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  • LITERATURA

    EN TORNO A LA FIGURA DE JESÚS

  • Jesus de NazaretEscribir acerca de Jesús es poco menos que una quimera porque ya hay tratados, opiniones encontradas y expertos cualificados que han dedicado parte de su vida e intereses a tratar de desvelar quién fue ese hombre especial, qué hizo y cuáles fueron sus luces y sus sombras.

    Nosotros únicamente pretendemos dar alguna pincelada divulgativa y comentar, siempre según las Sagradas Escrituras, por qué Jesús ya no es simplemente un personaje histórico, dentro de unos límites cronológicos, sino algo más. Mucho más, ya que su permanencia, para millones de católicos, está fuera de duda. 

    No obstante, tampoco entraremos en cuestiones religiosas, al menos dogmáticamente hablando. Eso sí, el respeto y la admiración presidirán este pequeño estudio que aparece en este mes de diciembre -el mes dedicado a la Navidad-, buen momento para reflexionar acerca de quién fue ese Niño al que se alude todos los años por estas fechas y del que, a veces, se prescinde en aras de un consumismo y un materialismo que haga que la Navidad signifique, muchas veces, solo despilfarro y gasto superfluo.
     
     
    ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS

    Poco se saber sobre Jesús de Nazaret antes de su bautismo, que es cuando inició su vida pública. Si tratamos de ser rigurosos, parece que pudo haber nacido hacia el año 4 a. C. –curiosamente-, poco antes de la muerte del rey Herodes. Su nombre, Yeshú en hebreo, supone una abreviatura de Yeshosúa o Josué. Era galileo, de Nazaret y su nacimiento en Belén es más el resultado de una profecía del Antiguo Testamento; aunque está fuera de duda que procedía de la casa de David.

    Jesus de NazaretJesús nació de María y en los Evangelios de Mateo (1, 18-25) y Lucas (1, 26-38) se habla de su concepción virginal, aunque, como dice Thomas P. Rausch, a quien seguimos en estas líneas, “carece de verificación”. Isaías en el Antiguo Testamento (7, 14) hace alusión a que “la virgen concebirá y parirá un hijo”; aunque, para los hebreos, la palabra virgen significa “mujer joven”. No obstante sobre ésta cuestión mucho se ha debatido y no vamos a entrar en ella.
    Otro aspecto del que se ha escrito mucho es sobre si Jesús tuvo o no hermanos. Pudo haberlos tenido, es evidente y a ellos se alude también en la escena de crucifixión. No obstante, hay que señalar, que en aquellos tiempos a los miembros varones de una familia extensa se les llamaba “hermanos”.

    Por otro lado, no se ha probado que Jesús se casase, pese a las novelas que se han escrito en torno a ello y a su relación con María Magdalena.

    Jesús hablaba arameo, aunque parece ser que conocía el hebreo y algo de griego; por lo tanto recibió educación religiosa y sabía leer y escribir.

    Éstas serían las cuestiones acerca de las que tenemos pocas respuestas; de ahí que acudamos a fuentes menos científicas acaso, pero sí más cercanas y afectuosas que tratan de arrojar luz sobre la infancia de Jesús. Así, Pedro M. Iraolagoitia escribe “María, el carpintero y el niño”, un apócrifo de la vida de María, lleno de ternura y amabilidad que puede o no ser cierto, pero que, sin duda, nos conmueve y a veces esa cualidad es la más importante. Así, el autor hace un repaso por la vida de María, una joven sencilla, por la de José y por el nacimiento de Jesús. De José, por ejemplo, dice: “José era laborioso y buen trabajador. Era carpintero y, si a mano venía, también albañil. José era recto y justo” (pág. 23). Alude, por supuesto, al momento de la Anunciación que María recibe con total humildad: “No pensó ni por un momento en subir de categoría social. Sabía que era la mujer más excelsa del mundo entero, pero no sintió vergüenza de que la vieran fregar sus pucheros, ir al lavadero o llevar el cubo de la basura. Al día siguiente del ángel, aparentemente todo seguía igual” (pág. 27). Habla de cómo encajó José la noticia y de cómo tuvo un sueño profético que fue el aviso del cielo. José decidió casarse con María y protegerla a ella y a su hijo. 

    Jesus de NazaretConocemos también el edicto que hizo que muchas personas tuvieses que desplazarse para empadronarse, eso les ocurrió a María y a José, según la tradición, y llegaron a Belén, después de mil penalidades, con María a punto de dar a luz. La imaginería religiosa, en forma de pesebres, ha pintado esa escena y cómo nadie les dio alojamiento porque todo estaba lleno; así el Hijo de Dios nació en una especia de corral porque, según seguimos leyendo en el libro ya citado, “Estaban los animales para recibir al Niño, porque no tenían otra cosa mejor que hacer; estaban allí para recibir al Niño y se habían estado preparando para ello desde el día en que Dios los echó al mundo, allá por el día quinto o sexto de la creación. Que ya dijo entonces Dios, después de crearlos, que los animales eran buenos. No estaban los hombres porque tenían otras cosas mucho más importantes que hacer: tenían que contar dinero, tenían que discutir de política, tenían que decidir otra vez lo difícil que se está poniendo la vida y tenían que hacer qué sé yo qué” (pág. 52).

    No obstante, los villancicos y toda la iconografía religiosa nos hablan de la llegada de los pastores, los más humildes, que fueron los únicos, de manera simbólica, que quisieron honrar a Jesús. También se habla de la llegada de los Tres Reyes Magos, los Tres Sabios de Oriente: Melchor, Gaspar y Baltasar. El número tres no ha sido siempre el mismo, ya que Baltasar se añadió posteriormente, pero, de todas maneras, los primitivos textos literarios, como “La representación de los Reyes Magos”, de la época medieval, ya se centran en el viaje de estos tres hombres que vieron una estrella y quisieron alcanzarla y que obviaron el requerimiento de Herodes que temía por su reino y quiso destruir a Jesús –en todos los bebés nacidos entonces, la matanza de los inocentes-. Los dones que entregaron los Reyes fueron los mismos que se hacían a los reyes y a los dioses de la antigüedad: oro, incienso y mirra. Poco después, se produce la huida a Egipto, para evitar la muerte de Jesús. Esta huida se nos ha representado siempre de forma muy pintoresca: María y el niño en un burro y, al lado, paciente, José.

    Acerca de la infancia de Jesús no hay ningún dato y podemos hacernos las composiciones que nos gusten, desde las más amables y almibaradas hasta las más serias conjeturas. El caso, es que nos encontramos de nuevo a Jesús a los doces años en el templo, para asistir a la fiesta de la Pascua. Jesús desaparece y da un susto de muerte a sus padres, aunque está hablando, como uno más, con los Doctores de la ley.


    JESÚS Y JUAN EL BAUTISTA

    Jesus de NazaretJesús se da a conocer de manera pública cuando es bautizado por Juan el bautista, su primo. No sabemos por qué dejó su casa en Galilea y viajó hasta Judea con el propósito de ser bautizado por el bautista. Quizás Jesús, como tantos otros, también sentía curiosidad por el nuevo profeta y quizá, como tantos otros judíos, decidió que lo bautizase, pero algo sucedió en ese momento que cambió la vida del carpintero de Nazaret, que pasó de ser un judío desconocido, a ser el mensajero de Dios.

    Resulta emocionante leer en los Evangelios el relato de este bautismo. Juan levanta su voz alta y clara para decir que: “Yo solamente bautizo con agua, pero está ya en medio de vosotros uno al que no conocéis, y ése os bautizará con Espíritu Santo y con fuego. Yo no soy digno ni de atarle la correa de las sandalias”.

    A partir de aquí, pues, empieza la vida pública de Jesús, quien se rodea de una serie de seguidores, sus discípulos, los apóstoles y quien va a emprender una aventura fascinante que lo llevará a su propia muerte, no sin antes haber clamado contra algunas costumbres y haber soliviantado a los judíos más ortodoxos con sus predicaciones. Sería largo hablar de las mismas, pero sí podemos tratar de resumir algunos hitos.


    LOS DISCÍPULOS

    Jesus de NazaretAndrés era de Betsaida y estaba en Galilea, casualmente, visitando al Bautista, con su hermano Simón, Felipe, un amigo y un amigo de éste, Nataneal. Andrés los presentó a Jesús y Jesús los invitó a que se fueran con él y así, de esta manera aparentemente casual, surgió todo. Poco a poco se fueron uniendo el resto de discípulos.

    Jesús ya no regresó a Nazaret, se quedó junto al lago Genesaret, cerca de Cafarnaún: “Cuando llegaron al lago, Andrés y Simón se pusieron a arreglar su barca, en otra barca estaba Juan con su hermano Santiago y el padre de ambos, Zebedeo, arreglando unas redes”. Ya nunca volverán a su antiguo oficio de pescadores porque Jesús les dijo: “Veníos conmigo. Ya no seréis pescadores de peces, sino pescadores de hombres”.

    Jesús siguió escogiendo más discípulos, hasta completar el número, que es el número simbólico, el de las tribus de Israel.

    También hubo mujeres que siguieron a Jesús, es obvio: María de Magdala, María, la madre de Santiago y de José, Salomé y la madre de los hijos del Zebedeo...


    LAS PARÁBOLAS Y LOS MILAGROS

    El estilo de Jesús es inconfundible, directo y muy claro. Él emplea las parábolas para hablar. Jesús nunca pronunció sermones, los que aparecen en los Evangelios, cuatro en total, son fruto de la elaboración de los evangelistas. Jesús contaba, por así decirlo, cuentos y empleaba los elementos que la gente de su época tenía a su alcance, cosas sencillas, de la tierra, del mar, de la vida campesina, del devenir cotidiano de los días...

    Jesus de NazaretSon célebres y muy conocidas las parábolas del Hijo pródigo, la del Fariseo y el Publicano, la del Buen Samaritano y muchas más que, bien analizadas, nos hablan del perdón, de la capacidad de amar, de la hondura del ser humano.

    Jesús hablaba para que todos lo entendieran. No se de extrañar que la gente se quedase prendida de sus palabras, porque nunca antes nadie les había hablado con tanta sencillez y a la vez tanta contundencia. Por otro lado, Jesús hizo milagros, resucitó muertos, devolvió la vista a ciegos, hizo andar a paralíticos... causó toda una revolución poniendo el templo patas arriba y expulsando a los mercaderes y tratando de demostrar que las leyes se han hecho para servir al hombre, no al revés. No es de extrañar que se creara enemistades entre los poderosos.

    Como dice Thomas P. Rausch: “Jesús enseña con su propia autoridad. Habló con aforismos, parábolas, personificaciones y bienaventuranzas –típico del lenguaje sapiencial- y llamó Padre a Dios. Su predicación tiene un sabor más universal”. Entre los dichos de Jesús, el propio Rausch nos recuerda alguno:

    -Qué difícil es que los ricos entren en el reino de Dios.
    -Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el reino de Dios.
    -Deja que los muertos entierren a sus muertos.
    -Pero muchos primeros serán los últimos, y muchos últimos primeros.
    -Os lo aseguro, quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
    -Pues quien se ensalza será humillado, quien se humilla será ensalzado.

    Uno de los pasajes más célebres de Jesús es, sin duda, el de las Bienaventuranzas; también cabe recordar la oración del Padrenuestro y, sin duda, muchos otros dichos o parábolas que el lector podrá encontrar y refrescar en los Evangelios.


    MUERTE DE JESÚS

    Jesus de NazaretJesús decide ir a Jerusalén a celebrar la pascua y lo de hace de manera triunfal: entra como un profeta en la ciudad, aclamado como “Hijo de David”, el Mesías. Lo primero que hace es ir al Templo y expulsar a los comerciantes que en él hacían negocios. También desprestigia a los jefes religiosos y a los fariseos. Sería muy largo de escribir y posiblemente le dediquemos otro capítulo, pero Jesús se está creando muchos enemigos y muchos problemas, tantos que lo llevarán hacia la muerte. Los príncipes de los sacerdotes y los ancianos se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote Caifás y decidieron prender a Jesús a traición y matarlo, fue Judas Iscariote, uno de sus discípulos quien lo traicionó.

    Antes, Jesús celebra la Pascua con sus discípulos e instituye el Sacramento de la Eucaristía durante la misma; es la Santa Cena, el Jueves Santo. Jesús ya sabía que su final estaba cerca y con sus discípulos se dirige al Monte de los Olivos, al huerto de Getsemaní. Allí es prendido y empieza su calvario. Los jefes religiosos, los fariseos y los doctores quieren matarlo, pero no tienen jurisdicción legal para hacerlo; por eso se dirigen al gobernador romano, a Pilatos, para que lleve a cabo el proceso civil. Pilatos no quiere problemas con los judíos y, aunque no ve delito en Jesús, acepta a crucificarlo, no sin antes hacer que fueran los propios judíos quienes escogieran entre Barrabás, un delincuente común y Jesús. Así, Jesús, tras ser flagelado, es obligado a cargar con la cruz hasta el Gólgota, el monte en donde será crucificado. Y todo ocurre rápidamente. Los soldados romanos se reparten sus ropas y sortean entre ellos la túnica de Jesús.

    Jesus de NazaretEl suplicio de la cruz se aplicaba a los esclavos fugitivos y a los sediciosos; de ahí que muriera entre dos ladrones. Podemos imaginar el camino que hizo hacia el Gólgota, lleno de dolor y de escarnio. A Jesús lo clavaron en la cruz y, realmente, sería una muerte horrible, que terminaría con el golpe de lanza directo al corazón. La muerte de Jesús hizo que, inicialmente, sus discípulos se dispersaran por miedo, aunque pronto cambió la situación, exactamente el día de Pentecostés, aunque nosotros nos paramos en la vida de Jesús y eso ya corresponde a su Resurrección, que sucedió al tercer del día de la muerte y de la cual, quizás, podamos escribir otro día, tal vez en las fechas cercanas a la Semana Santa. Eso sí, la muerte de Jesús, que él intuyó, puede parecer un fracaso y sin embargo no lo es, como explica Rausch: “Jesús ofreció a sus discípulos una hermandad renovada consigo mismo más allá de su muerte. Así, murió, sin desesperar, sino confiando en que el Dios a quien llamaba Abba la reivindicaría de algún modo confiando en que su misión no acabaría en un fracaso”. Y a juzgar por la huella que ha dejado en la humanidad, en absoluto fue un fracaso, sino más bien un triunfo de la vida sobre la muerte, del espíritu sobre la carne.

    Ahora bien, volviendo al terreno material, cabe preguntarse por qué fue ejecutado Jesús de esa manera tan brutal y fulminante. Parece, y así lo creen muchos especialistas, que la causa principal fue su acción en el Templo. Es, como dice Rausch: “... una acción simbólica, un significado profético de que el Templo mismo iba a ser destruido”.

     
    PARA CERRAR

    Realmente, poco hemos escrito acerca de un personaje tan fascinante como Jesús, ya que, tras su muerte, para los creyentes, empezaba realmente su ministerio, en el que, por hoy, no vamos a profundizar. Sólo hemos querido esbozar, en este mes de diciembre, el de la Navidad, las líneas básicas de la vida y de la personalidad de Jesús. Ahora, cada uno puede tratar de profundizar y de leer los manuales que recomendamos o directamente los Evangelios.

    Sea como sea, la magia de Jesús, el poder de su palabra permanecen entre nosotros, sino no se seguiría hablando de él ni si figura levantaría tantas controversias todavía.

    Jesus de Nazaret


    PARA SABER MÁS
    -Iraolagoitia, S.J., Pedro M.: “María, el carpintero y el niño”, Bilbao, Mensajero, 2003.
    -Martínez, S. J., José Julio: “El drama de Jesús”, Bilbao, Mensajero, 2003.
    -Murail, Marie-Aude: “La historia de Jesús”, Bilbao, Mensajero, 1999.
    -Rausch, S.J., Thomas: “¿Quién es Jesús?”, Bilbao, Mensajero, 2006.
    -Ruiz de Galarreta, S. J., José Enrique: “Jesús, vino nuevo”, Bilbao, Mensajero, 2001.






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