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  • LITERATURA

    Las nanas, un canto universal

  • teresaLas nanas o las canciones de cuna son, acaso, la manifestación más antigua del cariño de una madre por su hijo. 

    Desde la noche de los tiempos las madres han acunado y mecido a sus pequeños y les han susurrado palabras de consuelo para evitarles miedos o dolores, para invocar el sueño o para hacerles compañía. 

    Son las nanas, una de las muestras más hermosas de la poesía tradicional y popular, aunque, como veremos, muchos autores han dedicado sus mejores palabras a las Canciones de Cuna. 

    Lope de Vega, por ejemplo, escribió una nana preciosa al Niño Jesús en la que se lee:
     
    “No lloréis, mis ojos;
    Niño Dios, callad;
    Que si llora el Cielo,
    ¿Quién podrá cantar?

    O esta otra, que como indica Carmen Bravo-Villasante, data de principios del S. XVII:

    “Quedito, pasito,
    silencio, chitón,
    que duerme un infante,
    que tierno y constante
    al más lindo amante
    despierta el calor.
    Quedito, pasito,
    Silencio, chitón,
    No le despierten, no;
    A la ea, a la o;
    Duerma mi amado, descanse mi amor.
    A la ea, a la o”.

    Muchos grandes escritores han dedicado su buen hacer a las canciones de cuna, sirva de muestra la Canción de Cuna que Unamuno ofreció a su nieto y que es hermosísima:

    La media luna es una cuna,
    ¿y quién la briza ? 
    y el niño de la media luna, 
    ¿qué sueños riza ? 
    La media luna es una cuna, 
    ¿y quién la mece ? 
    y el niño de la media luna, 
    ¿para quién crece ? 
    La media luna es una cuna, 
    va a luna nueva ; 
    y al niño de la media luna, 
    ¿quién me lo lleva ?

    El género, pues, hunde sus raíces en épocas antiguas y ha llegado hasta nosotros fresco y lozano como una rosa de la mano de las propias madres o de escritores que no han querido obviar la especial ternura que produce una Nana. Como bien indica el poeta Gabriel Celaya: “En rigor las nanas no son canciones de niños sino canciones para los niños. Así al menos pensaba yo, hasta que un día vi a una pequeña que acunando a su muñeca, le cantaba una nana. Y empecé a pensar en la complejidad del hecho. (...) la madre, al cantar al niño, se pone a su nivel, y le habla como si también ella fuera un niño, sólo un poco mayor. De ahí la comunicación real que se establece en las canciones de cuna...”.

    Parece que, de alguna manera, en la cultura latina ya se cantaban nanas y así lo muestras algunos textos del Siglo I d. C; pero también se conservan textos griegos que datan del 300 a. C. e, incluso, aunque no quedan testimonios, ya que la transmisión oral no es tan duradera como la arqueológica, podemos pensar que, desde los inicios, las nanas han acompañado el sueño de los niños de todos los pueblos, tiempos y culturas. Gabriela Mistral lo resume con estas bellas palabras: “La Canción de Cuna” sería un coloquio diurno y nocturno de la madre con su alma, con su hijo y con la Gea visible de día y audible de noche”. 

    La nanas reciben nombre parecidos en todas partes; así en Italia se las llama “ninna nanna”, en Georgia “nana/nani nani”, en Túnez ya la palabra “nanni” significa dormir, en la India, por poner otro ejemplo, la palabra “navna” indica cerrar los ojos y “nisna” señala el movimiento de un columpio, como el vaivén de la cuna; en torno a la cual se suelen entonar las nanas. En muchos idiomas, el sueño de los niños se designa con alguna palabra onomatopéyica que se refiere a los sonidos infantiles “na” o “ni” duplicados. Así, en catalán “fer nonon” es dormir. 

    No obstante, no todas las canciones de cuna tienen el mismo sentido, según expone Federico García Lorca quien hace diferencias entre las canciones de cuna europeas y las españolas: “La canción de cuna europea no tiene más objeto que dormir al niño, sin que quiera, como la española, herir al mismo tiempo su sensibilidad” y añade: “No debemos olvidar que la canción de cuna está inventada (y sus textos lo expresan) por las pobres mujeres cuyos niños son para ellas una carga, una cruz pesada con la cual muchas veces no pueden. Cada hijo, en vez de ser una alegría, es una pesadumbre y, naturalmente, no pueden dejar de cantarles, aun en medio de su amor, su desgana de la vida”. Se refiere, ya lo intuimos, a las canciones de cuna tradicionales, las que se inspiran en el pueblo, como la siguiente:

    “Duérmete, mi niño,
    que tengo que hacer,
    lavarte la ropa,
    ponerme a coser”.

    La palabra Nana, si nos fijamos en su etimología, procede del término latino “nenia” que significa “cantinela o lenguaje mágico”. Una nana es, efectivamente, una cantinela que entona la madre, normalmente, de forma espontánea, muchas veces, aprendida otras y es, por supuesto, un canto mágico que introduce a los niños en la esfera del bienestar. “La cantadora –asevera Gabriela Mistral- mejor será siempre la madre-fuente, la mujer que se deja beber casi dos años, tiempo bastante para que un acto se dore de hábito, se funda y suelte juegos de poesía”. Sin embargo, no sólo las madres son capaces de crear nanas, quizás sí de sentirlas con mayor intensidad, es posible. No obstante, y lo voy a personalizar, antes de ser madre yo misma escribí varias nanas con todo el cariño y la ternura que pude a mis sobrinos o a los hijos de mis amigos. Tal vez, una vez que he sido madre, las nanas que siga escribiendo adopten otros matices; pero todas han surgido del cariño y el amor hacia los niños y hacia sus padres.

    Nunca una música grabada o enlatada, por hermosa que sea, podrá sustituir al canto de la madre o de la abuela o de la tía, que, cuando arropan al niño contra ellas, les permiten escuchan la vibración de su pecho y, por lo tanto, sentirse mucho más seguros. No hace falta cantar bien, desde luego, sólo querer y necesitar hacerlo. Para Lorca, “No hacía falta ninguna que la canción tuviera texto. El sueño acude con el ritmo solo y la vibración de la voz sobre ese ritmo. La canción de cuna perfecta sería la repetición de dos notas entre sí, alargando sus duraciones y efectos. Pero la madre no quiere ser fascinadora de serpientes, aunque en el fondo emplee la misma técnica”. A veces los niños no se duermen y dejan a sus madres al borde de los nervios: “El punto de la música por donde el niño se escabulle –confirma Gabriela Mistral- y deja a la madre burlada y cantando inútilmente, este último peldaño me lo conozco muy bien: en tal o cual palabra, el niño y yo damos vuelta la espalda y nos escapamos dejando caer el mundo, como la capa estorbosa en el correr...”. Pondré otro ejemplo personal de nana. Cuando aún estaba esperando a m hija solía escuchar un cd de música clásica en el que se oía, entre otras piezas, el villancico “Joy to the world” de Haendel. Cuando nació una tarde, aún estábamos en el hospital, le tarareé esta melodía y, para sorpresa mía, la reconoció. No sé cómo lo supe, pero la niña la reconoció, fue una sensación química, de piel, por decirlo así. Desde entonces he adaptado la música y le he puesto una letra muy particular y simple que empleo para dormir a Teresa, mi hija:

    “Mira que bien Teresa está,
    Teresa está muy bien.
    Y todos tan contentos
    Y todos tan contentos
    Porque Teresa durmió
    Porque Teresa durmió
    Teresa Teresa al fin durmió...”

    Y esto que parece tan simple y llano, le gusta a la niña y me emociona a mí. Aparte también suele escuchar un cd de música relajante, “Mis primeras canciones de relajación”, incluido en un libro con el mismo título. El autor es musicoterapeuta y, por lo tanto, garantía de la calidad del cd. Las ilustraciones son muy vistosas y tiernas y nos llevan a un universo donde todo está en su sitio, el mar, las montañas, los animales y todo sirve para que el pequeño aprenda a relajarse y a descansar mejor. Las canciones nos hablan de los dedos, de los números, de la naturaleza, de pequeños movimientos y, poco a poco, se van centrando en el momento de coger el sueño, en el momento en que el bebé ha de cerrar los ojos. Como decía, Teresa escucha este cd por las noches –y yo le canto las canciones que suenan- y, aunque aún no puede aplicarlo en su totalidad, la música va tranquilizando a la niña y, poco a poco, la ayuda a coger el sueño.

    Las nanas recogen todo el acervo cultural de un pueblo, su sentir, su penar, su disfrutar; por eso son tan importantes para los niños ya que les aportan tanto aspectos lingüísticos como musicales y culturales. ¡Cuántas veces una nana ha pasado de padres a hijos! Y cuántas también los propios padres han inventado nanas particulares para sus hijos en las que se habla de aquellas realidades cotidianas que van a formar parte de sus vidas. Lorca va mucho más lejos cuando dice que la madre, al entonar una nana, “tiene necesidad de la palabra para mantener al niño pendiente de sus labios, y no sólo gusta de expresar cosas agradables mientras viene el sueño, sino que lo entra de lleno en la realidad cruda y le va infiltrando el dramatismo del mundo”. Aquí, sin ir más lejos, Lorca se refiere, entre otros, a la figura del Coco con el que se asusta y se ha asustado a tantos niños: “La fuerza mágica del Coco es precisamente su desdibujo. Nunca puede aparecer aunque ronde las habitaciones. Y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos. Se trata de una abstracción poética y, por eso, el miedo que produce es un miedo cósmico, un miedo en el cual los sentidos no pueden poner sus límites siempre salvadores, sus paredes objetivas que defienden, dentro del peligro, de otros peligros mayores porque no tienen explicación posible”. ¿Quién no ha escuchado el clásico “Duérmete, niño, duérmete ya / que viene el Coco y te comerá”. No hacen falta comentarios. Por descontado, no todas las nanas son así, ya lo veremos. Y no todas están dedicadas a los niños. Gloria Fuertes, la genial Gloria Fuertes, dedicó una “Nana para los adultos”:

    “Nadie nos acuna a los mayores.
    Llegan noches cuajadas de silencio,
    Miedo a la Oscuridad,
    Tierna regresión y,
    Nadie nos canta nanas a los mayores.
    Aprende a soñar, como yo,
    Sin que nadie nos acune.
    -Duérmete en nana, nena.
    Volveremos a vernos en la otra Orilla.
    Será de azúcar la arena.
    Volveremos a vernos en la otra Vida
    -menos perra-.
    Duérmete en nana, nene.
    Duérmete en nana, nena”.

    Por supuesto, nadie más que Gloria Fuertes podía dedicar también una Nana al Coco, en la que no es el Coco quien se lleva a nadie, sino los niños. Todo, viene a decirnos la poeta madrileña, puede ser susceptible de cambio, según la perspectiva y la de un Coco es ésta:

    “Duérmete, Coco
    que viene el niño
    que lleva a los Cocos
    que duermen poco.
    Ea, ea, ea,
    que si el Coco no se duerme
    se me marea.
    Duérmete, Coco
    que viene el niño
    y despierta a sus padres
    y a su vecino.
    Ea, ea, ea,
    que si el Coco no se duerme
    se me marea.
    Duérmete, coco,
    descansa un poco,
    que pronto viene el niño
    silbando como un loco.
    (Hace poco venía el Coco
    para asustar a los niños traviesos.
    Hoy hay niños que asustan al Coco.
    no seas tú uno de esos).

    La intención de las nanas o de las Canciones de Cuna es, efectivamente, provocar el sueño. De esta manera llegamos a la conclusión de que todas las nanas están unidas por un mismo efecto, pero ¿cómo se logra? Siguiendo el manual “Música para bebés y niños para todos los momentos. Todos a dormir” las nanas tienes rasgos comunes que son los siguientes: “En primer lugar, el ritmo es tranquilo, basado en el ritmo cardíaco de la mamá, la cual, a menudo, cuando acuna al pequeño, lo mantiene apoyado precisamente sobre el corazón. El texto es muy simple, hecho de pocas y sencillas palabras, sonidos onomatopéyicos e incluso términos inventados: para el pequeño, que aún no entiende la lengua, no es tan importante el significado de las palabras, sino el sonido y la entonación con los que se pronuncian. La melodía se basa en pocas notas, a intervalos cercanos. En general, las nanas utilizan una escala pentatónica (do-re-mi-fa-sol-la o bien do-re-mi-sol-fa), fácil de entonar”. A estos aspectos se añaden otros no menos importantes: “La velocidad y el volumen de la voz son decrecientes: esto favorece y acompaña el paso de la vigilia a la primera fase de sueño, que se produce a nivel cerebral”. De esta manera, los musicoterapeutas Leon Vence y Max Mereaux añaden: “La respiración de quien escucha una nana se ralentiza y después se hace más ligera y regular, como la de alguien que está durmiendo”.

    Las nanas, no obstante, tienen otro poder nada desdeñable y es que, para los niños, cuanto más se escuchen, mejor, más efecto causan en ellos. Como indica Federico García Lorca, en su conferencia “Añada. Arrolo. Nana. Vou veri vou”: “La melodía latente, estructurada con sus centros nerviosos y sus ramitos de sangre, pone vivo calor histórico sobre los textos que a veces pueden estar vacíos y otras veces no tienen más valor que el de simples evocaciones”.

     
    EL MENSAJE DE LAS MADRES

    Muchas nanas son una especie de reflexiones de las madres quienes exponen sus quimeras, sus dudas y sus deseos de que a su hijo todo le vaya mejor en la vida. Son nanas que llevan una carga de esperanza, aunque a veces también de dudas.
    Gabriela Mistral destila amor en “Apegado a mí”:

    “Hierbecita temblorosa
    asombrada de vivir;
    no te sueltes de mi pecho:
    ¡duérmete apegado a mí!”

    La poeta chilena, cargada de modestia, decía eso de sus nanas: “Nacieron, las pobres, para convidar, mostrando sus pies inválidos, a que algún músico las echase a andar, y las hice mitad por regusto de los arrullos de mi infancia y mitad por servir la emoción de otras mujeres...”.

    Marilina Ross, en “Canción de cuna para despertar a un hijo” muestra toda su ternura, mientras lo aguarda:

    “Te estoy esperando no demores mucho
    porque hay tantas cosas que hacer en el mundo.
    Despierte mi niño... Despierte mi sol...
    Despierte pedazo de mi corazón.
    Yo sé que te esperan dolores y penas
    Que vivir es duro y se es feliz apenas
    Pero con tu ayuda y la de otros más
    Haremos que al fin se pueda respirar.
    Te tengo guardada en un cajón la risa
    En otro ternuras y en otro caricias
    Y uno está vacío para que después
    Lo llene la dicha de verte nacer.
    Asómate al mundo y empezá a crecer
    Porque ya no hay mucho tiempo que perder
    Despierte mi niño... Despierte mi sl...
    Despierte pedazo de mi corazón...
    Despierte...”.

    Purificación Fernández, la presidenta del Grupo Omnia de Alcalá de Henares, escribió en 1973, una Nana preciosa en donde el mensaje es clarísimo:

    “Mi nana te cantaré
    cuando en mis brazos de estreche
    y tu mundo pintaré
    de colores, de sueños esperanzados.
    Para que crezcas feliz
    Dedicaré a ello mi vida.
    Intentaré que tus pasos,
    El transcurrir de tus días
    Sean:
    Como el sol en la mañana,
    Como la lluvia en el verano
    ¡color de oro, como Luna!
    Que nadie intente dañarte
    Te protegeré día a día
    Hasta que vayas creciendo
    Aprendas solo a volar
    Y, vivas tu propia vida”.

    Yo misma, cuando supe que estaba esperando una hija, me atreví con las nanas y quise que el mensaje a Teresa, mi hija, fuese de pura alegría. Las pongo sólo como ejemplo de lo que espera y desea una madre. Al fin y al cabo, si escribo esta reflexión en torno a las nanas es porque yo misma las estoy entonando y era algo que ni sospechaba que pudiera ni supiera hacer. Los ejemplos de las “Nanas a Teresa” son:

    “Yo guardo una niña pequeña,
    En mi vientre florecido,
    Igualita que una almendra.
    Seguro que me conoce,
    Seguro que oye mi voz.
    Mi chiquitina, Teresa,
    Mi chiquitina, mi amor”
    “Cuando nazcas te llenaré la cuna
    de flores silvestres y alguna rosa.
    Te traeré violetas, margaritas,
    Azucenas blancas y un lirio.
    Cuando nazcas se llenará la casa
    Con la mejor flor,
    Que serás tú, Teresa, mi amor”.

    “Cuando llegues se iluminará la noche,
    crecerán flores donde no había nada,
    saldrán a verte todos los elfos,
    un hada de concederá un deseo.
    Cuando tú nazcas, nosotros velaremos tu sueño.
    Tú serás nuestra joya, tú nuestro destino.
    Teresa, la niña, ea, la niña pequeña”.

    “Quisiera que tu mundo fuera ancho,
    amplio como un campo de trigo,
    dulce, lleno de bondad y de hermosura.
    Que nada te haga daño,
    Que todo sea tranquilo.
    Quisiera que tu mundo fuera perfecto,
    Quisiera tantas cosas...
    Que no sufrieras nunca, mi amor”.


    INVOCACIÓN AL SUEÑO

    El objetivo de las nanas, el primero, es provocar el sueño en los niños. José Agustín Goytisolo escribió “La nana de Julia” para su hija en la que tiene muy claro que su hija es única:

    “Los niños van por el sol
    y las niñas por la luna.
    Por el sueño Julia.
    Julia Julia Julia
    Por el sueño Julia”.

    José Luis Hidalgo en “Oye, hijo mío, oye” hace todo tipo de promesas para conseguir que su hijo duerma:

    “Te compraré un caballo
    de crines blancas
    para llevarte al río
    a ver las aguas.
    Te alcanzaré la luna,
    La luna blanca,
    Para que cuando duermas
    Bese tu cara...” 

    En “Nana a Inés”, y de nuevo personalizo, trato también de lograr que la niña duerma a base de promesas llenas de magia:

    “Si te duermes, niña,
    te traeré un lucero,
    lo prenderé de tu pelo
    y toda tú serás un tesoro.
    Lo mismo sucede en “Nana a Aroa”:
    “Te contaré el cuento de una flor,
    Tan bonita como tú.
    Te cantaré una canción
    Hecha de brotes de amor.
    Ea, ea, Aroa, niña, a dormir”.


    EL NIÑO DORMIDO Y EL QUE NO QUIERE DORMIR

    Concha Lagos en “nana del mar” habla de la niña dormida y de su sueño:

    “Mi niña se ha dormido 
    y está soñando
    que en barco de vela
    va navegando”.

    En “Canción de Cuna para Héctor”, poema que dediqué a uno de mis sobrinos cuando estaba muy enfermo, se recoge el sueño del niño dormido, la placidez que inspira. Esta nana, con el título “Mi marinerito” fue musicada por Rosa M. Sanahuja y forma parte del repertorio del coro Cerscendo, de Salou, del que ella misma es Directora. Se me perdonará el citar algunos de mis versos, y tratarlos al lado de versos de más valía poética, sin duda, pero me han venido bien para ilustrar el tema que nos ocupa y, de paso, me sirven de homenaje a los niños en quien pensé para escribirlos:

    “Mi marinerito duerme,
    en los ojos algas y estrellas.
    Mi marinerito duerme,
    En los dedos corales y sirenas”.
    Cuando la niña duerme, exijo silencio:
    “Venid despacio,
    acercaos a la cuna,
    no hagáis ruido
    que la niña duerme”.

    A mi sobrina Elba-Mar dediqué varias nanas en las que me centraba en el hecho de que no se quería dormir y todos los esfuerzos que, metafóricamente, iba a hacer para lograrlo, en la misma línea que algunas de las nanas del epígrafe anterior:

    “¡Ay, mi niña dulce y caprichosa!
    Mi niña que no quiere dormir.
    Le coseré un vestido de amapolas
    Para que pueda presumir”

    En “Nana a Joana” pretendo apresar el momento en que esta niña, la hija de una amiga, se queda dormida y cómo nada perturba su sueño:

    “La nube se pierde,
    pasito a pasito,
    y, en silencio,
    la niña duerme”.

    En otra, “Si tu no te duermes”, intento poetizar acerca de qué pasará si la niña no duerme:

    “el sueño se escapará,
    se irá volando por la noche
    y a los otros niños desvelará”.

     
    EL PASO DEL TIEMPO

    Gloria Fuertes en la “Nana al hijo de trapo” incide en el inevitable paso del tiempo:

    “Duerme son las dos.
    Duerme, cascabel,
    Queda poca noche,
    Duerme, mi doncel,
    Que ya son las tres”.

    Cuando mi sobrina Elba era pequeña escribí una Nana titulada “Velando tu sueño” en la reflexionaba sobre su niñez y el paso del tiempo que traería un cambio de papeles:

    “Mientras llega ese futuro,
    que yo quisiera tan hermoso,
    te miro y no te olvido,
    porque tenías frío y miedo,
    porque el sueño llegaba tarde,
    porque las estrellas no se apagaban”.


    SUFRIMIENTO

    Hay canciones de cuna que se refieren al sufrimiento de las madres y que ahondan en esta herida como para compartirla con el hijo, como es frecuente en las nanas populares y tradicionales. Miguel Hernández, en “Nanas de la cebolla” va mucho más allá, trasciende la realidad gris de su mujer que amamanta al niño comiendo cebollas, y logra un texto de una calidad lírica y humana excepcional en el que se muestra esperanzado y cree en el futuro, ya que su hijo es su razón de ser:

    “Tu risa me hace libre,
    me pone alas.
    Soledades me quita,
    Cárcel me arranca.
    Boca que vuela,
    Corazón que en tus labios 
    Relampaguea.
    Es tu risa la espada
    más victoriosa,
    Vencedor de las flores
    Y las alondras.
    Rival del sol.
    Porvenir de mis huesos
    Y de mi amor.”

    Víctor Jara, en “Canción de Cuna para un niño vago” hace toda una reivindicación social:

    “Cuántos como tu vagarán,
    el dinero es todo para amar;
    amargos los días,
    si no hay.
    Duérmete mi niño,
    Nadie va a gritar,
    La vida es tan dura
    Debes descansar.”

    Todos conocemos la tan popular “Duerme negrito”, aunque igual no nos hemos parado a pensar en la letra, en el dolor que rezuma:

    “Duerme, duerme, negrito,
    que tu mamá está en el campo,
    negrito.
    Y si el negro no se duerme,
    Viene el diablo blanco
    Y ¡zas! Le come la patita,
    Yacapumba, yacapumba, acapumba...”

    En la misma línea está Nicolás Guillén cuando escribe “Canción de Cuna para despertar a un negrito”:

    “¡Que muera el amo,
    muera en la brasa!
    Ya nadie duerme,
    Ni está en su casa:
    ¡coco, cacao,
    cacho, cachaza,
    upa, mi negro, 
    que el sol abrasa!!

    Gloria Fuertes escribe una nana al niño que no llegó a vivir, una nana triste, llena de dolor que titula “Nana al niño que nació muerto”:

    “Original persona pequeñita
    que al contrario de todos
    no has nacido”.

    Federico García Lorca también dedica una “Canción de Cuna” a alguien que está muerto, “A Mercedes, muerta”:

    “Ya te vemos dormida.
    Tu barca es de madera por la orilla.
    Blanca princesa de nunca.
    ¡Duerme por la noche oscura!
    Cuerpo y tierra de nieva.
    Duerme por el alba, ¡duerme!
    Ya te alejas dormida.
    ¡Tu barca es bruma, sueño, por la orillla!”


    ANIMALES

    Leo Maslíah dedica una nana a un potrillo, en “Duérmete potrillo”:

    “Duérmete potrillo que 
    yo paso la noche en vela
    y mañana te traeré
    dieciséis quilos de avena”.

    En esta nana italiana se trata de reproducir, en los animales, los mismos comportamientos humanos de irse a dormir, por la noche:

    “Estrella, estrellita
    la noche está cerquita.
    La llama ya trabaja,
    La vaca está en la cuadra.
    La vaca y el ternero,
    La oveja y el cordero,
    La gallina y los pollitos,
    La mamá con sus hijitos.
    Cada hijito con su mamá
    ¡y todos a descansar”.

    José Agustín Goytisolo se dirige a su perra en “Nana para Negrita”:

    “Duérmete perra mía
    gusto de verte
    más aún que a las flores
    del campo verde.
    Ea ea ea
    Que tú no eres fea”.
    Rafael Alberti escribe en la “nana de la cabra”:
    “Si te chupas el dedito,
    no te traerá la cabra
    su cabritillo”.

    Fernando Luján en “El caracol, la luciérnaga y el grillo” dice:
    “¡Pero más dichoso el grillo,
    porque sabe una canción
    para dormir a mi niño!”

    Camilo José Cela escribe la “Nana del burro gorrión”:

    “Duérmete, burrillo manso,
    que ya es la hora.
    Ya te has cpmido la flor
    De la amapola.
    Ya has bebido en el restaño
    Del agua sola.
    Duérmete, burrillo manso,
    Que ya es la hora”.

    Gloria Fuertes dedica también una nana a la mamá mona:

    “-Duerme mi mono bonito,
    eres más guapo que tu abuelito.
    ¡Ay, qué bonito es mi monito!
    ¡Ay que monito más bonito tengo!
    monito bonito duerme,
    que si no el lobo te muerde.
    Tu mamá mona está contigo,
    para protegerte del enemigo.”


    CONTRA LO ESTABLECIDO 

    Algunos escritores emplean las nanas para reírse de las normas y de las convenciones. En “Nana del Niño Malo”, Pablo Guerrero escribe:

    “¿Qué será de mayor
    nuestro angelito?
    Su padre que Teniente,
    Su madre Obispo.
    El abuelo Ingeniero,
    La abuelita Abogado.
    Y el niño malo dijo:
    ¡Quiero ser Vago!
    Ea la nana, ea.”

    La “Nana de una Madre muy madre”, de Carmen Santonja es en extremo divertida y aleccionadora:

    “No juegues más con el sonajero y dale con él al gato,
    que el muy puñetero, artero y falaz, te dejó limpio el plato.
    Zúmbale, paf-paf, zúmbale zas..., tírale una zapatilla,
    Has de aprender tú solito a luchar y a defender la papilla”.

    En “La nana a la nena de la pena” Gloria Fuertes tiene un objetivo: jugar con las palabras, enredar al lector y pasárselo bien:

    “Nana nena.
    No dormiremos
    La Nochebuena,
    Ahora sí,
    Duerme pena
    Duerme nena
    Nana nena...
    (¡La que se duerme soy yo!)”

    “Nana de la adúltera” es otra nana de Gloria Fuertes bien singular:

    No subas mi vida
    No vengas ahora
    Que está en casa el padre
    Del niño que llora.
    Ahora no
    Ahora no
    Ahora no amor mío
    Ahora no”.

    Y ya, la misma Gloria Fuertes, sigue con sus divertimentos y escribe una “Nana para despertar a un pie”:

    “¡Despiértate pie
    aún no es el momento,
    despiértate pie
    que me estás jodiendo!”

     
    SONIDOS Y JUEGOS DE PALABRAS

    Todas las nanas siguen un esquema parecido y muchas emplean el “ea, ea” como muletilla para incitar al sueño. A menudo se pretende conseguir un ritmo repetitivo que adormezca al niño, como en la siguiente nana tradicional:

    “Bolón, bolón, la pastora.
    Bolón, bolón, el pastor.
    Bolón, bolón, la señora.
    Bolón, bolón, el señor”.

    Tampoco es infrecuente el “rorro” que trata de imitar una especie de ronquido, como leemos en “Nana del niño goloso”, de Ángela Figuera Aymerich:

    “Arrorró, mi niño,
    que la noche llega.
    Arrorró, mi niño,
    Con su capa negra”.

    Las nanas son, en definitiva, textos con elementos recurrentes, llenos música y de ritmo que se acoplan al vaivén de la cuna que es mecida o del niño que es acunado. Lo vemos por ejemplo en “La ovejita Me” de Marcos Leiboivich:

    “La ovejita me,
    la ranita cua.
    Duérmete mi nene
    Que es muy tarde ya”.

    Marisa Company, buena amiga, dedica un poema a Elba, mi sobrina, ya mencionada, que es un puro jugar con los ritmos y las palabras:

    “Seguro que tu carne
    huele a romero.
    A notas musicales
    Y a flor de limonero.
    Duerme Elba-Mar
    Ea
    Ea.
    Que tu nombre, niña mía, 
    Está escrito en una isla de cristal.
    Ea.
    Ea.
    Que llegue el sueño
    Con la marea.
    Y que los delfines azules
    Te vengan a cantar.
    Ea.
    Ea.
    Mi niñita pequeña,
    Muñequita se seda.”

    De nuevo Marisa Company escribe una nana dedicada a Teresa, mi hija, que es una reflexión hermosa en torno a su nacimiento, llena también de ritmo como se puede ver al final del poema:

    “Del perfume del jazmín
    y las frescas algas verdes
    -en los últimos días del verano-
    del amor, el deseo y los trigales,
    nos ha nacido una niña:
    morena como la luna,
    tostada como la tierra.
    Sus envolturas azules
    Nos van hablando de estrellas,
    Que entrarán en su cuna
    Y coros angelicales le cantarán
    A mi nena:
    A la nanita nana
    Nanita ea,
    Teresa tiene sueño
    Bendita seas, bendita seas”


    LA TERNURA DE LAS NANAS

    Nos detenemos un momento en las nanas de Ana María Romero Yebra que están llenas de amor, de dulzura y de encanto. Como dice Antonio A. Gómez Yebra: “Ana María da la vuelta a tópicos como que el niño no tiene cuna, o que existen seres amenazantes, como el Coco, con cuya presencia se nos amenazaba si no cerrábamos los ojos a tiempo, durante los primeros años de nuestra vida”. No hay miedo en las nanas de Ana María Romero, no hay temores, sino explosión de júbilo y alegría de vivir.
    Un ejemplo del poder armónico y adormecedor de las palabras lo tenemos en la primera nana, en “Ronda de Nanas”, “Nana del barquito”, que armoniza la delicadeza del diminutivo (“barquito”, “chiquitito”), con el sueño del bebé y los elementos propios del ambiente marinero (“mar”, “sal”, “pescador”):

    “Barquito de miel
    en mi corazón.
    Le canto a mi niño
    la nana del sol.
    La nana del sol
    del viento y del mar.
    Niño pescador
    bañado de sal.
    Bañado de sal
    que tira la red
    desde su chiquito
    barquito de miel”.

    A nuestra autora le gustan las imágenes vegetales, así en “Nana de la espiga”:

    “Mi niño es una espiga
    rubia y dorada
    que florece en mis brazos.
    Nanita, nana”.

    Y los juegos de metáforas que aluden a los colores, como en “Nana del cordero”:

    “Suben los corderitos
    por la montaña
    y su ladera verde
    se vuelve blanca”.

    Las onomatopeyas, las enumeraciones y las antítesis, como en este ejemplo de “Nana de la noche clara” son también frecuentes:

    “Duérmete, mi niño,
    que el sol ya se apaga
    para que te duermas
    hasta mañana”.

    En las “Nanas”, por poner unos ejemplos, el asombro y la maravilla ante lo extraordinario es protagonista indiscutible:

    “El almendro del huerto
    nieva una rama
    aunque su tronco tiene 
    los pies de escarcha”.
    “A la nanita, nana.
    Se acaba el cuento,
    y a la bruja del bosque
    la lleva el viento”.
    “Al vaivén de las olas
    busco un camino
    de corales y estrellas
    para mi niño”.

    Ana María Romero ha escrito una Nana a mi hija, a Teresa, que es un ejemplo admirable, que agradezco, para cerrar este trabajo. Se trata de un poema breve, sencillo, limpio y lleno de ritmo y dulzura:

    “A la nanita nana
    nació Teresa
    con carita de rosa,
    boca de fresa.
    A la nana nanita
    Llegó el regalo
    De esta niña chiquita
    Que nos han dado.
    Ha nacido Teresa
    Nanita nana
    Y parece una estrella
    Sobre la almohada.
    Ha nacido Teresa
    Nana nanita
    Y no hay otra en el mundo
    Tan rebonita”.


    NANAS RELIGIOSAS

    Muchas de las nanas populares tienen un sentido religioso o unos personajes que entroncan con la religión. Gabriel Celaya recoge un buen número y a él nos remitimos, aunque ponemos algunos ejemplos a continuación. Muy conocida es la oración-nana:

    “Cuatro angelitos
    tiene mi cama.
    Cuatro angelitos
    Guardan mi alma”.
    Y no menos célebre es:
    “Con Dios me acuesto,
    con Dios me levanto,
    con la Virgen María
    y el Espíritu Santo”.

    Se pide a la Virgen o a los santos que protejan al niño: 

    “Señora santa Ana,
    de Cristo abuelita,
    duérmeme en tus faldas,
    que soy chiquitita;
    custodia mi sueño
    y que no me aflinan
    desvelos ni miedos
    ni las pesadillas.

    Al propio ángel de la guarda se le pide lo mismo:

    “Ángel de mi guarda,
    dulce compañía,
    no me desampares
    ni de noche, ni de día.
    Sed mi protector,
    Sed mi buena guía;
    No me dejéis solo
    Que me perdería.
    Jesús, José y María,
    Vuestro esclavo soy;
    Con vuestra licencia,;
    A dormir me voy”:

    Bien mirado, no son nanas estrictamente hablando, pero sí cancioncillas que invocan el sueño y que, por lo tanto, tienen mucho que ver con las Canciones de Cuna. Es más, si el niño llora puede pasar esto:

    “Duérmete niño chiquito,
    duérmete, y ni llores más,
    que se irán los angelitos
    para no verte llorar”


    PARA TERMINAR

    Las nanas, como hemos visto, son un género que se nutre de la propia vida, de sus alegrías y avatares. Hemos ofrecido algunos ejemplos de nanas, la mayoría de ellas de autor conocido, con el fin de mostrar algunos de los temas y aspectos que tratan, aunque hay muchos más. He incluido nanas caseras, por decirlo así, las dedicadas a mis familiares y amigos para tratar de indicar que la nana es una composición que no presenta barreras y que con más o menos acierto, cualquier madre o abuela o tía o persona que se deje inspirar por la ternura de un niño puede llegar a escribir, con más o menos acierto, por supuesto. Eso queda a criterio del lector.

    Las nanas se ambientan, como hemos visto, en distintos escenarios, en la tierra, en el mar. Escogen imágenes sencillas o mágicas para propiciar el sueño y se dirigen directamente al niño que es el protagonista al que se le cuenta una historia, se le hace partícipe de algo, se le ruega que duerma, se le observa en el sueño o, simplemente, se le acuna sin más. En cuanto al metro suelen ser de arte menor y con rimas muy marcadas. No obstante, también hay quien escribe nanas en arte mayor, como hemos visto e, incluso, quien trabaja otros géneros y les da el aire de la nana, como hace Marisa Company en esta haiku:

    “Con ramas de verdes juncos,
    canastitas de nenúfares
    y hojas de té,
    le voy a hacer a mi nieta
    una cunita,
    una cunita”.

    Otras veces la nana no tiene por objeto dormir sin más, sino presentar al recién nacido y brindarle así el mejor de los recibimientos, como en el poema “A Teresa”, de T. Insa:

    “Ha nacido una azucena
    en el jardín de los sueños,
    su carita es sonrosada
    y sus ojos dos luceros.
    La alegría de su casa, 
    El mar sereno,
    La brisa de la aurora...”

    O en el poema acróstico de Elba García Hernández:

    “Tiempo de espigas:
    Era el estío.
    Rosicler la tarde
    Encendió su oro
    Solemne, único
    Anunciando tu llegada”

    Purificación Fernández Ríos va aún más allá y, en otro acróstico, hace protagonista a la propia nana:

    “Tarde de otoño
    Entonando una nana
    Risas alegres
    Embargan el alma
    Susurros de un... ¡Te quiero!
    A vuestra niña, suenan al alba”.

    Faltaría, por ejemplo, en esta aproximación, hacer mayor hincapié en las nanas populares, aunque a la bibliografía nos remitimos para el que quiera ampliar. Las nanas tradicionales son las más trágicas, por decirlo así, las más duras o las más realistas, depende cómo se mire, ya que, siguiendo a Lorca, recogen el sufrir de las madres y también las amenazas que reciben los niños con el Coco y otros personajes afines. Las nanas que hemos incluido aquí, en su mayoría, tienen otros ropajes más amables; aunque todas ellas, las tradicionales y las creadas por un autor, tienen elementos en común: la melodía, el estilo y la intención.

    Nuestro propósito no ha sido compilador ni siquiera científico, sino más modesto ya que, en suma, lo que he pretendido en este estudio tan personal, no ha sido otra cosa que animar a aquellos que estén en contacto con bebés y niños, madres, padres, abuelos..., a que no teman y entonen una nana, que hagan suyo un texto y lo personalicen y disfruten de esos momentos de intimidad cuando la canten con el niño cerca. Ea, ea, a la nanita, ea. El niño no sabe de calidad literaria, pero sí percibe la ternura y el amor. No se lo hurtemos.






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