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  • LITERATURA

    EL LÉXICO EN LOS CUENTOS DE CALLEJA

  • cuentosÚltimamente algunas editoriales rescatan, en ediciones facsímiles o muy fieles al original, textos del pasado. Es como si nos atacase la nostalgia en este tiempo cambiante y quisiéramos sabernos integrantes de un mundo firme. A ello nos ayuda, quizá, el recuerdo de unos textos que contribuyeron, en no poco, a formarnos como grupo, como sociedad.

    Las Enciclopedias Álvarez o los textos de Calleja son ejemplos de esta recuperación por el pasado. Creemos que, aparte de contemplar con simpatía o cierta ironía, incluso, estos textos que, a algunos, les puede recordar su infancia, más o menos remota y a otros, quizá, les suponga una sorpresa; es bueno tratar de acercarnos a estos originales con una mirada crítica. Eso nos puede permitir la necesaria distancia para entender por qué en una época triunfan unos modelos que, automáticamente, son rechazados en otra.

    Para conocer los tópicos de una época, sus intereses y condicionantes, el estudio del léxico se presenta como parte fundamental. Las palabras son la materia básica con la que se construyen los textos, aunque no siempre sean las más adecuadas o brillantes. Vamos, pues, a centrarnos en los famosísimos cuentos de calleja, aunque no es su aspecto editorial, ni en sus temas, que quizá podamos recordar en otro momento (1), sino en el aspecto lingüístico que nos ayudará, sin duda, a entender qué se esperaba de los niños españoles o qué se pretendía inculcarles a finales del S. XIX y a principios del S. XX, justo ahora en que estamos ciertamente indecisos o anhelantes frente al futuro, al S. XXI.

    VOCABULARIO

    Pese a la diferencia de autor, los Cuentos de Calleja son textos que, en conjunto, presentan gran homogeneidad interna y externa: sus historias son rectilíneas, se emplean comparaciones sencillas y metáforas impuras, aparecen moralejas finales y el estilo es, frecuentemente, muy retórico y recargado. A menudo adolece de hinchazón expresiva, semejante al modelo literario que imperaba en la época: la novela del último realismo y, en el plano teatral, la alta comedia de Echegaray, de estilo empalagoso y brillante.

    Si hacemos abstracción del vocabulario que aparece en los Cuentos de Calleja, vemos que se polariza en torno a dos conceptos: bondad y maldad, con toda la gama de derivaciones y aspectos tópicos que pueden generar. Se repiten las estructuras léxicas que hacen referencia a aspectos sociales determinados como pueden ser la pobreza, la bondad o la caridad. Se trata de frases hechas o clisés, estilo dicción formularia, que se fijan en la mente del niño quien, a base de leerlas, se va internando, poco a poco, en este mundo adulto que, en ese momento, tiene prestigio social. Pongamos unos ejemplos:

    -los niños son: hermosos, bellos como ángeles, inocentes, pobres muchachos. Todo dependiendo de suposición social, ya que si se trata de un niño de clase inferior es, simplemente, un "pobre muchacho"; en cambio, si es de clase superior presenta toda una gama de cualidades físicas y psíquicas. Cabe decir que nos centramos en el plano positivo.
    -las niñas son: traviesas, listas, vanidosillas, buenas, obedientes. Se trata de dos universos semánticos bien diferenciados, uno relativo al campo léxico de la travesura y otro referido al de la bondad. Predomina éste sobre los demás.
    -los adultos son: buenos, justos, trabajadores, honrados, bondadosos.

    Lo que más se pondera -insistimos, siempre en el plano positivo- es:

    -en los niños la hermosura y la bondad.
    -en los adultos la honradez y el trabajo.

    De ello se desprende la repetición de la frase hecha "trabajo honrado e inteligente", como una combinación perfecta de las cualidades inherentes al ser humano adulto, sobre todo, masculino.

    En el mundo de los menos privilegiados por la fortuna, nunca se especifica nada, sino que se deja en el aire y el adjetivo pobre se utiliza indiscriminadamente. Así, los niños son "pobres", los huérfanos también y los mendigos "infelices". Se fomenta la caridad, bien es cierto, pero no se trata de cambiar nada de la sociedad, sino de dejarla del mismo modo, de compadecerse ante ciertos problemas; pero sin ir más lejos.

    Y, en el plano negativo, la tristeza siempre es grande , para hacerla más pesada y gravosa, las casas de los pobres, como no podía ser de otra manera son míseras y su situación lastimera. Eso en cuanto a cosas, porque en cuanto a personas, aparecen otros seres menos bondadosos, avaros despreciables y vanidosos, gentes maleantes, seres despreciables y feos. Cualquier innovación que se aleje de los esquemas se tacha de loca aventura o de pensamientos ociosos. Y, por encima de todo, las dificultades para superar la adversidad que siempre, siempre son graves.

    El aspecto religioso es muy intenso y hay continuas referencias a ese campo: celestial pureza, cara angélica, sencilla plegaria, bello como un ángel, etc.

    Siguiendo con estas fórmulas establecidas, podemos introducir otras no menos interesantes para completar la visión: el corazón suele ser sensible, los sueños dulces y tranquilos, las preguntas indiscretas, la edad infantil, tierna y sensible, las flores hermosas, la vida acertada, tranquila y risueña, los perros leales, las ovejas descarriadas, las fieras horribles, las criaturas inocentes y los jóvenes simpáticos y varoniles, entre otros estereotipos que podríamos hallar en todos los cuentecitos.

    cuentos

    MORFOLOGÍA

    Dejemos ahora el plano de las frases hechas para tratar las tres categorías morfológicas más importantes: verbos, sustantivos y adjetivos que aparecen en los Cuentos de Calleja. Lógicamente nos hemos detenido en las palabras que se repiten más y que confirman los dos pivotes sobre los que se traza el universo configurativo de los valores de estos textos: la bondad y la maldad.

    En cuanto a los verbos, tras el oportuno vaciado que no incluimos para no alargarnos innecesariamente, dominan aquellos que indican acciones relacionadas con aspectos psicológicos o del carácter del individuo. tenemos toda la gama relacionada, de alguna manera, con el sentimiento religioso, como pueden ser extasiar, consagrar o resignar; los que se relacionan con comportamientos negativos como amenazar, arrebatar, desamparar, robar, torturar y su contrapartida, más o menos en reciprocidad, castigar, ejecutar o juzgar. Implican, casi todos, una determinada actitud ante la vida, como socorrer o compadecer. Por último están los relacionados con estados de ánimo, llorar, o con procesos naturales en todo ser vivo: morir.

    En lo referente a sustantivos, abundan los relacionados con conceptos abstractos vinculados al aspecto moral o ético de la persona, ya sea en su vertiente positiva (compasión, humildad, perseverancia), ya sea en su vertiente negativa (ambición, ingratitud, ociosidad). Por otro lado, se repiten tipos sociales determinados como arrapiezos, huérfanos, pillos o ladrones a los que se les adjudica un determinado rol como la tristeza o el vicio, según los casos.

    Queda claro que lo imprescindible, para evitar las trampas o tropiezos es el trabajo, combinado con esa mezcla de humildad, perseverancia. Aparte se alude a otros aspectos que pueden ser los detonantes de una historia como es el remordimiento por una mala acción, que provoca lágrimas. Importa, además, tener un fervor especial dentro del corazón y dejar siempre bien explicada la moraleja.

    Los adjetivos acompañan también a este campo semántico de conceptos abstractos relacionados con actitudes, con posturas vitales ante unos determinados hechos sociales o particulares. Se definen bien las cualidades de los personajes desde el plano social (rico o pobre) o desde el plano moral (toda la galería de virtudes y defectos que adornan a niños y mayores: atrevido, caritativo, desharrapado, deslumbrante, franco, laboriosa, listo, lindo, perezoso, pobrecito, sensible, sucio, terrible, travieso...).

    SINTAXIS

    Aparte de la escasa presencia de diálogos, las historias se construyen sobre una base narrativa y atendiendo a unos giros sintácticos bastante complicados para los niños, al menos desde nuestra óptica actual. Abundan las frases subordinadas muy largas, llenas de nexos o de signos de puntuación que, en algún momento, dificultan la correcta comprensión de los textos. De todas formas, como indicábamos más arriba, ésa es una constante típica de la literatura de la época: grandes párrafos, preferencia por la subordinación frente a la coordinación, complicación excesiva.


    CONCLUSIÓN

    Hemos visto como en los Cuentos de Calleja el mensaje que aparece, a través de sus usos lingüísticos, es bastante cerrado. No se trata de cambiar nada, ni de exponerse a peligrosas aventuras, sino de cultivarse a sí mismo, de modelar el espíritu, de fomentar ciertas virtudes muy preciadas y que no hace ya falta repetir.

    El modelo de niño que predomina en estos Cuentos es el de niño-ejemplar, lo cual no resta ningún mérito, en absoluto a la gran labor editorial que realizó Saturnino Calleja ni a lo que supusieron estos cuentecitos que, por primera vez, estaban al alcance de los niños ya que se vendían a precios muy reducidos (2).


    NOTAS A PIE DE PÁGINA

    (1). Prescindo de otros aspectos en este análisis, que pudieran resultar más amenos, quizá, porque no quisiera repetir lo ya dicho en mi estudio "Aproximación a los Cuentos de Calleja", CLIJ, año 7, nº 67, diciembre 1994, pp. 7-15; de todas formas, ambos trabajos se complementan o eso he pretendido, al menos.

    (2). Los Cuentecitos de Calleja, analizados aquí, pueden encontrarse editados por J. J. de Olañeta y, entre otros, son "Almacén de Cuentos", "Más cuento que Calleja", "Cuentos de Calleja", con un magnífico prólogo de Carmen Bravo-Villasante, a quien debo mucho de mi afición y conocimiento de Calleja.





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