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  • BIOGRAFÍAS - VOCES AMIGAS

    MARÍA LUISA COMPANY VALLS

  • Marisa CompanyMaría Luisa Company Valls, o Marisa, como la conocemos amigos y familiares, nació en Valencia un 14 de agosto, mediada la década de los 30 y, desde entonces, ha vivido allí. El mar, la sal y las gaviotas han estado presentes en su vida y en su obra. El Mediterráneo con toda su amplitud ha presidido su devenir histórico. 

     Marisa Company es una mujer de hondos principios religiosos, que ha mantenido contra viento y marea y que vive pendiente de su pequeño mundo y del mundo que la rodea. Ha sentido amores y desamores, encuentros y desencuentros, soledades y sinrazones, alegrías y frustraciones, pero nunca la ha abandonado ni la palabra ni el verso, hecho de ternura, hecho de cristal, hecho de música transparente. Marisa Company merecería ver publicada toda su obra de manera sistematizada y ordenada.
    Aquí hoy ofrecemos un anticipo de una poesía llena de ritmo, que es canción desde que nace. Poesía de la experiencia y de la vida podríamos llamarla. Marisa se sienta a escribir y en sus palabras engarza cuentas de cristal, pajarillos, barcos y olas. Hay algo natural en su poesía, algo que fluye de muy adentro y que conmueve al lector, aun sin conocer qué se esconde tras cada poema. Sí se aprecia que hay sinceridad y coraje ante la vida que no siempre la ha tratado bien.

    Marisa Company tiene un poemario publicado, “A destiempo” (Imprenta Nácher, Valencia, 1995) que recoge algunos de los poemas que escribió desde 1984 hasta la fecha de su publicación. Me honra ser quien prologó ese libro entonces y me honra también la amistad que me brinda siempre Marisa, aunque aquí no me dejo llevar por mi afecto, que es grande, sino por su poesía.

    Además, ha colaborado en algunos libros colectivos como “Popurrí de flores” (Ediciones Cardeñoso, 2002) y el más reciente, “I Antología Azahar” (Corona del Sur, 2006) Formó parte del Taller Literario Fuentetaja de Madrid durante los años 1992 y 1998. Fruto de este trabajo, participó en distintas obras colectivas: “Relatario” (1992), “Apuntes dispares, tal vez fuegos” (1994), “De una voz plural” (1994) y “De botellas y náufragos”, (1998). En estos libros, excepto en el último, ha colaborado con textos en prosa, aunque Marisa Company cultiva, esencialmente, el género poético.

    Su poesía bebe directamente de los poetas que ella ha leído desde muy joven, como Espronceda, Bécquer, Campoamor, Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y, sobre todo, Miguel Hernández, Juan Gil Albert y Luis Rosales.

    En “A destiempo”, poemario dividido en dos partes, “De azul” y “Sentires” veíamos a una mujer pletórica, llena de ilusiones, que confiaba en la vida y que se asombraba de todo lo que observaba: la lluvia, la primavera, un gorrión, una paloma, el musgo, la piedra... Captaba, ya en esos versos, el devenir cotidiano de las cosas más pequeñas. Marisa recoge el momento, el instante preciso y lo hace poema, lo hace eterno. No obstante, en “Sentires” notábamos a una mujer madura que se refugiaba en su familia y en sus recuerdos para tratar de seguir adelante. Hablaba de sus hijos, de su marido, del futuro que parecía en calma. Era, por decirlo así, una poesía remansada, aunque ya intuía, de vez en cuando, como un presentimiento, algo oscuro, una ruptura con el presente, un desgarramiento con la realidad.

    Marisa Company, ya, desde el principio, se centra en la belleza, el dolor, la tristeza y el amor, pero ha ido evolucionando, conforme cambiaba su paisaje existencial y familiar. Su marido, Francisco Sánchez Manzaneque, quien, por desgracia, falleció en 1997; sus tres hijos que han seguido distintos itinerarios personales y Marisa, ante el devenir de la vida, ha tenido que recomponer el puzzle de sus proyectos personales y ha debido hacerlo con entereza para no sentirse sola y decepcionada. La poesía la ha ayudado mucho a conseguirlo, aunque, como veremos, ha cambiado el tono de su primera etapa que ya no rezuma placidez ni es optimista.

    En este pequeño estudio nos centraremos en los poemas inéditos de Marisa o en aquellos que han aparecido de manera esporádica en algunas publicaciones, como “Omnia”, “Azahar” o “Arena y Cal”. Son poemas que marcan su itinerario personal y vital y que, insistimos, merecerían una pronta publicación en forma de libro.

    AMOR

    Si tratamos de centrar algunos de los temas que muestra poeta maneja con más destreza veremos que el amor es uno de ellos, aunque, a menudo, ella se refiere a un amor perdido, a un amor que fue grande e inmenso y que ya no está, con lo cual ella se siente vacía y se siente perdida. Veamos algunos ejemplos, entresacados de los versos que ha ido escribiendo en la última década. En los siguientes versos, Marisa no quiere perder la ilusión porque, aun con el amor ausente, ella sigue sintiéndolo y eso es suficiente:

    “Pero me quedan las manos,
    -todas llenas de quimeras-,
    y me queda el corazón
    enredado con promesas
    de nuestro amor de cristal
    que no cesa,
    que no cesa.”

    De nuevo vemos la perdida física de ese amor, que provoca desconcierto en ella, pérdida, vacío:

    “¡Ay! contigo lejos,
    ni te veo a ti,
    ni siento tus besos.
    ¡Ay! que desde que te has ido,
    ni me perfumo, ni me miro
    y tus besos he perdido.”

    En algún momento, incluso, teme olvidarse de ese amor, del nombre que es quien lo definía mejor y pide que eso no ocurra nunca, porque mientras tenga el nombre, seguirá sintiendo:

    “No dejes que me olvide de tu nombre
    donde mi mundo empieza.
    Quiéreme tanto y tanto,
    para que nunca pueda
    olvidarme del nombre
    que es mi gloria.”

    Esta vez el desgarro es físico, habla de la no despedida, de la pérdida de esa amor que no le advirtió que se iría y ella no sabe a quién acudir y acaba refugiándose en la Divinidad:

    “Te fuiste de mi lado en el silencio
    de una noche, sin aviso.
    No me dijiste “adiós, volveré pronto.
    Amor mío, te llevo, estoy contigo”.
    Se sumaron deberes y utopías;
    y empezó para mí la primavera
    descortés, sin perfumes ni alegrías.
    Tú sabes bien, Señor, que me quedé en desvelo
    cien horas con el alma adormecida.
    Y empezó para mí la primavera,
    una noche de marzo trasnochada:
    perdida aquella paz inmerecida.”

    No olvida, sin embargo, su primer amor y nos lo trae fresco y jugoso como una flor recién cortada; aunque lo reviste, de un amor casi imposible, el amor de una especie de príncipe azul, al que ella no puede acceder:

    “Yo tenía dieciséis años.
    Te vi sobre el puente de piedra
    en la hora del Ángelus.
    Los rizos de tu pelo dorado,
    y aquel aire de ausencia
    -siempre tuviste ese aire de ausencia-
    me hicieron creer que eras
    un príncipe del Renacimiento
    y te amé para siempre.”

    Tampoco olvida, no obstante, Marisa, que el amor puede llegar en cualquier momento y así nos lo hace saber, en este poema, que dedicó a quien firma estas líneas, en su boda el pasado 15 de octubre de 2005:

    “¡Encontraste el amor, vencido
    ya, por fin, en el otoño.
    No en el verano ni en la primavera
    -aunque en este tiempo se gestara-.
    Maduró en el otoño,
    como las buenas frutas,
    los vinos de solera
    y los más bellos tonos de las tierras.
    Y no sabes cuanto, amiga mía,
    me alegra que florezca para ti
    El AMOR
    en cualquier época.”

    MAR

    olasEl mar es una presencia constante en la poesía de esta valenciana y no es de extrañar porque lleva en el color de sus ojos el del propio mar. Une, cabe señalar, con asiduidad, el amor con el mar y muchas de sus escenas las relaciona con el elemento marino, al que, según confiesa, adora.

    Aquí, en los siguientes versos, observamos uno de los elementos recurrentes de su poesía, el marinero, al que lanza sus quejas de amor, al estilo de la poesía popular:

    “Espuma con palmas
    arrastraba el agua.
    Marinerito ven,
    que se me llevan el alma.
    Que mi amor se pierde
    entre espuma blanca.
    Que el hombre que quiero
    se va por la playa
    caminando solo
    y a mí no me abraza.”
    En este otro ejemplo, se nutre del recuerdo:
    “¿Recuerdas aquel día frente al mar,
    la mañana de agosto que no volverá?
    Yo llevaba ajustada una blusa
    de florecitas malva,
    la gargantilla con hojitas de plata
    que brillaba en mi cuello
    como el mar.”

    Aquí se muestra sin fuerzas y lo lamenta porque sabe que sólo las podrá hallar de nuevo si sigue siendo fiel a su mar:

    “Tantas horas ajena, a las posibles penas venideras;
    porque yo adoro el mar, tan lleno de poemas,
    de veleros azules y gaviotas,
    de nombres en la arena.
    Pero mis alas están rotas
    esta mañana blanca, casi de primavera.”

    Este poema, casi infantil, vuelve de nuevo al amor perdido, lo deja en manos del destino, de manera tan simbólica, con un barquito de papel:

    “Puse el corazón por vela
    a un barquito de papel
    de un periódico sin fecha.
    ¿Qué día, sería aquel
    en que perdí el corazón
    en mitad de la marea?
    Yo creo que un timonel
    lo encontró entre los corales
    y se lo dio a una sirena.
    ¿Qué día volverá a mí
    el corazón que metí en un barquito de vela?
    De vela, vela y papel
    de un periódico sin fecha...”

    Fiel testigo del paso de los días, de las estaciones, Marisa pone un tinte nostálgico en sus versos cuando escribe:

    “Pasó el verano.
    Lo recuerdan las aves migratorias
    Viendo las olas del mar
    mis retinas se entretienen.
    Que lo mismo que tú:
    van y vienen.
    van y vienen.”

    Y es que el amor, como las olas, llega y puede volver a irse. No hay nada eterno y eso Marisa Company lo sabe muy bien.

    SENTIDO DE SU POESÍA

    Nuestra poeta sabe muy bien que ella escribe poesía y se siente “poeta”. Para sentirse así no hace falta haber publicado, basta con tener una sensibilidad a la hora de escribir que ella, sin duda tiene. De ahí que suela pensar en el porqué de sus poemas y quiera darles un motivo, más allá de las propias circunstancias personales. Leamos estos versos:

    “Si mis versos, medidos y sonoros.
    Tristes, alegres, dulces o abatidos,
    fueran capaces de llegar al fondo
    y ver la luz azul de mi futuro
    en las almas de otros.
    Si mis versos, no fueran el atisbo
    de ese mundo irreal, un poco ido
    en que vivimos los poetas todos.
    Si mis versos, no fueran esos trozos
    de mi ayer, de mañana, de ahora mismo.
    ¿A dónde iría yo perdido el tino,
    roto mi vuelo, mi sentir, mi nido,
    a descansar por fin en un destino;
    mi pluma de desvelo, de luz, de peregrino?”

    Ella, en la poesía, encuentra su brújula, su asidero personal, su tabla de salvación. Sabe que tras cada poema hay un trabajo de orfebrería que ella define de esta manera:

    “Amo tanto el sonido de la voz,
    la expresión, el cantar de las palabras.
    El nombre, el adjetivo, el verbo...
    Que pocas veces reparo en el silencio.
    Es muy fácil hablar de amor con frases;
    con miradas intensas o con versos.
    Pero callar días tras día, a tiempo...
    Amarrar las palabras y los gestos.
    Enmudecer el corazón con ecos;
    vivir con el amor a cuestas, hacia dentro,
    eso:
    Sólo lo hacen los santos, o los hombres
    con especiales privilegios.”

    DOLOR, ZOZOBRA

    Las noches son demasiado largas y el dolor viene a instalarse en el pecho de Marisa, por distintos motivos. Ella se siente vulnerable y no sabe qué hacer, por eso acude a sus versos:

    “Hoy tengo el alma oscura
    y claras las ideas.
    Algo que no comprendo.
    Fantasmas que me llegan
    tal vez desde la luna.”

    Su dolor es grande, porque a veces siente que la esperanza la abandona y el poema le sale derrotado:

    “Hace ya tiempo que el dolor
    me tiene prisionera.
    Es verde y blanco y trepa, hasta llegar al corazón
    lo mismo que la hiedra.
    No me deja pensar en cosas ciertas:
    Sólo vivo el momento, sin quimeras.”

    Y, sin embargo, vuelve a levantarse una y otra vez:

    “Con el poco coraje que me queda...
    -y unos trozos de luna-
    quiero hacerme un escudo
    y protegerme el corazón y el alma
    de todo desamor. 
    Tal vez añadiré un fleco de esperanza
    por si esta vez la vida
    tuviera compasión,
    y en su dura batalla, algún
    amor perdido, superado el dolor,
    me amara.
    Con el poco coraje que me queda
    y su pasión,
    me cubriera de besos las entrañas,
    desoyendo del todo la razón.
    Con el poco coraje que me queda...
    (28-1-98)”

    Justifica su dolor y se excusa ante los elementos naturales, que son sus aliados en estas y otras noches:

    “Esta noche de verano llora la blanca luna.
    Sus lágrimas alarga para templar mi pena.
    Ya no le escribo nanas, ni canciones pequeñas,
    y la luna se queja...
    Perdona mi dolor, luna de plata,
    es que perdí a mi amor una mañana
    en la revuelta de la mala suerte,
    y una muerte tan dura...
    ¿quién la puede escribir en las estrellas,
    o con tu luz de antorcha peregrina
    en las noches de las almas oscuras?
    ¿Quién?
    (3-9-00)”

    LA RELIGIÓN

    Decíamos, al principio, que Marisa Company es una mujer de honda fe, de sólidos principios religiosos que se plasman, como no podía ser de otra manera en su poesía. Así compone villancicos, pero no pueriles, sino llenos de crudeza y verdad, como los versos que transcribimos:

    “pero allí nació
    y fuera aún más Dios por ello:
    sin ropas, lumbre ni techo.
    Regalando su humildad
    a quien la quiera coger.
    Derrochándonos su amor
    desde aquel portal tan frío,
    ya entonces, desde el nacer,
    hasta la cruz del martirio.”

    A Dios hace depositario de sus más profundos sentimientos, sueños e ilusiones:

    “Oh señor qué silencio...!
    Sólo se oyen los pájaros
    y los trocitos de mi corazón.
    La flor de mi cerebro
    ha perdido sus sueños,
    tan sólo los recuerdos
    llegan al alba
    y a mis labios, sin besos,
    esta oración:
    Padre nuestro
    que estás en los cielos
    a ti te hago
    depositario de mis sueños...
    Amén.”

    (31-5-98)

    Escribe también poemas dedicados a la Pasión del Señor, llenos de belleza y de emoción:

    “VIERNES SANTO
    Los añosos olivos se secaron de pronto
    con el último hálito del Hijo.
    Enmudecieron los pájaros a un tiempo
    y el azahar del naranjo se quedó sin perfume.
    No hubo primavera en aquel Viernes Santo;
    tan sólo los jazmines y las almas de los elegidos
    guardaron su esperanza y su alegría
    para resucitar en la pascua de Dios:
    Su mismo día”.

    LA PÉRDIDA

    En los últimos tiempos, por distintos motivos personales, Marisa tiene un sentimiento de pérdida que no soslaya, es más, se recrea en él y nos lo transmite, entero, en toda su verdad:

    “HE PERDIDO...

    De canicas de colores
    he perdido tantas cuentas,
    que sólo me guardo tres
    para mis locas quimeras.
    La roja para el AMOR.
    La AZUL para ser poeta.
    La verde, verde manzana,
    para tener esperanza
    toda la noche, hasta el alba.
    De canicas de colores
    he perdido tantas cuentas
    ¡que con estas tres, me bastan...!
    (Pascua de Resurrección. Abril, 99)”

    O bien cuando, decepcionada de la vida, se sienta a contemplar y ve que las cosas no son como uno espera, que la realidad es cruel e implacable:

    “NADA ES ASÍ

    Nada es así.
    Ni los ojos tranquilos de los niños
    serán mañana así.
    Ni la fe que tuvimos en la vida
    volverá a ser así.
    Ni aquel barco velero que llevaba mi nombre
    la mañanita gris, en una playa.
    Sólo para los dos.
    Nada es así.
    Ni los hijos criados con el mimo
    de blancos jazmines...
    que querían ser médicos,
    o aladas bailarinas del ballet de la vida,
    mariposas doradas con las alas malva.
    Nada es así.
    Ni aquel amor que soñamos a los veinte,
    que juramos entonces...
    ¡Nada es así!

    Marisa quiere soñar despierta y quiere volver a otras épocas en que la felicidad era posible, pero es consciente de que eso no va a ser así:

    “Y sueñas que estás en el pasado
    y te quedas las risas y los besos,
    y los primeros pasos de tus hijos
    y sus manitas frías en tu aliento”.

    HAIKUS

    Si hay un género poético que Marisa Company domina es el haiku; esto es, el poema de origen japonés minimalista, que en unos pocos versos (tres o cuatrode 5 o 7 versos) quiere captar un matiz, un destello, una esencia. Ella no siempre respeta la métrica original, pero sí el trasfondo de estos pequeños poemas, auténticas joyas literarias.

    En los últimos tiempos, Marisa escribe haikus con frecuencia, se siente muy cómoda trabajando estos pequeños poemas que la alejan de realidades hostiles y la acercan al mundo de la belleza que ella tanto ama.

    Nos limitamos, sin añadir comentarios, a transcribir una serie de haikus escritos por ella:

    I.
    “Incienso y agua.
    Palomas con mensaje
    de risas blancas.”

    II.
    “Como rosados pezones
    de tímidas doncellas
    apunta brevemente
    la primavera.”

    III.
    “Amor,
    Ven esta noche.
    Te guiará una estrella
    de plata y cobre.”

    IV.
    “Naturaleza,
    El verano ya llega.
    Mi rostro coge sol
    en la vereda.”

    V.
    “Amor y naturaleza,
    El mar platea.
    En la noche salada
    tus besos llegan.”

    VI.
    “Ternura,
    Para mi amado,
    soy aire puro y fresco
    tras la ventana.”

    VII.
    “Amor y naturaleza.
    Fresas y azogue
    llevaban en el pico
    las golondrinas.”

    VIII.
    “Saltan las ranas.
    El verano se acerca,
    dicen croando.”

    IX.
    “Amor.
    El alce en el sendero
    copia tus pasos.”
    X.
    “Párate vida.
    Que es mi amor quien me salva
    de la rutina.”

    XI.
    JAIKU DE BODAS
    “La novia un loto blanco.
    Guirnaldas de almendro en flor
    para la capilla.
    El novio, junco de verde
    esperanza.
    Se unen para siempre:
    Otoñal primavera”.

    XII.
    “RECUERDOS
    En Navidad me hacías
    especiales regalos:
    Edelweis de cristal,
    asteriscos de hielo
    -junto al Portal-“

    XIII.
    TIERRA
    Esta tierra que veo
    es oscura, cálida y fértil
    como los abrazos de las madres.

    XIV.
    OTOÑO
    En las lagunas y los humedales
    brillan con sus libreas de Arco-Iris
    os patos migratorios.

    XV.
    BESOS
    Recuerdo la silueta de tus labios,
    su borde cincelado,
    sonando en el silencio de nuestros besos.

    XVI.
    EL AMOR

    El amor es un yo-yo.
    Sube y baja, baja y sube
    o se queda quieto en el corazón.

    XVII.
    POEMA ZEN

    Los niños jugando
    Tiran piedras a las ranas
    Que saltan en la alberca,
    Pero las ranas se mueren de nadar.
    (Por la violencia ignorante del mundo)

    XVIII.
    Se bañó en el tibio lago
    Por última vez
    Y cogió el solo nenúfar
    Que quedaba del verano
    Ya ido.

    LA AMISTAD

    Marisa Company valora mucho la amistad y se aferra a ella como un elemento principal en su vida, que la sustenta en las horas bajas, aunque echa de menos que sus amigos no estén más cerca:

    “Mis amigos tan lejos 
    -aquel amor perdido en desvaríos-.
    Quiero que pase el tiempo
    y me envuelva en olvido.
    Tal vez una plegaria
    me devuelva la paz.”

    Ha tenido que sufrir también la pérdida de amigos muy queridos y transcribimos un poema íntegro que así lo muestra:

    “A DAVID CHURIO IN MEMORIAM

    Ayer hablé con la Virgen
    -como pidiéndole cuentas-
    por dejarnos a todos sin ti,
    por tu muerte violenta.
    Ella, María, Virgen y Madre
    pionera en el dolor
    -aceptada de antemano esta experiencia-
    me dijo con esos ojos de mujer y de sirena:
    que este invierno, por tu ausencia,
    despertó antes de tiempo a toda la primavera;
    y que tu entrada en el cielo,
    ha estado llena de luz,
    con perfumes y colores de Navarra y de Valencia.
    Y para enjugar mis lágrimas,
    para mitigar mi pena,
    la Virgen me regaló,
    de su corona, una estrella,
    pidiéndome con su amor,
    ¡que siga haciendo poemas...!
    (febrero 2000)”

    No olvida a sus amigos actuales, quienes la aprecian y respetan a los que dedica hermosos versos, de los que sólo ofrecemos una muestra:

    “TUS MANOS (PARA JOSEP)

    Tienes las manos cálidas y grandes
    Y todo lo que llevas escondido dentro
    Lo derramas en ellas cuando estrechas
    Otras manos que capten su misterio.
    Las veces que he tenido el corazón a trozos
    Tus manos han sido como un bálsamo.
    Igual que mágicas y dulces tiritas que quisieran
    Mitigar y cerrar mis heridas.
    Tus manos ¡qué misterio!”
    (Valencia, 32-6-03)

    Su amiga Ana es la depositaria de estos versos tan hermosos y entrañables:

    “Hoy visité un lugar privilegiado.
    Estuve dentro de una mujer mortal
    Que tiene el corazón y el alma de cristal.
    Con el badajo de mi aliento azul
    Compusimos, las dos, una nueva Canción de Libertad.”

    Y estos otros que dedica a una niña que va a tomar la Comunión, una niña que, se me perdonará el matiz personal, es mi propia sobrina, a la que también, en su día, dedicó una hermosa nana:

    “CANCIÓN PARA ELBA-MAR

    Te harán las golondrinas
    De jazmines y de sándalo
    Una corona.
    Y muchos gorriones, ese día,
    Piarán a tu paso.
    Niña Elba.
    Niña de Mar.
    Tu tallo va creciendo
    En la tierra de tu juncal.
    Que bendiga siempre Dios 
    Tu caminar.
    Niña Elba.
    Niña de Mar. (9/6/06)

    POEMAS DE CIRCUNSTANCIAS

    No desdeña, Marisa tampoco su entorno y sigue fiel a lo que ve; de ahí que cualquier paisaje, cualquier elemento de la naturaleza, cualquier escena sean motivos de su inspiración como estos cuatro poemas que copiamos a continuación:

    “BEGUR (LA CASA)

    Hay un quejido en el aire,
    con la sal del mar al fondo
    y en el cielo unos celajes blancos , malva,
    enredaderas de encaje.
    Frente al mar crece un ciprés,
    que con coraje pretende,
    partir en dos la línea de horizonte.
    -Como es joven tiene sueños
    inalcanzables al hombre-.
    Por la noche, las estrellas,
    se en tan cercanas, tanto,
    que levantando las manos
    te puedes hacer con ellas
    ¡su ramo de luz y llanto!
    Al alba, me despertaban cantando
    dos mirlos... ¿Serían blancos? 18-3-2000”

    “LA NIÑA DEL PARQUE

    Unos rizos dorados, casi albinos.
    Unos ojos tranquilos, de muñeca.
    Unos pies de paloma, diminutos.
    Una carne más fresca que la hierba.
    Una boca color de buganvilia.
    Unos dientes de risas en hilera.
    Unas manos para coger la vida.
    Una frente para escribir poemas.
    Unas cintas al aire, con encajes,
    envuelven hoy, mañana de domingo,
    a la niña del parque”.

    “NAÏF

    De piedra se quedó el pájaro
    tras la nevada:
    flor del invierno en una rama.
    Cuando el Sol lo derritió
    -en mitad de la mañana-
    se hizo un corazón en tierra
    de sangre blanca.
    Del otro lado del río,
    un volteo de campanas
    al pequeño gorrión 
    una oración le cantan.
    De piedra se quedó el pájaro
    tras la nevada.”

    “A BLOSSOM (MI GATITA VIVAZ)

    Blossom, mi gatita compañera,
    que ha roto mi soledad
    con sus ojitos de gheisa.
    Juega Blossom, con las sombras chinescas,
    de una pared engañosa
    que le muestra maripositas de seda;
    unas sombras que lloraban,
    antes de que ella viniera,
    a romper mi soledad,
    a compartir mis quimeras.
    Blossom.
    (31-10-97)”

    Marisa Company es una persona curiosa y asombrada ante el prodigio de la vida. Donde otros no ven más que un elemento accesorio, algo imperceptible, ella ve vida, cariño, amistad; ella ve una posibilidad de goce y disfrute para el alma:

    “PRIMAVERA

    La nube teje y desteje
    el hilo de la lluvia
    que no aparece.
    Se esconde la primavera
    buscando el sol
    que no tiene.
    Déjame un clarito azul
    que saque mi traje verde
    que estamos en primavera
    y mojadita no viene.
    La nube teje y desteje
    paraguas de colorete.”

    Marisa vive los ciclos de la naturaleza, vive las estaciones y las siente en su alma. Le gusta el otoño, aunque le produce nostalgia y ama la primavera; en cambio no disfruta del verano, que le trae zozobra y angustia.

    FAMILIA

    Su familia, los recuerdos, las nostalgias es uno de los grandes temas de Marisa Company. Todo gira en torno a su marido y a sus hijos. Sus tres hijos siempre están presentes en su pensamiento. ¡Qué no daría ella por volver a su infancia! Pero sabe que es imposible y la realidad es implacable y nada queda, sólo los recuerdos que, en lugar de alegrarla, en este caso, le producen ausencia y tristeza:

    “Eran tres niños como girasoles.
    Eran tres risas juntas y una sola.
    Eran seis ojos como el mar, azules.
    Eran espuma blanca entre las olas.
    Eran brizna de hierba hacia las nubes.
    Eran nuestro presente a todas horas.
    Eran brotes, nacidos de mi vientre.
    Y sin saber por qué, tus girasoles,
    dejándose arrastrar por vientos de poniente,
    se marchan de tu lado sin aviso,
    o se van de la vida, ¡para siempre!”

    Pero es a Paco, su compañero de toda la vida, a quien dedica los poemas más sentidos, los más tristes y rotundos. Con su ausencia dejó un pozo insondable en el alma de Marisa, un agujero que ni toda el agua del Mediterráneo podría colmar. Marisa Company se siente sola, diezmada sin su marido y le dedica versos que brotan directamente de su alma atormentada y doliente:

    “ETERNIDAD (A PACO)

    El sudor que se quedó en tu frente,
    lo recogí con besos en la madrugada.
    Un trozo de luna se escondía,
    -apuntaba el alba-
    para llevarse mi dolor terrible
    a esconderlo en la mar, entre las algas,
    y devolverme la paz y la sonrisa,
    que se quedó en tu cara.”
    (12-7-97)

    AUSENCIA (A PACO)

    “Se beberá mis lágrimas la luna
    en este otoño tan triste y amarillo.
    Ya no estarás sentado junto a mí
    en el banco del parque,
    y nuestros pies,
    cubiertos por las hojas venidas
    de los árboles,
    hoy, volarán a mi alma,
    tan vacía, sin ti.
    (23-9-97)”

    A PACO. In memoriam

    “Se adelantó el otoño aquel agosto
    y se quebró mi vida en dos mitades.
    Inesperadamente los peldaños
    -que me quedaban por subir contigo-
    se agrietaron para siempre.
    Todo cambió sin ti.
    Los hijos y la casa se quedaron ausentes.
    Llevé mi soledad con poemas muy tristes
    y todas las plegarias juntas...
    Pero... tan sólo los amigos
    y los gorriones
    me ayudan a seguir con el regalo de su amor
    y el gozo de sus trinos...
    (4-11-99)”

    LOS ÚLTIMOS BESOS (A Paco in memoriam)

    “El tibio sudor que se quedó en tu frente
    lo recogí con besos aquella madrugada.
    Se escondía la luna, aparecía el alba,
    para llevarse mi dolor terrible
    a esconderlo en la mar, entre las verdes algas,
    y traerme, con sus manos aladas,
    la sonrisa de paz
    que se quedó para siempre en tu cara.
    (Agosto 1997. Parque de Viveros, Valencia)”

    Leyendo estos poemas que aparecen perfectamente fechados uno puede entender el proceso del dolor de Marisa ante la muerte, la gran ausencia.

    FINAL

    Mucho más podría decirse de Marisa Company quien hace de su propia historia la materia poética de la que nutre sus versos. Es capaz, así, de distanciarse y de contemplar su camino y seguir adelante pese a tristezas, sinsabores y dudas.

    La poesía de Marisa es sobria y sencilla, pero con una sencillez llena de ritmo, algo inherente a ella misma, que es incapaz de explicarse porque brota de manera espontánea. Maneja muy bien los estribillos, las repeticiones, los paralelismos, las anáforas y otos recursos estilísticos que confieren a sus poemas un aire musical. Usa pocos adjetivos, porque prefiere la palabra desnuda, libre de adornos, nombres y verbos. Ama las grandes palabras porque su poesía es verdadera y alude a términos enormes, rotundos, llenos de sonoridad y esencia.

    Una característica de Marisa Company, que hemos respetado en varios de sus poemas, es que los fecha con cuidado porque le gusta volver a ellos y retomarlos, si es preciso, y rehacerlos porque, queda dicho, que se toma muy en serio esta tarea de componer poesía y respeta a sus posibles lectores trabajándola hasta que considera que está terminada la composición. Normalmente maneja el arte menor y las rimas asonantes que imprimen frescura y musicalidad, como también hemos apuntado en estas líneas.

    Marisa Company se toma muy en serio su poesía y allí, en su casa de Valencia, escribe cuando se siente mal, cuando se siente sola; escribe cuando está contenta; escribe cuando quiere agradecer a Dios; escribe buscando la esperanza; escribe buscando la salud y el consuelo, buscando apresar el tiempo que es traicionero. Sólo precisa, para seguir en pie, una brizna de esperanza que le permita seguir contemplando la realidad con los mismos ojos azules de la niña que fue y que, en algún lugar de su alma, sigue siendo.

    En este último diciembre de 2005, en su Parroquia, le han brindado un hermoso homenaje ya que ella misma ha podido compartir con sus amigos y vecinos sus poemas. Ojalá estas líneas sirvan de proyección y de reconocimiento a su obra.

    Y, como síntesis de lo dicho hasta aquí, acabamos con uno de sus poemas que sintetizan, de alguna manera, todo el quehacer poético y humano de Marisa Company:

    “IN MEMORIAM

    Con una escalera
    de seda y acero
    intentaré, despacio,
    llegar hasta el cielo.
    El cuchillito de la luna nueva
    y la luz de las luciérnagas,
    me llevarán a tu alma, ligera.
    ¿Pero cómo encontraré tu cuerpo?
    Tal vez el perfume
    de los jazmines frescos
    que siempre llevaba en mi pecho
    hará que seas tú
    quien me encuentre primero.
    Buscaré tu corazón –cariño mío-
    después de tanto tiempo.
    Con mi escalerita
    de seda y acero,
    espérame pronto
    que voy hasta el cielo.
    Escalerita.
    Amor.
    Jazmines.
    Luciérnagas.
    Dolor.
    Seda.
    Acero.
    (13-5-2005)






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