellos ya idos de este mundo-, y requerirles información y ver con mis propios ojos las consecuencias y evolución de tan insalubres hábitos, de las drogas, tanto de la cocaína, morfina, heroína, anfetaminas, etc., solo puedo decirles que las miren como al más dañino y peligroso de los animales, que las consideren, respeten y teman como al ser o cosa más destructivo que se les pueda cruzar en la vida. Y que es mentira lo de la fuerza de voluntad, lo del, tesón, tenacidad, perseverancia, empeño, obstinación, constancia... Lo de "yo me quito cuando quiera" no sirve. La salida, la única salida, casi siempre, suele ser una negra caja de pino...Reflexiónenlo y háganme caso.

Respecto a las otras drogas, las algo más benignas como el alcohol y el tabaco (de las que no me atrevo a decir "blandas" porque todo depende de las dosis, de la habitualidad y del estado de salud físico y psíquico de cada individuo), podemos admitirlas con unos condicionamientos: que nuestra salud nos las permitan sin ningún tipo de reacciones adversas, que jamás interfieran con un perfecto control y conocimiento de la situación y en cantidades que no supongan nunca un exceso de acuerdo a nuestras particularidades y circunstancias. Si se consumen dentro de un orden, como no suelen crear hábito ni dependencia (aunque en el tabaco sí es muy posible que se dé una alta adicción con dificultades para resolverlo), su uso y consumo no debería crear ningún otro problema que no sea el de restarle fondos a nuestros bolsillos.

No quiero terminar estas letras sin ponerles un ejemplo de individuo adicto y totalmente dependiente de las drogas. Podría citarles muchos cientos, o miles, de personajes famosos, ricos, con poder y harto conocidos, pero vamos a limitarlo a un solo ejemplo. Se trata de Adolf Hitler.

Hitler, el jefe supremo del Tercer Reich de la Alemania nazi, era un completo y superlativo adicto a todo tipo de drogas. Comenzó tomando vitaminas y glucosa, para pasar en breve tiempo a inyectarse hormonas, esteroides y barbitúricos. No tardaría en pasar a la morfina, cocaína y las anfetaminas. Pero todo ello se le quedaba insuficiente tras breve plazo, por lo que, ya asistido por su médico personal, el doctor Theodore Morell, comenzó a inyectarse Eukodal, analgésico opioide semi sintético derivado de la heroína, pero que producía un efecto de euforia mucho más potente. Le seguiría el Pervitín, una metanfetamina que, entre otros efectos, generaba euforia, aliviaba la fatiga y mejoraba el rendimiento extraordinariamente (este pseudo fármaco, desarrollado y fabricado en Alemania, era distribuido gratis a toda las tropas del Tercer Reich como un potentísimo estimulante para las durísimas luchas que habían de afrontar). En los últimos años, y hasta su retirada al búnker donde se suicidaría el 30 de abril de 1945, Hitler necesitaba que su médico le inyectara todas las mañanas un coctel de drogas solo para poder levantarse. Pero no lo necesitaría mucho tiempo. Allí en Berlín, tras los sólidos muros del búnker de la Cancillería, una simple bala lo rescató para siempre de todas las locura y tragedias de su tortuosa vida.

Toda esta historia de drogas y locuras la pueden leer en el libro Der Totale Rausch (El Gran Delirio), de Norman Ohler, un extraordinario éxito de ventas en Alemania traducido a 18 idiomas.

Y, para terminar, y por si les quedan alguna duda respecto al mal bicho que son la drogas, permítanme que les repita lo ya dicho más arriba: "No tiene salida..." Reflexionen y háganme caso.


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