La Web de ANABEL
  • LITERATURA

    LA CREACIÓN LITERARIA

  • Todo lo que nos rodea puede plasmarse en forma de texto, pero el resultado será distinto de acuerdo con el lector, sus inquietudes, forma de pensar, estado de ánimo, el espacio... Cualquier elemento puede desencadenar una imagen: una palabra, un perfume, un recuerdo. Todo eso arrastra vivencias recónditas, y allí está la fuente de la creación. A menudo lo que provoca esta creación es algo trivial, ya que los motivos de los escritores no son, ni tienen por qué ser, grandes temas.

    La hoja en blanco es un abismo que nos asusta, un silencio que nos invita a hablar, una esperanza en algo nuevo, el asombro de producir algo nuestro, un espejo que nos revelará nuestro propio rostro. El punto de partida es una intuición y puede provenir de un conflicto, un objeto, una pregunta, una fotografía...

    Hay que plantearse una serie de preguntas antes de ponerse a escribir:

     -¿Por qué quiero escribir?
     -¿Sobre qué quiero escribir?
     -¿Qué significa escribir?
     -¿Qué historias podemos escribir?
     -¿Para quién escribimos?

    A eso se suma el estilo peculiar de cada uno, que es la elección que el escritor lleva a cabo entre los materiales que el lenguaje le propone y que intentaremos resumir.

    I. Texto

    Los textos son diversos: en prosa, en verso, novelados, teatrales, periodísticos...

    -La Narración.

    Narrar consiste en presentar acciones, sucesos, y tiene tres cualidades básicas: brevedad, claridad y verosimilitud. En la narración intervienen también elementos fundamentales como los personajes, el ambiente y la acción.

    Decía Ortega y Gasset que «Los personajes de una narración no tienen por qué ser como los reales, basta con que sean posibles». Así, un buen narrador debe ver y mirar, conocer y sentir la realidad humana y seleccionar los rasgos más adecuados a la historia que quiere contar. En cuanto al diálogo -si lo hay-, ha de ser natural y con sentido. Por ejemplo, si es un campesino el que habla debe hacerlo como un campesino, no como un abogado, porque entonces resulta falso. También hay que preocuparse del ambiente; los personajes viven en un ambiente determinado, en una familia, en una casa, en una ciudad... que les influye, como a nosotros mismos. Y, por supuesto, estos personajes actúan; tiene que ocurrir algo para que se pueda contar y se mantenga el interés del lector. Puede empezarse por una escena sugestiva que capte la atención desde el principio, aunque el tema inicial puede ser cualquier cosa, un paisaje, el gesto de una persona, una reflexión moral... depende de lo que quiera desarrollarse.

    -La Novela. 

    La novela es también una narración, pero mucho más ambiciosa; es un relato extenso, narra hechos ficticios (que también puedan ser reales), y el autor modifica la realidad con ayuda de la imaginación, a la vez que puede reflejar sus sentimientos e inclinaciones. Para Pío Baroja «la novela es como un saco, un saco en el que cabe todo» y «no tiene principio ni fin». Los tres elementos básicos de la novela son el argumento, el estilo y los personajes; aunque no nos extenderemos en este tema, puesto que sólo pretendo dar unas pinceladas sobre los géneros y las posibilidades que tenemos ante una hoja en blanco.

    -La Poesía. 

    La poesía es esencial, porque como dice el refrán «De pintos, poeta y loco, todos tenemos un poco». Lo esencial de la poesía, aparte de lo que trasmita, es la forma, que la hace distinta a la prosa, puesto que emplea el verso. Hay distintos tipos de verso, aunque podemos empezar hablando de la rima, que es la igualdad que existe entre las sílabas finales de los versos a partir del último acento. La rima consonante es la rima donde riman vocales y consonantes y la rima asonante es la rima donde sólo riman las vocales; aunque para escribir versos no siempre es necesaria la rima, ya que hay también versos libres que basan su poética en otros elementos.

    Los versos se clasifican atendiendo a su número de sílabas: bisílabos, trisílabos, tetrasílabos... Las sílabas se cuentan atendiendo a una serie de aspectos que, en resumen, son:

     - si el verso acaba en palabra aguda se cuenta una sílaba más.
     - si el verso acaba en palabra esdrújula se cuenta una sílaba menos.
     - si el verso acaba en palabra llana se cuentan las mismas sílabas.
     - cuando una palabra acaba en vocal y la siguiente empieza también en vocal se produce una sinalefa.
     - se produce diéresis cuando se rompe un diptongo para conseguir una sílaba más, por ejemplo: «su-a-ve».

    Los versos se agrupan formando estrofas que pueden rimar en consonante, asonante y en libre. Tenemos, entre las estrofas consonantes el pareado, el terceto, el cuarteto, la lira, la octava real, el soneto...

    II. Otros aspectos

    Para construir un buen relato hay que tener en cuenta:

     - el tiempo: puedo ser pasado, presente o futuro.
     - el punto de vista: primera persona, segunda persona, tercera persona.
     - el estilo y las figuras retóricas -uso de técnicas narrativas, monólogo, tempo lento, flash-back...-.
     - la postura frente al tema: objetiva, subjetiva, racional...

    Y, para perfilar el propio estilo, hay que evitar estas prácticas algo corrientes y que, con un poco de atención, pueden desaparecer:

     - cacofonías: repetición de sonidos muy seguidos como «canción» y «atención».
     - uso del gerundio: no hay que abusar del gerundio, porque es un tiempo pasado que no trasmite acción.
     - vocabulario abstracto: mucho cuidado con las grandes palabras que, a veces, quedan vacías de sentido -verdad, libertad, destino...-. 

    Pueden emplearse, claro que sí, pero con medida. Mejor es ir a lo concreto, a lo que puede apreciarse desde cerca.
    Y, en fin, hay otros defectillos o muletillas que se pueden ir limando con revisiones del texto escrito, consultando un buen diccionario o a personas imparciales, aunque esto último no siempre es fácil de encontrar.

    III. Forma

    El lenguaje literario es distinto del coloquial, aunque éste tenga también cabida. Una obra literaria puede causar distintos sentimientos que no causa una conversación «normal». El escritor emplea el lenguaje con intención estética, esto es, con una intención artística. Ahí está la diferencia entre un texto literario y uno no literario. El literario no es transparente, juega con el lector, quiere causar extrañeza o provocar otro tipo de reacción. Por eso se impone conocer algunas figuras retóricas que son la base de la lengua poética.

    IV. Puerta abierta

    Y ahora queda la parte más agradable: la escritura. No hay que tener miedo porque dentro de todos nosotros se esconde una historia genial que pugna por salir. Abrámosle las puertas. 






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