• Peregrina Flor
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    El mundo animal para El Bosco (8)

    por Peregrina Flor


Parte VIII: El mundo animal para El Bosco

Todos estos deseos locos (lujuria, pereza, gula, avaricia...) volvieron loco de remate al Bosco, que los representó sin cansarse y a sus anchas.

Es su herencia, compartámosla con la mente abierta y con talento. Es su divina enseñanza y su autorretrato. Me hace pensar que era un hombre vicioso, pero no puedo asegurarlo. No le conocí. Me hace reflexionar sobre el ser humano. Me hace preguntarme, ¿qué vicios tendría ese ser feo, pero genial pintor?

Puede que todos, puede que tres o cuatro, puede que dos, pero fijo que alguno sí que sí.

Bosco, en tu bosque te dejo, pintando amables mujeres, hombres dispuestos, frutas para comer y otros manjares, animales preciosos corriendo sin saber a dónde dirigirse.

Bosco, en soledad te dejo porque tengo hambre también y la empanada me espera, con su queso y su cebolla.

Bosco te dijo “hasta luego”, porque voy a seguir disfrutando de tus creaciones marginales pero no marginadas por la historia ni por mí.

Bosco, eres brillante y brillaste, exististe y lo demostraste, sentiste y por eso pintaste como pintaste.

Eres humano, eres de lata, eres un hombre que ha dado la cara y no se ocultó tras las sillas ni los muebles ni las casas. Por eso hoy hablo de ti, por boca de otros que ni lo saben ni me culparán, muchos muertos ya, pero sé que todos me darían permiso. Y hablo por boca mía también. Pero no puedo concluir sin decir que pienso que El Bosco pensaba que los animales eran amigos terapéuticos. Así como pienso yo:

...Si los animales hablaran, nos dirían que nos quieren, que desean ser queridos y dar mucho amor. Que no los abandonemos porque ellos jamás nos dejarían a la intemperie ni a la sombra de una muerte cruel. Por ello y por dignidad, estamos contra la Zooamafia, a la que España tan encarecidamente se presta en sus protectoras y perreras, enviando sus tesoros a los que casi nadie aprecia debidamente, a laboratorios de Holanda y Alemania. Véanse artículos e informes de Internet sobre Zoomafia.

La tauromaquia es un bestial crimen contra el que ni siquiera hay castigo a medida y por encima, es llamado arte y se les paga bien a los asesinos toreros, que incluso se codean con las más altas esferas sociales, y no es de extrañar, cuánto más tienes parece que menos valor humano posees, que menos vales ante los ojos de Dios. Pobre de ti.

Convivir con gatos o perros, es mejor que con personas, más sencillo y rentable emocionalmente, más enriquecedor, mucho mejor. Yo lo he probado y soy testigo de esta hermosa realidad. La convivencia se hace hermosa, se relajan tus nervios, se levantan tus ánimos y eres capaz de luchar contra cualquier tormenta o tsunami. No habrá rayo que te parta en dos ni en tres ni en cuatro ni en seis. Ni siquiera en miles y miles de pedazos. Grandes amigos, verdaderos y hermosos, complacientes y relajantes. Gran virtud posee el que conoce esta realidad, por ello, los animalitos se merecen nuestros cuidados, nuestro gran respeto y buen amor.

Mi primera mascota estaba esperando en casa por mí cuando nací. Mi padre entró con una bebé en brazos y nuestro Bombay, un gato negro precioso se le acercó y le subió con sus patas por las piernas, estirando a todo dar su cuerpo y como queriendo verme la cara. Así me lo contó mi padre. Quería verme a mí, a su hermanita pequeña que acababa de nacer a los siete meses y por cesárea.

Bombay murió con doce años, tenía yo tres y hoy, apenas lo recuerdo. Mi madre me contó que dormía en los pies de mi cuna de color marrón y que era de mucha confianza, a su lado, no lloraba, creo que me atraían sus bigotes largos, como me relató mi tía aquel día en que nos sentamos a recordar las cosas buenas de la vida. Las que nos hicieron grandes y dichosas, felices y enriquecidas de gozo y paz.

Michie vino poco después, lo encontrara mi madrina Maruja en los pasillos de un edificio de la Avenida Libertador de Caracas, y lo transportó a nuestro piso para darle de comer y recuperarle un poco la salud. Era un gato blanco con pequeñas manchas negras y de color beige claro en la punta del rabo y tendría unos siete años. Lamentablemente, tan solo vivió diez, pero de Michie sí que me acuerdo, era un muy buen travieso y se escondía detrás de las cortinas rojas y gruesas de las ventanas y sacaba por debajo de ellas sus espesas patas dispuestas a todo, a ganar a quiénes le jugaran por debajo o le echaran la mano al espeso y robusto lomo de color blanco polar. Michie me robaba las barbies y siempre que yo comía, también quería comer él. Por eso comíamos juntos.

No fue sino hasta los dieciséis años que volvimos a tener otro precioso minino. Pero esta vez se trataba de Minio Gregorio Pedro Manuel, nada más ni nada menos, el gato de mi adolescencia, que estudió conmigo en el colegio y la UCM, al que debo mis buenas notas, sobresalientes, notables y matrículas de honor.

Él se ponía frente a mí en la mesa de escritorio cuándo estaba estudiando cualquier materia. Le encantaba revolcarse en el periódico que siempre dejaba mi madre en la vieja silla de la terraza, y escuchaba atentamente mis explicaciones, mis resúmenes de las lecciones. También me pedía tiernas caricias, con las que podía descansar al fin, de la pesada tarea de estudiar.

Siempre dije que Minio sería periodista, pues sentía fascinación por el papel las plumas y los lápices. Cuando me gradué en Ciencias de la Información, para mí, también se graduó él. Minio duró trece años, veinte días y siete horas y murió un domingo 7 de marzo de 1989. Fue un trago amargo que me costó superar con creces. La madrugada de su muerte, cual fenómeno paranormal, la casa se iluminó toda con una luz sobrenatural. Supongo que es una señal de que Minio se fue al cielo y no repetiría vida, no se reencarnaría nuevamente. Sus acciones, familiaridad y amor le salvaran y más siendo gato. Y es que los gatos son mejores que las personas. Créanme. Por eso mi obra es para ellos, que no se la quite nadie.

En la obra de El Bosco, los animales tienen un papel muy importante. Acompañan al hombre frente a viento y marea. Son su norte, su trasporte y unos seres en los que se recrean a sus anchas. Para El Bosco el mundo animal cabe en el arte con todas sus fuerzas volcánicas.

Por eso también le he seleccionado para hablar de él y por eso disfruto con su arte. Por eso me rodeo de animales en mi vida real, igual que él hizo con los personajes de sus obras.

Por ello, te invito a contemplarle.

Ahora que acabé, me voy a dormir. Buenas noches

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