LA WEB de la ARTRITIS REUMATOIDE
  • Alfonso Estudillo

    ÚLTIMAS EXPERIENCIAS

    Balance de un año

    por Alfonso Estudillo

Enero, 2008

Alfonso Estudillo, 2006Nada menos que todo un año ya sin crisis de ningún tipo. Tan increíble como maravilloso, ¿verdad? Y todo se debe a unas sencillas normas a seguir en la alimentación diaria.

Quizás para muchos esto de estar un año sin crisis dolorosas no signifique nada -porque algunos pacientes de esta enfermedad, la Artritis Reumatoide, la sufre en medida más moderada y menos intensa en sus manifestaciones dolorosas-, pero para quien ha sufrido durante muchos años (más de 12) continuadas crisis, en tobillos, pies, rodillas o caderas, que te dejaban cojo y necesitado de muletas o bastones para poder andar siquiera en casa, o en las manos, muñecas, codos y hombros, que te dejaban imposibilitado para hacer las necesidades más elementales, ver como transcurre el tiempo, día tras día, mes tras mes, sin que el dolor se presente para amargarte la vida, significa algo extraordinario, una especie de milagro que te ayuda a recomponer los sueños y las esperanzas.

Ciertamente, la enfermedad no ha desaparecido. Soy perfectamente consciente de que no se trata de que esté curado. Sin embargo, la diferencia entre el último año y los doce anteriores es tan abismal que no tengo más remedio que creer en que en mi vida ha ocurrido un milagro.

¿Y a qué se debe ese milagro? ¿Ha intercedido algún santo, alguna mano piadosa o creencia inquebrantable en la divinidad para que, como a aquellos ciegos, cojos o leprosos a los que Cristo decía "Vete, tu fe te ha salvado", todos esos insoportables e invalidantes dolores hayan desaparecido?

No. No voy a negar que es necesario tener fe en la curación, hacerse a la firme idea y convicción de que a esta maldita enfermedad se la puede vencer, incluso, si me apuran, tampoco quiero negar que cada uno de nosotros tenemos un ángel de la guarda que está siempre a nuestro lado y le detiene la mano a la muerte en las muchas ocasiones en que nuestra inconsciencia nos precipita en los abismos del peligro -y que puede que su sabia mano nos conduzca a ese otro camino que antes no conocíamos-, sin embargo, es obligado y necesario decir que quien ha hecho este milagro no es otra cosa que la alimentación.


LOS CAMBIOS ALIMENTARIOS

Aunque lo correcto -y posiblemente indispensable para algunos otros- sería seguir al pie de la letra todos los consejos que en su Régimen Ancestral nos da el profesor Seignalet -y que tantas veces he repetido-, por mis costumbres alimentarias de siempre no he podido -ni querido- aplicarlo tal como nos aconseja el sabio profesor. Sin embargo, sí lo he seguido en buena parte. Por ello, a continuación describo algunos aspectos que considero fundamentales para obtener las mejorías que refiero al principio.

Uno de los aspectos o normas imprescindibles es la menor aplicación de calor a los alimentos. Mis comidas han pasado de estar compuestas de cocidos como los callos, potajes, pucheros, etc., con dos o más horas de cocción (los callos, seis), y comerlos con una frecuencia de casi a diario, a eliminarlos casi por completo de la dieta. Actualmente sólo hago algún potaje (recuerden que yo soy el que cocina en casa) -como las alubias con chorizo, berzas o potaje de garbanzos- en dos o tres ocasiones al mes. Los callos y los pucheros (aunque tengo previsto hacerlos para ver sus posibles efectos adversos cualquier día de estos), no los he hecho ni probado en todo este año. Tampoco me privo de guisos de pescado -como mero, corvina o chocos con patatas- que sólo necesitan unos quince o veinte minutos de cocción, o carnes guisadas -con guisantes o patatas, etc.-, que se hacen también en más o menos el mismo tiempo. Una buena opción para las carnes y pescados, así como también las verduras variadas o menestras -mejor que guisados y con menos tiempo al fuego-, es hacerlos salteados. Les bastan unos pocos minutos de fuego para estar buenos. Particularmente, lo prefiero y los hago así con bastante frecuencia. Naturalmente, tampoco me privo del arroz con gambas, con almejas, con chocos o con carnes de maneras diversas.

Respecto a los asados, o las carnes, pescados y mariscos a la plancha, tengo que reconocer que antes no me preocupaba si se llevaban el tiempo que fuera al fuego. A raíz de conocer los efectos del calor sobre los alimentos (la reacción de Maillard y otros, que explico en "La cocción de los alimentos", aunque los limito y los como con menor frecuencia, no me privo de ellos en absoluto. Eso sí, con muy poco tiempo al fuego, lo que llamamos "vuelta y vuelta". Teniendo este cuidado están exquisitos y, creo, se pueden comer en la casi total seguridad de que sus posibles efectos adversos quedan disminuidos en una proporción directa a ese menor tiempo/temperatura con que los cocinemos (recordemos que el profesor Seignalet aconseja comer carnes y pescados, a ser posible, crudos).

Los fritos es un tema que merece un capítulo aparte (de hecho lo tiene en "La cocción de los alimentos"), pues considero de suma importancia, si no privarse de ellos por completo, sí comerlos con menos frecuencia y observar con total rigidez las normas para su cocinado. Los aceites a emplear pueden ser el de Oliva Virgen Extra (el mejor sin duda), pero también puede emplearse el de girasol, eso sí, teniendo un superior cuidado en que la temperatura sea sólo la necesaria para la fritura del pescado o las patatas. Mejor con un simple doradito. Importantísimo es no usar el aceite una vez y otra. Como máximo debe usarse el mismo aceite unas seis veces, pues el efecto del tiempo/calor lo va degradando y terminaría, no sólo por perder sus cualidades como alimento, sino convertido en un potente agente tóxico. Todo lo referido lo vengo haciendo en casa con los óptimos resultados que cuento.

Naturalmente, dejé la leche y los productos lácteos por completo. Si acaso me permito un trozo pequeño de queso manchego (apenas 30 gramos) algunas noches como complemento a mi cena que, casi siempre, suele estar compuesta de unas lonchas de jamón, embutidos diversos, como el salchichón o el fuet y el lomo en caña. También, algunas noches, forma parte de la cena alguna latita de sardinas o caballa en conserva, o bien de pulpo al ajillo o de bonito del norte (quizás las conservas no son del todo recomendables, pero no parece advertirse efectos negativos así de vez en cuando). Y como postre, siempre frutas naturales, las del tiempo: manzanas, peras, plátanos, naranjas, uvas, chirimoyas, etc. Nada de pasteles, dulces ni bollería de ningún tipo. La excepción: algún bombón, un trozo de chocolate, un poco de sidra (cabello de ángel) o algún amarguillo o alfajor de Medina (que son exquisitos), pero sólo de vez en cuando. El pan, a pesar de que está elaborado con un cereal totalmente prohibido -como es el trigo-, no he podido dejarlo, si bien, lo he limitado a la menor cantidad posible. Sólo un trozo en cada comida, y que podemos calcular en la tercera parte de lo que ingería antes. Los huevos, uno a la semana, cuajado sobre una menestra de verduras salteadas. Y poco más. Por supuesto, nada de comidas muy elaboradas. Cuanto más simple, más sana. Y menos aún comer fuera de casa, en restaurantes o bares de tapas. Esto no quiere decir que haya que privarse por completo de comer en estos establecimientos, en los que me consta que hay algunos que se esmeran en ofrecer los platos más exquisitos con alimentos naturales y sanos, pero son los menos. Hay que tener mucho ojo y, por supuesto, si ha de comer fuera de casa, elegir lo más simple, sano y menos elaborado.


MEDICAMENTOS

Sigo tomando exclusivamente corticoides, entre 10 y 15 mg. diarios, pues, como ya referí en el "balance" de los seis meses, después de trece años tomándolos es lógico que mi producción endógena de hidrocortisona esté bloqueada. Esta hormona la produce la corteza suprarrenal y es indispensable para diversas funciones del metabolismo. La ingesta diaria de corticoides reduce o inhibe totalmente su producción y produce lo que se llama insuficiencia corticoadrenal secundaria. Y esta insuficiencia, aunque quizás con mayor tiempo pueda ser recuperable (no lo sé seguro, pero sigo probando) hace indispensable la continuidad en la toma de corticoides. En realidad, dejarlos totalmente es lo único que me falta para poder decir con total propiedad que estoy curado. Les mantendré al corriente en estas mismas páginas de todo cuanto vaya consiguiendo con mis experimentos.

No dejen de leer todo lo publicado hasta ahora sobre la Artritis Reumatoide ni de escribirme contándome sus experiencias personales o problemas por padecer la enfermedad. Será una satisfacción poder ayudarles a que eliminen de su vida esta maldita enfermedad.





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