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  • LITERATURA

    MEDIO SIGLO EN LA VIDA ESPAÑOLA
    De los años 50 a los 70

  • La década de los 60 supuso una etapa de prosperidad y optimismo a nivel europeo.

    codorniz FragaEn España fueron años de relativo bienestar social y económico. Los sucesivos gobiernos de signo tecnocrático trataron de dinamizar el desarrollo del país y, para ello, se apoyaron en el capital extranjero y en los beneficios que se obtenían por el turismo.

    En cuanto a la política, se intentó dar al régimen una imagen menos autoritaria. El gobierno formado en 1962 fue el encargado del aparente cambio. 

    Fraga Iribarne, ministro de Información, fue pieza indiscutible en la época.

    Se implantaron la Ley de Prensa de 1966, la Ley Orgánica del Estado de 1966, la Ley de libertad religiosa de 1967 y, en 1969, la proclamación del príncipe Juan Carlos como sucesor, a título de rey. 

    Franco Sin embargo, las diferencias entre los mismos miembros del sistema, puestas en envidencia con el "asunto Matesa", dieron lugar a un nuevo gobierno, constituido a finales de 1969, el "gobierno monocolor", integrado, entre otros, por Carrero Blanco y López Rodó. 

    A finales de 1973, el régimen del general Franco entró en un irremediable declive, que culminó en diciembre de 1973, con el atentado que costaría la vida a Carrero Blanco. 

    Dos años más tarde, en noviembre de 1975, moría, después de una lenta agonía, el caudillo.
     

    LOS FELICES AÑOS 60

    Los Intocables En los 60 culminan aportaciones o "inventos" fraguados a finales de los 50: el Seat 600, la televisión y el turismo. El 600 vino a sustituir al biscúter y, pronto, llenó las carreteras españolas y se convirtió en accesorio indispensable para todo español medio. La televisión también llegó, efectivamente, y, a los coros y danzas del primer programa en los estudios del paseo de La Habana, se sucedieron toda una serie de telefilms que prolongaban el "milagro americano": Perry Mason, Bonanza, Los Intocables, El Fugitivo, Los Invasores, etc. Ya no estaba de moda la autarquía, el autoabastecimiento. Ahora lo que importaba era la comunicación con el occidente europeo, atraer a todos los turistas que se pudiese para venderles la imagen de "Spain is diferent" a base de paseos en burro por la costa, sol -mucho sol-, corridas de toros, espectáculos flamencos, calamares fritos, paella y tortilla de patatas.

    Es la década del "Contamos contigo". Había que animar en alguna empresa común a los jóvenes que no habían vivido la guerra y empezaban a educarse en la libertad. No podían ser soldados, pero sí sanos deportistas o célebres campeones. "Cesta y Puntos" encarnó este ideal. La libertad, no obstante, era otra cosa. Libertad era dejarse el pelo largo, al estilo de cuatro jóvenes de Liverpool -The Beatles- que causaron estragos entre las fans cuando llegaron a España. Libertad era cortarse la falda por encima de las rodilla y volver a casa cuando había expirado ya aquello de "a las diez en punto".

    En algunos países europeos se fue mucho más lejos y se cuestionó todo un sistema de valores. En mayo del 68, se inició en las calles de París lo que ha dado en llamarse la "revolución de mayo". En la otra Europa, en Praga, casi estalló la primavera, sesgada violentamente. En ambos casos era mucho lo que se ponía en tela de juicio y hara era también de que a España llegasen los ecos de esas últimas oleadas de protesta. Los cantautores se las tuvieron que ver con la censura para poder decir lo que pensaban de la situación. Raimon, Serrat o Paco Ibáñez jugaron con aquello de que "a buen entendedor, pocas palabras bastan". En un tono menos trascendental, más frívolo, "Los Sírex" se atrevieron a cantar, todo lo fuerte que podían, aquello de:

    Si yo tuviera una escoba,
    si yo tuviera una escoba,
    si yo tuviera una escoba,
    cuántas cosas barrería.

    Massiel
    Por su parte, Massiel causó una conmoción en el país al ganar el Festival de la Eurovisión en el 68. Era una manera de entrar en Europa, aunque fuera a ritmo de "La, la, la".

    La España eterna no había desaparecido, al contrario, gozaba de buena salud. Manolo Escobar se convirtió en el ejemplo de toda una clase social que quería ascender, medrar como él. Demostró que la voluntad lo era todo y siguió cantando a la madre, a la novia, a la vida y a la Patria.

     

    Duo DinámicoDécada provechosa en cuanto a música pop, todo un descubrimiento para los jóvenes del momento. Los cancioneros se multiplicaron y dos muchachos, con chaleco rojo, Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, se hicieron los reyes de los guateques. "El Dúo Dinámico", a ritmo de twist y casi de rock compartía las ilusiones de la juventud. Y, por si fuera poco, seguían los niños prodigios, Marisol, Ana Belén y Rocío Dúrcal llenaron las pantallas de historias dulces y tiernas, y otro prodigio, no tan niño, vino a representar al español de los 60: Raphael, que no sólo nos hablaba de él -"Yo soy aquel"-, sino que nos recordaba que la Navidad seguían siendo un periodo entrañable pese a la oleada consumista.
     

    LA LITERATURA INFANTIL EN LOS 60

    TBO En cuanto a la infancia, la literatura infantil seguía y sigue su camino . En 1972 se creó el Departamento de Literatura Infantil en la Biblioteca Nacional. Antes, sin embargo, autores que ya conocemos y otros nuevos hicieron interesantes aportaciones: Ángela Ionescu, Joaquín Aguirre Bellver, Concha Fernández Luna o Antonio Jiménez Landi. Carmen Kurtz creaba a su personaje Óscar, Miguel Buñuel seguía despertando la imaginación y Montserrat del Amo hacía gala de una prosa cuidada y diáfana en El cuento y su hora. Una escritora de literatura adulta vino a sumarse a esta pléyade: Ana Mª Matute, ganadora del Premio Lazarillo 1965 por El Polizón del Ulises. Carola Soler, Gloria Fuertes, María Luisa Gefaell, Juan Antonio de Laiglesia, Carmen Pérez Abelló -que se inició con Un muchacho sefardí-, Marta Osorio -ganadora del Lazarillo en 1966 por El caballito que quería volar- o María Isabel Molina son otros nombres que merecen recordarse aquí, aunque sea de forma esquemática, por la importancia de su labor.

    Alicia Las editoriales también ayudaron al fortalecimiento de la literatura infantil, creando distintas colecciones: Anaya con Auriga, Bruguera con Colección Historias, Edhasa, Juventud, Lumen, Nova Terra, Timún Mas o Doncel. Algunas ya han desaparecido, pero otras siguen en esta línea editorial, lo que demuestra que no se equivocaron al apostar por la infancia.

    Los niños no fueron inmunes a la televisión y, al lado de los dibujos de Walt Disney o Hanna Barbera, merece citarse una creación española: la Familia Telerín. Todos los niños que nacimos en los 60 nos íbamos a dormir al son de su música. Estos hermanitos, que vivían solos, nos recordaban que había llegado la noche. Cleo, Tete, Maripí, Pelusín, Colitas y Cuquín entonaban puntualmente:

    "Traigo un recado / de parte de la tele: /es hora de que los peques nos vayamos a la cama. ¡Hale!/ Vamos a la cama que hay que descansar/ para que mañana podamos madrugar".

     
    LA HISTORIETA FEMENINA EN LOS 60

    Capítulo aparte merecería la historieta femenina por todo lo que supuso socialmente. Su importancia fue extraordinaria en la España de posguerra y, a principios de los 60, volvió a tener gran auge, aunque en la década de los 70 inició un rápido declive provocado, en gran parte, por la aparición de fotonovelas y de revistas ilustradas y, en parte, queremos pensar, por los aires nuevos que ampliaban el público lector y lo acercaban hacia un mismo modelo de publicación que no partía de una previa diferenciación sexual.

    Las diferenciaciones sexuales no se acabaron aquí, ni mucho menos. Podemos recordar a la Sra. Elena Francis quien, cada tarde, leía cartas de desconsoladas mujeres y les daba los consejos más apropiados siguiendo una moral tradicional. El fenómeno Francis duró hasta bien entrada la década de los 80 y, a su fin, se descubrió que Elena Francis no existía y que, en realidad, bajo ese seudónimo, se escondía no una mujer, sino un hombre, un periodista barbudo, aficionado a los toros e inscrito en una moderada acracia. ¡Vivir para ver!

    La historieta femenina, aunque presentaba las mismas características del tebeo, poseía rasgos especiales que aludían al público lector, las niñas, las jovencitas. La edad media de las lectoras de estas revistas oscilaba entre los 12 y los 15 años. Podemos citar algunas de esas colecciones de cuadernillos apaisados, con portada a todo color e ilustraciones interiores en blanco y negro, que tuvieron gran éxito: Azucena y Ardillita fueron las pioneras. Les siguieron, después, Cuentos mamaíta, Golondrina, Sentimental, Serenata, Revista para niñas, Piluchi, etc.

    Una revista en especial merece que nos detengamos en ella: Mary Noticias (1960). Mary era una heroína femenina, en paralelo con las historietas femeninas. Ejercía una profesión nueva, periodista y vivía diversas aventuras. Aunque, en el último momento, siempre la ayuda su novio Max (que aparecía disfrazado de Bruma). Mary no reconocía a Bruma y no podía contárselo a Max y ahí estaba el encanto, la emancipación ficticia de una heroína que no se emancipaba de verdad.
     

    EDUCACIÓN Y ENSEÑANZAEN LOS 60

    Entrando en el sistema de enseñanza, hay que advertir que los 60 fueron años de modernización del sistema de enseñanza, en paralelo con el proceso de desarrollo del capitalismo. Hacia la segunda mitad de la década se hizo palpable la inoperatividad del sistema de enseñanza tradicional. En 1970 se promulgó la Ley General de Educación que intentó una reforma de la enseñanza primaria haciéndola obligatoria y gratuita. La Enseñanza General Básica prolongó la escolarización hasta los 14 años y dividió las etapas de aprendizaje en tres bloques (el primero voluntario, los segundos obligatorios), vigentes hasta hoy en día en que se lleva a cabo una nueva Reforma:Entrando en el sistema de enseñanza, hay que advertir que los 60 fueron años de modernización del sistema de enseñanza, en paralelo con el proceso de desarrollo del capitalismo. Hacia la segunda mitad de la década se hizo palpable la inoperatividad del sistema de enseñanza tradicional. En 1970 se promulgó la Ley General de Educación que intentó una reforma de la enseñanza primaria haciéndola obligatoria y gratuita. La Enseñanza General Básica prolongó la escolarización hasta los 14 años y dividió las etapas de aprendizaje en tres bloques (el primero voluntario, los segundos obligatorios), vigentes hasta hoy en día en que se lleva a cabo una nueva Reforma:

    .Preescolar (4 a 6 años)
    -1er ciclo EGB (1º, 2º, 3º, 4º y 5º curso)
    -2º ciclo EGB (6º, 7º y 8º)

    Si se cumplían todos los ciclos se obtenía el Graduado Escolar, que permitía acceder al Bachillerato (BUP) y, si no, se obtenía el Certificado de Estudios Primarios, que facilitaba el acceso a la FP.

    Los libros de texto, por su parte, cambiaron de forma, aunque siguieron las mismas editoriales. La primera mitad de la década, la editorial Miñón y los libros de A. Álvarez fueron los más vendidos. En los últimos años, Santillana surgió con fuerza.
    Desaparecieron las típicas Enciclopedias Escolares y se sustituyeron por distintos libros, uno para cada asignatura, según el curso escolar: lengua española, ciencias sociales, ciencias naturales, matemáticas y religión, como disciplinas destacadas. Se impusieron otros sistemas pedagógicos como el de las fichas escolares, que se pensó -al principio- que sería el método más eficaz para establecer una enseñanza activa, aunque demostraron su inoperancia al cabo de poco tiempo.

    Los manuales de texto, en definitiva, cambiaron de rostro, se llenaron de ilustraciones y de ejemplos prácticos e, incluso, de juegos; pero las lecturas escolares siguieron contando, tal vez inevitablemente, con historias morales y ejemplares. Los libros de A. Álvarez fueron los más utilizados en los primeros años. Los textos que incluían eran fábulas o relatos protagonizados por niños -en los primeros cursos- o relatos de autores conocidos con aspectos literarios, en los cursos superiores. De hecho, los valores positivos eran idénticos a las décadas anteriores: amor al prójimo, a la familia, a la naturaleza, a Dios y, sobre todo, buena conducta.

    Este último tema, repetido desde la posguerra, nos lleva a otra disciplina que teníamos algo olvidada: la urbanidad. Bien es cierto que las cartillas de urbanidad habían desaparecido hacía tiempo, pero los conceptos que contenían seguían enseñándose en las escuelas y no sólo en las escuelas, sino que había manuales teóricos que hablaban de la urbanidad y de la cortesía.

    En lo que respecta a la separación sexual, a la diferenciación de roles en las escuelas, los libros no hacían nada más que transmitir fielmente el modelo social vigente. No se iba a avanzar en nada, mientras que las niñas viesen lógico que sus padres descansasen, mientras sus madres hacían las faenas del hogar. Por ejemplo, en uno de estos libros de lecturas, se incluye un poema titulado "Los muñecos", de E. Nogal que es una especie de "Tengo una muñeca", aunque modernizado -o eso nos creíamos-. Es el siguiente:

    -Tengo una muñeca
    que es todo un primor
    con un vestidito
    de fino crespón.
    -Tiene mi muñeca
    los ojitos negros
    boquita de rosa
    con dientes pequeños.
    -Mi muñeca sabe
    reír y llorar,
    dormirse solita,
    y luego jugar.

    -Yo tengo un muñeco
    que es esquiador
    y lleva patines
    y gafas de sol.
    -Mi muñeco tiene
    el pelo rizado,
    ojos pensadores
    como de hombre sabio.
    -Mi muñeco estudia
    con mucha ilusión,
    pues piensa muy pronto
    hacerse doctor.

    La muñeca tiene, como temas distintivos, mucha ropa -coquetería-, es bonita -belleza-, y se limita a reír, llorar, dormir y jugar; es decir, a no hacer nada, a ser un mero objeto de adorno. El muñeco, por su parte, será doctor, no pierde el tiempo en hacer "monerías como la muñeca". Cualquier otro comentario sobra; eso sí, a las niñas nos gustaba más sentirnos dueñas de la muñeca sonrosada y bonita y no del muñeco esquiador. Poco a poco, se iba asumiendo un nuevo rol: el maternal.

    Por último, si tuviésemos que destacar algún libro realmente innovador que olvidase la Enseñanza Primaria y se centrase en la EGB tendríamos que hablar no de un libro, sino de una casa editorial: Santillana. Sus libros de lengua y de lecturas Norma y Senda eran sobrios y, hasta el momento, no se había visto tal cantidad de información en libros destinados a niños y niñas. Reproducía textos literarios y trataba a los lectores como personas al borde de la edad lectura. Gracias a ellos, yo, por ejemplo, conocí a Rubén Darío, Sánchez Ferlosio, Azorín, León Felipe, Alberti, Machado y tantos otros.

    En el orden cultural y social aparecieron nuevas revistas -"Cuadernos para el diálogo"-, se difundieron las colecciones de libro de bolsillo y la publicidad televisiva se reveló como un medio muy eficaz para vehicularlo.

    Aparte, entraron masivamente las traducciones de obras extranjeras: el nouveau roman, las innovaciones europeas y americanas y el "boom" de la novela hispanoamericana. A la vez, críticos y ensayistas se dedicaron a valorar las aportaciones de la nueva novela y, desde otros medios, se incentivaba la labor literaria mediante la creación de premios como el Alfaguara de 1965. E, incluso, se recuperaron nombres del exilio: R. J. Sender, Francisco Ayala, Max Aub, Rosa Chacel...

    Familia TelerinDistintos autores reaccionaron frente a la novela social, como Manuel García Viñó o Antonio Prieto y, entre los más destacados, Torrente Ballester, Álvaro Cunqueiro y Juan Perucho nos enseñaban a fabular. La hora del lector, según título de José Mª Castellet, había llegado.

    Los niños no fueron inmunes a la televisión y, al lado de los dibujos de Walt Disney o Hanna Barbera, merece citarse una creación española: la Familia Telerín. Todos los niños que nacimos en los 60 nos íbamos a dormir al son de su música. Estos hermanitos nos recordaban que había llegado la noche. Cleo, Tete, Maripí, Pelusín, Colitas y Cuquín no se olvidaban de cantarnos aquello de "Vamos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar". 






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