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Si Vd. ya se ha mentalizado de que la única forma de curar su enfermedad es cuidar su alimentación, y quiere
comenzar a curarse, debiera seguir a rajatabla todo cuanto se aconseja en el Régimen Ancestral y recomendamos en nuestros artículos, pero, si aún no
ha podido enterarse a fondo de todo lo recomendado, y quiere comenzar ya mismo de una manera efectiva, aquí le exponemos en una opción más resumida todo cuanto es indispensable que lleve a cabo en
su dieta y cómo se desarrollará el proceso.
Comenzaremos por los cuatro puntos más importantes y que son fundamentales para obtener una rápida mejoría.
Luego, seguiremos con los que, a pesar de tener una importancia menor, también son necesarios para la definitiva erradicación de las principales causas que han provocado o favorecido la aparición
de nuestra enfermedad.
ACEITES Y GRASAS
1º. Fundamentalísimo, más importante que todos los demás puntos, es el de los aceites o grasas usados en
nuestra cocina. El mejor aceite que podemos utilizar, tanto para la fritura como para aderezar los guisos o su consumo en crudo, es, con diferencia, el Aceite de Oliva Virgen EXTRA. Resalto
lo de "extra" porque es el único obtenido de la forma llamada "primera presión en frío", o lo que es lo mismo, no refinado, y, por tanto, no sometido al calor ni a los diversos procesos químicos
con que son obtenidos todos los aceites denominados "refinados". Puede ser más caro, o más difícil de conseguir en algunos países o regiones, pero merece la pena conseguirlo e incorporarlo a
nuestra dieta. Y, ¡atención!: si bien en los guisos o en crudo no hay el menor problema en su consumo, si lo utilizamos para freir pescados, patatas, carnes, etc., debemos tener un cuidado total y
absoluto de que no alcance temperaturas muy altas (más de 200 º). Si lo usamos varias veces para freir, no debemos usarlo más allá de cuatro o cinco veces. Y, por supuesto, si se nos pasa de
temperatura y humea (quemado), tirarlo sin contemplaciones, pues se habrá convertido en un potente tóxico que dañará nuestro organismo. Las grasas de cocinar las rechazamos de pleno. Todas, pues,
sean animales o vegetales, han pasado por procesos físico-químicos para su elaboración que las aparta de los alimentos saludables. Respecto a los demás aceites, tanto de oliva como de semillas
(soja, colza, girasol, cártamo, maíz, palma, etc.), siempre que en su etiqueta conste lo de "refinado", deberían ser descartados de nuestra dieta.
LECHE Y PRODUCTOS LÁCTEOS
2º. En orden de importancia le sigue descartar la leche y todos los productos lácteos. Está demostrado
por numerosísimos estudios científicos que la leche es nociva para una amplia mayoría de la población humana. Y para esa mínima parte para los que, aparentemente, no es nociva, de ninguna forma le
proporciona las muchas virtudes con que siempre nos la han vendido en sus campañas de publicidad, pues ni su calcio ni sus proteínas ni su carbohidrato (la lactosa) son aprovechables por el
organismo humano en la misma medida que lo son los de otras fuentes como la carne, pescados, vegetales, frutas, etc.
CEREALES
3º. Descartar todos los cereales y en todas sus formas, pan, pastas, galletas, dulces, etc.
Principalmente, deben ser descartados el trigo y el maíz, debido a la estructura de sus proteínas y al hecho de que siempre se consumen cocinados (generalmente, a muy altas temperaturas), aunque
también debemos apartar de nuestra dieta otros cereales, tales como la avena, la cebada, el centeno, el sorgo, etc., en todas sus formas y presentaciones. Las únicas excepciones son el arroz y el
alforfón o trigo sarraceno, cereales que han conservado su forma salvaje prehistórica y que han demostrado en numerosas experiencias clínicas que son bien tolerados por nuestro organismo. Como
alternativa, busque productos (o hágalos en su propia casa) elaborados con harina de arroz, garbanzos, castañas, etc.
COCCIÓN DE LOS ALIMENTOS
4º. Y, aunque este punto lo hemos dejado para el cuarto, en realidad es tan importante como el primero y
los otros dos juntos, o sea, que debemos darle una importancia fundamental si queremos disponer de una buena salud. Y este punto no es otro que las formas y temperaturas con que cocinamos nuestros
alimentos. La primera norma a tener en cuenta es que "deberíamos comer todo crudo", incluido las carnes y pescados. Pero, como nuestras costumbres puede impedirnos regresar a esta forma de
alimentación -que es la que ha seguido el hombre desde la aparición de los primeros homínidos hace algunos millones de años-, debemos procurar darle a nuestro cuerpo una alimentación lo más
parecida posible a la que siempre tuvo, es decir, lo más cruda posible. Huyamos de los guisos con mucho tiempo al fuego y cambiémoslos por carnes, pescados y hortalizas hechos en un salteado de
unos pocos minutos y temperatura no muy alta. Las legumbres como las alubias, garbanzos y lentejas -que es bueno comerlas de vez en cuando-, las elegimos de primerísima calidad, las tenemos 12
horas en remojo y las cocemos (con sus demás ingredientes) en olla normal y fuego moderado durante un máximo de 1 hora. Otras leguminosas, como los guisantes y las habas, y la mayoría de las
hortalizas, podemos consumirlas cocidas al vapor, salteadas o con una cocción de unos pocos minutos en olla normal (las patatas están en su punto en apenas 15 minutos).
CONOCER QUÉ COMEMOS
Naturalmente, debemos ampliar estos cuatro puntos con las demás recomendaciones que el Dr. Seignalet hace en su
Régimen -y que comentamos en la sección Los Alimentos a examen-, pero, entendiendo que los fundamentales son éstos, vamos a comenzar nuestra nueva
dieta aplicando estos cuatro puntos. Eso sí, no olvide comer también bastante frutas frescas -del tiempo- cada día. También podría ser recomendable la toma de algunos fermentos lácticos,
probióticos, y algún complejo de vitaminas y minerales (lea Además del Régimen). Si sigue fiel y meticulosamente estas recomendaciones su
cuerpo comenzará a desintoxicarse, sus células irán perdiendo el ensuciamiento a que se vieron sometidas durante años de mala alimentación y su organismo irá volviendo a la normalidad perdida. En
unas pocas semanas (dependiendo de los años padeciendo la enfermedad y la severidad de la misma) los dolores y síntomas irán perdiendo intensidad hasta su desaparición completa.
Durante este tiempo de pre-remisión es aconsejable ir dejando la medicación que se esté tomando de forma
gradual, sobre todo los antiinflamatorios (AINEs), Metotrexato, inmunosupresores (TNF), etc. Lo que es muy posible que no se pueda dejar son los corticoides, pues, si se han estado tomado durante
mucho tiempo la producción endógena de hidrocortisona estará bloqueada. Esta hormona, la hidrocortisona, la produce la corteza suprarrenal y es indispensable para diversas funciones del
metabolismo. La ingesta diaria de los corticoides reduce o inhibe totalmente su producción y produce lo que se llama insuficiencia corticoadrenal secundaria. Y esta insuficiencia, aunque quizás
con mayor tiempo pueda ser recuperable (los expertos no se ponen de acuerdo) hace indispensable la continuidad -rebajándolos poco a poco- en la toma de corticoides.
Siga todo lo dicho y comience a curarse.
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