LA WEB de la ARTRITIS REUMATOIDE
  • Alfonso Estudillo

    ÚLTIMAS EXPERIENCIAS

    SEIS AÑOS SIN ARTRITIS

    por Alfonso Estudillo

Enero-Febrero 2013

AEC 2012Acabando diciembre de 2012 se cumplen seis años desde que considerara remitida mi Artritis Reumatoide y, aunque a lo largo del año he hecho pruebas que me han supuesto crisis y manifestaciones diversas, tengo que reconocer que la remisión continúa. Considero lógico, pues, dedicar este resumen anual a analizar y explicar, siquiera someramente, cómo se ha desarrollado todo.

La primera de las pruebas, pensando en la problemática que contaban muchos lectores por ciertos excesos en las fiestas de Navidad y fin de año -todos ellos relacionados con los dulces y chucherías que se suelen comer-, fue con el azúcar refinado -principal causante del problema-. Así, pues, en los últimos diez días del mes de diciembre de 2011 estuve comiendo tras la cena un alfajor y algunas figuritas de mazapán (casi todo azúcar). El resultado no se hizo esperar y antes de la fiesta de Reyes ya notaba dolor en manos, muñecas y ambos pies. Podemos decir que no muy fuertes y, además, sólo funcionales, pero fastidiosos y que limitaban a la hora de hacer cualquier cosa.

Antes de seguir les quiero aclarar un concepto para que vean cómo pueden afectarnos alimentos que compramos como de buena calidad y que no lo son tanto. Me refiero a los alfajores. Éstos exquisitos dulces -aclaro que los andaluces, concretamente los de Medina Sidonia- de acuerdo a su fórmula de siempre, deben estar hechos de almendras molidas y miel -aceptados por el Régimen- (aunque pueden llevar algunas avellanas, un poco de pan rayado o harina y algo de especias). Pues, puedo asegurar que estos que comí este año (los compré sabiendo que eran simple imitación de los auténticos de Medina), en lugar de miel llevaban azúcar blanquilla. Y en una proporción que, al igual que las figuritas de mazapán, podemos estimar en más de la mitad de su peso.

Al llegar Reyes dejé de comerlos esperando que las inflamaciones remitirían en una o dos semanas. Pues, no. Las inflamaciones, aunque disminuyendo luego progresivamente, se mantuvieron durante varios meses. Además, me obligaron a tomar corticoides durante las primeras semanas.

Tengo que añadir que, tras considerar que la crisis había remitido, y a pesar de continuar el Régimen de la forma habitual, he seguido observando manifestaciones que, sin razón aparente, se han ido repitiendo a lo largo de todo el año 2012 (y aún continúan). Algunas, además de raras, no han sido tan leves, como, por ejemplo, una severa inflamación de ambos dedos índices (interfalángicas proximales) que se mantuvieron durante un par de meses, remitieron luego hasta una completa funcionalidad, para, por extraño que parezca, reaparecer a final de año y continuando a la fecha (aunque disminuyendo). Otra "rareza" fue una "caída" del pie izquierdo (plantillazo al andar e imposibilidad de andar con el talón, todo sin dolor alguno). Estuve varias semanas intentando ejercitar los músculos y nervios implicados (ciático poplíteo, tibial y peroneo) sin apenas conseguir reactivar la función. Sin embargo, muy lentamente, comenzó a recuperarse y hoy funciona con total normalidad.

Desde esa excesiva ingesta de azúcar no he hecho más pruebas que implicaran crisis seguras. Tras considerarla acabada, durante todo el año he estado comiendo de acuerdo al Régimen, si bien, de la forma habitual mía, transgrediendo levemente algunas normas para conseguir mantener la AR en un estado latente próximo a manifestarse, sin dolores ni inflamaciones, pero que permite ver rápidamente (en los tres días siguientes) si el alimento a prueba tiene capacidad de producir reacciones o, por el contrario, se puede comer sin problemas. Y es por ello que me resulta extraño, toda vez que estas inesperadas crisis parecen apartarse de los razonamientos científicos que nos aportara Seignalet y los conocidos mecanismos por los que opera el Régimen.

Reflexionando sobre el tema, sólo se me ocurre una hipótesis:

· Cuando un paciente afectado por AR -u otras patologías autoinmunes- comienza el Régimen, casi de inmediato comienza a notar una mejoría que suele convertirse en extraordinaria remisión en un plazo de más o menos tiempo. Continuando el Régimen correctamente, esta remisión se mantiene sin el menor problema durante años (puedo dar fe por mi magnífico estado durante los tres años que siguieron a su comienzo, y que sólo se interrumpió por las lógicas crisis sobrevenidas a causa de las pruebas que efectué los siguientes años). Pero, si volvemos a comer -durante cierto tiempo y cantidad- alimentos de los considerados tóxicos o desconocidos, parece ser que el sistema inmune -que conserva una memoria (inmunidad adaptativa o adquirida)-, alarmado y fuera de todo control ante el ataque de viejos enemigos a los que ya creía vencidos para siempre, reacciona y comienza su actividad con mayor virulencia -durante más tiempo y en fases repetitivas- con el objetivo de acabar de una vez por todas con su pesadilla. (Un mecanismo parecido, o que guarda cierta relación, con el de las vacunas, pero que, a diferencia de la respuesta normal de la inmunidad adaptativa, parece crear respuestas de autoinmunidad contra el propio organismo aun cuando los agentes causales -péptidos o macromoléculas alimentarios- y la cantidad no sean los habituales. Estas respuestas pueden ser recurrentes -por simple afinidad en los agentes causales- y, aún con pequeñas cantidades, producirse de manera exagerada.)

Esta teoría (expuesta en lenguaje divulgativo, porque explicarla con términos científicos sería  larga, compleja y, posiblemente, inentendible para muchos) parece razonable porque es lo que he advertido en cada una de las pruebas relevantes que efectué en los últimos años. Así, en la primera prueba importante, la de la leche, efectuada en el verano de 2009, en la que durante tres meses estuve tomando algo de leche y un trozo de queso a diario con la cena sin que sobrevinieran inflamaciones, cuando decidí ir a por todas y me tomé medio quilo de helado en dos días, la crisis, no sólo sobrevino de inmediato sino que necesité más de tres meses hasta que se extinguieron todas las manifestaciones. Con la del pan, comenzada en marzo de 2010 con una ingesta de pan aumentada diaria y progresivamente hasta alcanzar una cantidad entre 200 y 400 g., ocurrió otro tanto. Durante marzo y abril no noté absolutamente nada, pero, llegado mayo, comenzó la crisis con manifestaciones articulares que llegaron a ser severas (y en lugares donde nunca antes las había tenido). Terrible durante mayo y junio, y aún necesité que pasaran julio y agosto hasta verlas finalizadas. La siguiente, en 2011, por su poca importancia, ni siquiera consideré exponerla en un artículo, pues fue solamente relajarme en la alimentación diaria comiendo algunos alimentos no recomendables o excediéndome un tanto en el cocinado. Las manifestaciones, muy poco severas, se mantuvieron mientras mantuve la prueba y se extinguieron poco tiempo después de retomar el Régimen normal (la cantidad de ingesta tóxica no era suficiente). Y, la última, la del azúcar, es, sin duda, la que más ha durado tras dejar de comer el alimento causante del problema, con una crisis primera de tres meses y persistiendo hasta la actualidad con crisis o mini crisis que, por lo insólito del caso, dan lugar a estas reflexiones.

Quizás podría formularse una segunda hipótesis, que estaría relacionada con malfunciones del sistema endocrino y del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenales -por envejecimiento o trastornos patológicos-, que implicaría deficiencias hormonales, alteración de la capacidad de síntesis de proteínas, entre otros y cambios en la respuesta tisular. Pero, más que un segundo mecanismo que explicara la persistencia recurrente y mayor durabilidad de las crisis -sin causa aparente-, pienso que todas estas malfunciones o deficiencias estarían implicadas y podrían ser causas complementarías de la primera.

Para intentar atajarlas he investigado sobre los mecanismos metabólicos y probado alguna que otra fórmula. Una de ellas, pensando en un posible aumento en la permeabilidad intestinal, fue la de compensar las posibles deficiencias enzimáticas -propias y de los alimentos- mediante suplementos de enzimas digestivas y pancreáticas, al tiempo que disminuir la producción ácida con un inhibidor de la bomba de protones (Omeprazol u otro). El resultado (hasta hoy, porque aún sigo probando), no se puede considerar un éxito para inhibir las recurrencias y durabilidad de las crisis. Sin embargo, sí parece extraordinario para pacientes con diarreas frecuentes y problemas gastrointestinales.

Por el momento sigo sin encontrar una solución definitiva, pero sigo investigando, estudiando el tema y probando en mí mismo cuanto se me ocurre. Hay algunas perspectivas que pudieran tener éxito, y no sólo para esta situación especial mía (que, por lo ya explicado, sigo transgrediendo en parte el Régimen), sino, incluso, para las pequeñas y fastidiosas crisis que suelen sobrevenirle a personas que siguen el Régimen fielmente y que tienen su origen en la contaminación de todo cuanto comemos.

Puede que termine por encontrar adecuada solución, pero, de momento, la única posible parecer ser la de seguir el Régimen Ancestral con la mayor fidelidad y tratando de conseguir alimentos lo menos contaminados y más naturales que se pueda.

Y, para terminar este resumen anual, por si lo relatado pudiera dar lugar a equívocos, quiero dejar claro que sigo en un estado que es lo más parecido a una curación total de mi Artritis Reumatoide, que las pequeñas manifestaciones que les he relatado, ni de lejos tienen parecido con aquellas otras que sufrí durante doce años, y que conseguí acabar, primero con los resultados de mis estudios e investigaciones sobre los efectos de la alimentación y, posterior y definitivamente, por los aportados por el profesor Seignalet y su -en aquel tiempo más completo que el mío-  Régimen Ancestral.

Así, pues, el Régimen -bien hecho y continuado- sigue siendo la única medicina capaz de aportar una remisión clínica a todos los afectados por estas enfermedades reumáticas y autoinmunes.

Sigo aquí y les tendré informado.




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