LA WEB de la ARTRITIS REUMATOIDE
  • Alfonso Estudillo

    ÚLTIMAS EXPERIENCIAS

    CUATRO AÑOS SIN ARTRITIS

    por Alfonso Estudillo

Enero, 2011

Alfonso Estudillo, Enero 2010Acabando diciembre de 2010 se cumplen cuatro años desde que notara que la Artritis Reumatoide ya no eran las llamas de aquel infierno en vida que sufriera desde 1994 hasta el 2000, ni el purgatorio que aún continuó martirizando mis humanas y pecadoras carnes desde el 2000 hasta 2006. Una terrible y dura penitencia que, posiblemente, merecería por confiado, por no haberme preocupado de abrir los ojos a esos otros mundos que están en este y por haber vivido en el gran pecado del desconocimiento. Pero, en los comienzos de 2007 cambió todo. Radicalmente... Había cumplido mi condena. Había sido redimido de mi procaz e insolente pecado.

Aún recuerdo cuando, allá en el año 2000, a punto de acabar el pasado siglo, y a punto, también, de tirar la toalla y acabar para siempre con aquella no-vida de continuados sufrimientos, una voz interior me gritó: ¡Lucha y véncela! ¡Tú puedes y debes hacerlo...! Y recuerdo que mis ojos buscaron más que nunca entre las letras de aquello que había amado tanto desde niño sin que nunca diera respuesta a mis preguntas, entre los vericuetos de aquella Ciencia a la que tanto admiraba y cuya palabra fue siempre para mí la única verdad. Y cabalgué a lomos de la desesperación por todos los rincones de la gran cueva de la Ciencia. Y encontré una esperanza. Allí, escondido tras oscuras cortinas, oculto tras una puerta olvidada de todos, había un camino al fondo del cual brillaba una luz. 

Desoyendo la voz de mis amigos, practicantes y fieles seguidores de la Doctrina -a los que no por ello dejaba de querer y admirar-, abrí la puerta y me adentré decidido por entre las escarpas y declives del desconocido sendero. Tenía una enorme fe en que aquel oscuro camino que comenzaba tras la puerta olvidada podía esconder las respuestas a tantas interrogantes que nadie sabía responder.

Y allí estaban. Allí, desparramadas por entre los bordes del camino, perviviendo en la oscuridad y semi ocultas por jirones de olvido, estaban las palabras que nunca encontré en los textos sagrados de mi doctrina ni formaron parte de los siempre voluntariosos consejos de mis amigos y preceptores. Las fui recogiendo una por una, limpiándolas con afán y poniéndolas sobre las blancas hojas que nunca fueron escritas en los índices de mi libro. Estaban vivas. Vivían y trasmitían vida cuando las acercaba a los despojos de mis carnes doloridas. Mis huesos dejaron de quejarse, mis carnes acallaron los lamentos y mi piel fue recobrando el color de la alegría. Mi cuerpo volvía a ser de nuevo mío, a ser libre y caminar la senda de la vida sin aquellas lacerantes cadenas del dolor que lo atenazaron durante tantos años.

Fue el comienzo de una nueva vida en la que sigo y habré de seguir. Aún no he llegado al final de este camino. Pero estoy seguro de que cuando llegue, en aquella luz del fondo, formando parte del gran índice de la Ciencia, encontraré unas grandes y nítidas letras donde se leerá: 

ENFERMEDADES AUTOINMUNES SISTÉMICAS Y REUMATOLÓGICAS.
ETIOLOGÍA. PATOGÉNESIS.
LA ALIMENTACIÓN COMO FACTOR DESENCADENANTE.
SU USO COMO MÉTODO PARA LA REMISIÓN. 

Disculpen que les haya soltado la perorata en clave literaria, pero, es tanta la diferencia entre aquel hombre de hace unos años a éste que les escribe ahora, que no puedo impedir que mi espíritu sonría burlón de vez en cuando ante la enfermedad vencida y se tome estas licencias. Son unas pinceladas de alegría que emanan -con mucha razón- de allí donde antes sólo hubo dolor.

Cuatro años ya... Y cambio la metáfora por la objetividad, los eufóricos tropos -casi solecismos- por la mesurada sintaxis de la concisión, las imágenes literarias por el verbo claro del lenguaje divulgativo, ...para bien poco, tan solo para decirles que esto sigue funcionando, que, aparte de las manifestaciones ocurridas durante las pruebas que ya les conté -efectuadas en agosto de 2009 con la leche, y durante el verano de 2010 con el pan-, ni crisis ni dolores han vuelto a aparecer. Así que eso es todo lo que habría que contar. La alimentación, como se recoge en el Régimen Ancestral, sigue siendo la única y definitiva medicina para nuestras enfermedades. Así que aprovecho para expresar mi reconocimiento y gratitud a aquellos precursores, Menetrier, Kousmine, Burger, Fradin... y, muy principalmente, al admirado profesor galo Jean Seignalet, por su impagable trabajo.

Tendré que contarles, eso sí (como parte de una nueva prueba sobre el Régimen) las consecuencias de no seguir fielmente todas las indicaciones y, aún llevándolas, la cantidad de factores, muchos de ellos ineludibles, que inciden cada día en los que somos o hemos sido pacientes de enfermedades reumáticas o autoinmunes para, aunque sea mínimamente, no dejarnos vivir en un estado de salud total. Será en un artículo que publicaré en enero o febrero.




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