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  • BIOGRAFÍAS - VOCES AMIGAS

    ROSA RUIZ GISBERT

  • Rosa Ruiz GisbertRosa Ruiz Gisbert (Málaga, 8-9-1937), quien nos dice que: “Nací en Málaga, de donde no me he movido”, sabe que escribir es algo que no siempre sale a la primera y ella se dedica con ahínco a corregir, a enmendar sus textos hasta que los convierte en pequeñas muestras de una gran belleza formal, conceptual y emocional como veremos. Quizá el Mediterráneo y toda la cultura que lo envuelve ha hecho nacer en ella una especial sensibilidad para la poesía y para el relato.

    En la actualidad está jubilada –no de la escritura, por suerte-, aunque, como ella misma nos cuenta: “He trabajado durante toda mi vida en distintas administraciones del Estado y Locales. Soy Diplomada en la carrera de grado medio de Graduado Social, la cual estuve ejerciendo durante un tiempo, en que dejé la administración, para luego volver a lo mismo”.

    Rosa Ruiz es una apasionada de la lectura. Puntualiza que le gusta leer desde niña, “en que leía tebeos y cuentos de hadas, los célebres Cuentos de Calleja y todo lo que caía en mis manos”. Escribe desde muy jovencita, “porque cuando leía a los “buenos” quería parecerme a ellos”. Además, puntualiza, “escribo porque me gusta leer y cuando leo a algún autor con el que siento afinidades me dan ganas, no de imitarlo, pero sí de hacer lo posible por ser tan buena como él. Es meterse en otro mundo, sobre todo con la poesía que te pone en una onda distinta a todo y no puedes forzar porque entonces no sale nada”.

    “Mis libros favoritos –nos va diciendo-, o los que yo considero mejor escritos desde mi punto de vista, aparte del “Quijote”, que es un libro universal y con el que más me he divertido, son “Guerra y Paz”, de Tolstoi. Me gusta mucho “Cien años de soledad” y, en general, todos los latinoamericanos: Vargas Llosa, Ciro Alegría, Cortázar, Benedetti y Borges. Me encantan los cuentos de Dino Buzati.” Es una lectora ecléctica, quien también siente predilección por Juan José Millás, Paul Auster o Saramago. Detrás de todo buen escritor, hay un mejor lector, que es el caso de Rosa Ruiz quien dice, además, sentir admiración por ciertos poetas como Juan Ramón Jiménez, R. Tagore, Vicente Aleixandre, Lorca, Alberti, Miguel Hernández y añade, a algunos poetas malagueños como Emilio Prados, Alfonso Canales y Mª Victoria Atencia, a quien, confiesa, “le gustaría parecerse”. Y, puntualiza, “Gustavo A. Bécquer, de quien bebimos casi todos”. Es más, se sabe buena lectora pero “me angustia no poder leerlo todo. Me moriré antes de leer todo lo que necesito”.

    Rosa Ruiz Gisbert con Anabel SáizLas aficiones de Rosa Ruiz son variadas y abarcan distintos ámbitos. Le gusta el cine, el teatro y la música, sobre todo la clásica y el jazz. Es aficionada a asistir a aquellas conferencias que le resultan atractivas y se muestra como una buena “viajera”, ya que siente la curiosidad por ir a sitios en los que no ha estado nunca y también por volver a aquellos que ya visitó a alguna vez. “Mientras el cuerpo aguante”, puntualiza.

    Otra faceta suya, más ligada a la escritura de lo que pensamos, es la pintura. A Rosa le gusta pintar, aunque hace años que no coge el pincel. Es una mujer de gran modestia que piensa que “el pulso ya no lo tengo muy bien que digamos”, aunque sí lo tiene bien para escribir y, sobre todo, en poesía, se refleja este gusto por los colores y por el estilo impresionista.

    Rosa Ruiz Gisbert participó durante varios años en el Taller Literario de Fuentetaja, donde aprendió, como dice, “a escribir algo mejor”. En este taller, valga la nota personal, nos conocimos y desde entonces he crecido con mucho interés y admiración todo lo que escribe y publica. A raíz de dicho taller se publicaron varios libros colectivos en los que Rosa Ruiz también participó y que mencionaremos después.
     
    OBRA (“NOS DECÍAMOS POEMAS MUY BAJITO”)
    Esta escritora malagueña huye de los protocolos y de las palabras vanas y se escuda en una gran modestia cuando trata de explicar por qué escribe: “Me parece una tontería decir que para vivir otras vidas o algo por el estilo. Creo que para pasar el rato, pasar la vida...”.

    Rosa Ruiz Gisbert es una mujer curiosa muy de su tiempo quien, básicamente, cultiva prosa y poesía, pero que también ha hecho –y hace- alguna aportación ensayística. Destacan sus artículos publicados en la revista cultural y científica “Isla de Arriarán”, que comentaremos rápidamente, antes de centrarnos en sus textos literarios. En esa revista, pues, ha publicado los siguientes artículos que enumeramos por su interés:

    1994 – LA BIZNAGA (FLOR DE ARTESANÍA)
    Habla de la biznaga, que son jazmines ensartados en la umbela seca de una planta umbelífera que crece en los campos. Se ensartan cuando aún están sin abrir y cuando abren dan un olor intenso. Se venden prendidas en una hoja de penca durante los meses de verano. Es muy típica de Málaga.

    1995 – HISTORIA DEL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE BENALMÁDENA
    Realiza una historia del Museo y de su fundador y director vitalicio (ya fallecido, pero que cuando realizó el trabajo aún vivía) Felipe Orlando, un pintor muy famoso en Cuba, México y Nueva York, escritor también, que vino a pasar sus últimos años a Benalmádena y se hizo cargo del Museo al que aportó numerosas e interesantes piezas de la cultura precolombina. El Museo ha sido restaurado recientemente.

    1996 – EL “PASO” DE BENALMADENA (EL SABOR DE LAS TRADICIONES)
    Escribe sobre el “Paso”, una tradicional representación de la Pasión que se hacía el Jueves y el Viernes Santos. La propia escritora formó parte, hace como más de treinta años, en una de las representaciones. Hacía de Claudia, esposa de Pilatos.

    1998 – CASTILLO DE COLOMARES
    En pleno corazón de la Costa del Sol malagueña, a doscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar, se alza un edificio único que aúna todos los estilos arquitectónicos hasta el siglo XVI. El Castillo de Colomares es el más sugestivo de los monumentos al Descubrimiento de América.

    1999 – CASTILLO DE ÁGUILAS
    Descendiendo por un sendero junto al Castillo de Colomares, el viajero curioso se encontrará en el Patio de Halcones (explanada situada a 250 metros sobre el nivel del mar), donde, a diario, tiene lugar una demostración única: la de aves rapaces en vuelo libre. (Hubo, hace unos años, una polémica porque parece ser que unas águilas habían sido traídas clandestinamente).

    1999 – SOBRE LA COPIA DEL CUADRO “FUSILAMIENTO DE TORRIJOS” QUE SE EXHIBE EN EL ARCHIVO MUNICIPAL DE MÁLAGA
    Entre 1886 y 1888 Antonio Gisbert Pérez pintó, por encargo, el emblemático cuadro “Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga”. En 1932, un pintor malagueño, Ceferino Castro Torres, a quien hoy nadie recuerda, donó al Ayuntamiento de Málaga una copia de dicho cuadro que se exhibe en las escaleras del Archivo Municipal de Málaga.

    2003 – LA PARTICIPACION DE UNA MUJER EN EL DESCUBRIMIENTO DE LA DOBLE HÉLICE DEL ADN
    El 25 de abril de 1953 James Watson y Francis Crick publicaron en la revista Nature el descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN, utilizando datos reunidos por la científica Rosalind Franklin y que ésta no había analizado suficientemente.

    2006 - BREVE HISTORIA DEL BRIGADIER DE LA ARMADA ESPAÑOLA D. TOMÁS DE SOSTOA Y ACHÚCARRO.
    Existe en Málaga una calle denominada Héroe Sostoa a la que los malagueños suelen nombrar como “Héroes de Sostoa” y, a veces, Héroe de Sostoa”, lo que lleva a pensar que “Sostoa” sea una batalla cuando se trata del apellido de D. Tomás de Sostoa y Achúcarro, doblemente héroe: en las batallas por la independencia española contra los franceses y en las guerras de la Independencia americana.

    Pendiente de publicar: MARUJA MALLO Y LA GENERACION DEL 27

    Cuando se habla o se escribe sobre la Generación del 27 suele centrarse el discurso sobre la literatura y los hombres. Es decir, se olvida que también había pintores, escultores, músicos… y, por supuesto, mujeres. Este trabajo se refiere a una de esas mujeres, pintora, que pocos a estas alturas conocen y que influyó y se dejó influir del espíritu de una generación que ha entrado en la Historia por la puerta grande.

    Y ya, sin más dilación, vamos a reseñar algunas de sus publicaciones para pasar, después, a tratar de desentrañar las claves de su obra. Rosa Ruiz publicó en 1970 un relato en “La Hoja del Lunes”, titulado “El peso del silencio”, que ya no conserva. Siguió con algunos artículos de Parapsicología que publicó en “Sur” en 1977 y ya empezó la aventura más propiamente literaria con:

    -“Sonetos al amor ausente” (1990)
    -“Seis sonetos y una dedicatoria” (1991)
    -“Del otro lado”, relato publicado en la revista “El Parnaso” (1992) y en “Cartel de las letras y las artes”, suplemento de la prensa canaria (1993).
    -“Frente al mar” y “No Smoking”, relatos publicados en “Papel Literario”, suplemento de la prensa malagueña (1994)

    Rosa Ruiz Gisbert libro En cuanto a sus publicaciones conjuntas:

    -“Voces al aire” (1986), que son sus primeros versos.
    -“Kartio” (1988), poesía, editado por el Departamento de Actividades Culturales de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga. Rosa Ruiz es cofundadora de la Asociación Kartio de poesía (1988)
    -“In memoriam” (relato) en “Relatario” (1992), Taller de Fuentetaja
    -“De puntillas” (relato), en “Apuntes disparos, tal vez fuegos” (1993), Taller de Fuentetaja
    -“Un conejito de peluche blanco”, (relato), en “De una voz plural” (1994), Taller de Fuentetaja.
    -“Un árbol en mitad de la siesta” (poemas), en “Juego de damas” (1993), Instituto Andaluz de la Mujer.
    -“Al filo de las palabras” (poesía), en “Amarillo de Nápoles” (1995), Instituto Andaluz de la Mujer.
    -“Mediterráneo” (poesía), en “Todos los rostros que soy” (1996), Instituto Andaluz de la Mujer.
    -“Sugerencias” (poesía), en “El té de las siete” (1996), Delegación de la Mujer del Ayuntamiento de Málaga.
    -“Cuentos de narradores malagueños” (relato) (1997), Centro Cultural de la Generación del 27.
    -“La hora encendida” (relato) en “Encuentro” (1997), Encasa.
    -“Ausencias” (poesía), en “Wallada” (2001), Instituto Andaluz de la Mujer y Ayuntamiento de Málaga.
    -“Poemas”, en “Aljibes” (2002), Agrupación Hispana de Escritores.
    -“Relatos breves”, en “La hora del té” (2003), Instituto Andaluz de la Mujer, Ayuntamiento de Málaga y la Asociación de Mujeres Alas.
    -“Relatos breves” en “Herotico`s” (2005), Instituto Andaluz de la Mujer y la Asociación de Mujeres Alas.

    Rosa Ruiz Gisbert libroCabe destacar algunos libros en solitario:

    -“Decires y silencios” (1994), Antigua Imprenta Sur (Dardo) y el Instituto Andaluz de la Mujer.
    -“Postales” (2002), Humus Project, S.C.A.

    Por otro lado su producciones han sido también premiadas:

    -Accésit Premio Relosillas, 1993 por “Víctor, Tina y la literatura (un amor total)”
    -Accésit Certamen de Cuentos del Ayuntamiento de Mijas, 1994 por “Demolition Bar”
    -Finalista al Premio Relato Breve Ciudad de Peñíscola 1995 por “Un puñadito de trapos”
    -Segundo Premio de relatos de la Asociación Agora de Málaga 2002 por “Carpe Diem”
    -primer Premio de poesía de la Asociación de Mujeres Peñas Blancas, de Estepona, 2003 por “La flor del paraíso”
    -Accésit de poesía Ayuntamiento Loja 2005 por “Pequeños poemas”.

    Aparte, por supuesto, hay muchos otros poemas desperdigados en numerosas revistas de la Asociación Hispana de Escritores (Alisma y Autores-Lectores), así como su participación de varios libros de homenajes a poetas. Y, sin duda, aún hay mucha obra inédita que, quizá, vea la luz a partir de este estudio.


    OBRA POÉTICA (“ETERNA FELICIDAD INSTANTÁNEA”)

    La poesía de Rosa Ruiz Gisbert no es ni casual ni de circunstancias. Detrás de sus poemas hay un trabajo de orfebrería y precisión, porque ella no se queda contenta con el primer resultado, sino que vuelve una y otra vez a sus versos y los pule y les saca las impurezas para convertirlos en pequeñas obras maestras. Y con ello, contra lo que pudiéramos pensar, no pierde ni frescura ni elegancia. Sus versos son rotundos, podríamos calificar la poesía de Rosa Ruiz de poesía intelectual, aunque no hermética. A veces roza lo minimalista, puesto que persigue llegar a la depuración máxima, a la esencia del verso. No emplea adornos innecesarios, Rosa, ni siquiera hermosea sus versos con palabras huecas de ésas que ya imprimen ritmo, no, porque ella es una artesana del poema. Escribe poesía con absoluta seriedad y no se queda contenta hasta que no ha dado la vuelta a sus palabras. Tal vez eso lo haya aprendido de los grandes maestros como Bécquer quien, tras la aparente sencillez de sus “Rimas”, oculta toda una labor exhaustiva o de Juan Ramón Jiménez quien nunca estuvo del todo satisfecho con sus poemas, sólo cuando había llegado a la rosa metafórica: “No lo toques ya más, que así es la rosa”. Eso mismo podríamos decir de Rosa quien toca sus poemas hasta llegar a la rosa, entonces nos los entrega, puros, sin estridencias, sin ruido.


    I. DEUDAS Y A FECTOS (“QUE SU VERSO INACABABLE CLAMA”)

    No es infrecuente encontrar en los poemas de Rosa Ruiz las huellas de aquellos poetas que admira, pero no sólo eso, sino que dedica hermosos poemas a estos mismos poetas y lo hace fijándose muy bien en sus versos para tratar, así, de encontrar el sentido en los mismos y la palabra justa que los evoque.

    Cuando homenajea a Miguel Hernández se fija en su primer libro, “Perito en Lunas” y, así como el poeta de Orihuela, que se consideraba sólo diestro en el satélite lunar, así Rosa lo recrea en un hermoso soneto que empieza así:

    “Se destaca Selene, toda roja,
    cual Venus de las aguas emergiendo,
    nocturno que se abisma, resurgiendo
    claridades de esmeralda de la hoja”.

    De Jorge Guillén destaca su primor a la hora de cerrar el verso, su perfección formal:

    “Tersura de la página numerada.
    Concluida la obra con afán,
    Lo que dice, lo que calla...”.

    Cuando se refiere a Alfonsina Storni lo hace en segunda persona ponderando los deseos de esta mujer que quiso ser libre y se tropezó contra la realidad. Es también un soneto el que encierra tanta belleza:

    “Quisiste ser inmensa como el aire
    cuando solo eras triste cisne errante
    cansada de vagar por el espacio,
    rota vigilia de apagados días”.

    A Salvador Rueda le dedica otro hermoso soneto en clave modernista, como no podría ser de otra manera:

    “Un halo misterioso y estremecido 
    se apodera del vate que llora y canta
    música alada y luz arrebatadora”.

    Y, de nuevo, apela a la segunda persona para dirigirse, de tú a tú, a la gran Gabriela Mistral:

    “ahora que tu voz me llega,
    dulce, desde un cósmico paisaje
    y la oigo confusa y como secreta
    en su desolada grandeza;”

    Hay también muchos guiños a poetas a los que sigue en sus versos, así encontramos un claro reflejo lorquiano en el poema “Tarde lluviosa” (“Kartio”). En otro poema, “Yo me iré”, evoca “El viaje definitivo” de Juan Ramón Jiménez cuando dice:

    “Yo me iré
    y la rosa seguirá siendo la rosa” (en “Kartio”)


    II. ESCENARIOS (“GUARDIANES DE UN PASADO GLORIOSO”)

    Rosa Ruiz es una mujer observadora y paciente. Sabe contemplar el paisaje y sabe apresar el instante. Viajera infatigable, con o sin achaques, Rosa llega a una ciudad y la mira con ojos de pintora para luego, en la quietud del recuerdo, plasmarla en sus versos.

    Así, el librito “Postales” recoge instantáneas de distintas capitales, como si quisiera apresar en su mente el impacto que recibió cuando transitó por sus calles o cuando las recreó. Pero no se fija en aspectos comunes, en aquellas cosas que llaman la atención de las ciudades; no, Rosa va más lejos y apresa sensaciones y las huellas que dejaron en su alma esos lugares.

    De Barcelona destaca:

    “Turbio aliento en los mercados
    signo visible que va más lejos
    de esta ciudad ensimismada
    y antes de que aparezca el sol purifica 
    a pesar del ruido del mundo”.
    “A pesar del ruido del mundo” que parece haberse dado cita en Barcelona, la ciudad sigue mirándose en el mar porque,
    “¿A qué insistir sobre el tiempo
    si es un fulgor que permanece...?”

    De Florencia se queda con la personificación del Ponte Vecchio y la presencia tranquila del Arno, aunque no es ajena a la obra que se esconde en sus entrañas:

    “La obra de los artistas muertos
    ciega como el fulgor de sus ventanas
    al atardecer”.

    Cuando se acuerda de Génova la viene a la mente esa especial huella que deja el tiempo en los edificios:

    “Sólo la piedra
    con esa callada elegancia
    que encierra la sangre fría y azulada
    de los mármoles”.

    Lisboa es para ella una “ciudad abierta” en desorden, amada por el mar y por el río:

    “Abrazo de mar insondable o de río;
    el abrazo de la tierra y las aguas
    bajo un cielo herido de amarillos”.

    Otra es la sensación que le deja París, el “olor a bosque”, el color del cielo, aunque sabe bien que:

    “porque el recuerdo no es ya el mismo
    sino un aleteo de mariposas
    y el aroma dulce de las lilas...”

    De la inmortal Venecia destaca, como no podría ser de otra manera, el agua, aunque de manera nostálgica, decadente, como la ciudad:

    “No es su agua pasajera o huidiza,
    sino agua eterna que pudre recuerdos
    bajo fantasmagóricos aleros”.

    Son ciudades en las que no hay presencia humana, como si fueran ciudades vacías o desposeídas, diluidas en el tiempo, solas y quiméricas. A Rosa Ruiz le impresiona tanta belleza y, a la vez, la deja desarmada y le duele porque la sabe antigua, fuera de nuestro tiempo, como le ocurre a Viena:

    “Qué cegadora hermosura intemporal
    pende desde esos túmulos secretos
    fiel e inmarcesible. Marmóreos
    guardianes de un pasado glorioso”.

    Rosa sabes ver detrás de la belleza el peligro o el dolor escondido y así lo plasma cuando habla de Ámsterdam:

    “... ese trasnochado maniquí
    (falsa belleza al escorzo de una luz
    cenital) vende un simulacro de amor.
    (Eterna felicidad instantánea)”.

    En sus “Postales” vemos como la poeta recrea el color de los cielos, el aroma, el pasado glorioso y lo hace con suavidad, casi de puntillas, como para no despertar a esas colosales ciudades... que duermen. Al fin y al cabo:

    “Todas las piedras
    hablan el mismo idioma” (en “Decires y Silencios”)


    III. RECUERDOS (“¿Y DÓNDE ESTÁ LA NIÑA AQUELLA?”)

    Tiene la certeza Rosa Ruiz de que el tiempo no se detiene y, aunque lo sabe bien, no deja de sorprenderse por ello porque, si echa la mirada atrás, ve que son muchos los recuerdos y no sabe muy bien cómo organizarlos o, mejor dicho, sí lo sabe, pero siente nostalgia y la abruma la memoria o la desmemoria ya que no es capaz de apresar el instante del ayer porque... éste ya se fue, ya no es suyo, sino del recuerdo:

    “Quisiera encontrar mi canción;
    aquélla que canturreaba cuando era niña
    mientras me balanceaba;
    aquélla que decía bajito a mi muñeca,
    desgreñada y rota,
    pero ¡tan apreciada!
    ¿Dónde está mi canción preferida?
    ¿Dónde mi muñeca vieja?
    ¿Y dónde está la niña aquella?” (de”Voces al aire”).

    Busca ese pasado en su antiguo barrio para reconocerse en él y no perder su identidad, más no lo encuentra porque:

    “Era todo tan distinto de cómo lo venía pensando...” (en “Poemas urbanos”, de “Voces al Aire”).

    Rosa rinde homenaje a su madre, a su poder balsámico y le evoca, perdida entre todas las cosas:

    “Me agito,
    mas vuelvo pronto al sosiego:
    mi madre sonríe desde la puerta” (en “Kartio”)

    No obstante, la muerte, con su carga implacable, ha pasado por su casa:

    “Ahora casi todos están muertos:
    padre, madre, la vecindona aquella...
    (...)
    Y todas las cautivas palabras
    Amontonadas unas sobre las otras,
    yacen ahora fundidas con el polvo,
    conversando despreocupadamente” (en “Decires y Sentires”)

    Al fin parece hacer las paces con esos recuerdos:

    “Hoy, he vuelto al lugar de mis recuerdos,
    he encontrado el estanque seco
    y no se ha levantado el viento” (“Rememorando”, en “Kartio”)

    Pero no puede evitar, de vez en cuando, mirarse y preguntarse por ella misma, por su identidad:

    “No es posible que sea yo
    esa chica del retrato” (en “Juego de Damas”).

    Lo mire por donde lo mire:

    “Llevose mis días de infancia
    y el recuerdo de amados rumores” (en “Juego de Damas”)

    Después de todo, se impone un atisbo de serenidad y:

    “No pretendas
    que escriba el mismo poema;
    ya no es la misma la sangre,
    que sigue su curso el agua
    y suena el verso en otra parte” (en “Decires y Silencios”)

    Se sabe vulnerable la poeta malagueña y lucha para superarse:

    “¡He de sacudirme tantas nostalgias!
    Sé que nunca me sentiré satisfecha
    ni me convenceré del todo.” (en “Al filo de las palabras”, en “Amarillo de Nápoles”)

    En sus últimos poemas, Rosa Ruiz, que camina hacia la edad dorada, muestra una total clarividencia y una tristeza contenida cuando piensa que acaso llegará el día en que no sepa ni quién es:

    “Ha llovido mucho sobre mi infancia
    y en un desorden si me miro al espejo
    en esta imagen nueva
    de piel marchita y ojeras de otoño.
    Cualquier día asomará un temblor
    yo volveré la cabeza altiva
    posaré los ojos sobre un libro
    del que apenas sabré el contenido” (“Yo”, en “Pequeños Poemas”)

    Pero el motivo recurrente de la memoria no la deja en paz:

    “Cautiva la memoria
    vuelvo al laberinto de mis horas de niña” (en “Pequeños Poemas”)


    IV. MAR (“CONVERSANDO CON LA MAR”)

    Rosa Ruiz ha vivido toda su vida en una capital que tiene mar, que está abierta a todas las culturas, que ha recibido mil influencias y ella se siente heredera de toda esta tradición, por lo tanto es usual la alusión al mar o a todo lo que haga referencia con él, ya sea como realidad física o como influencia constante, así, Rosa, como la barca, también sueña:

    “Y en la arena fría,
    con la espuma blanca
    la barca soñó”.

    Sigue, esta vez en primera persona, soñando:

    “Siempre que miro a la mar, sueño.
    Y soñando, soñando, en la mar me pierdo”.

    Nótese que Rosa Ruiz, como Alberti, habla de la mar, no del mar, eso lo hace porque para ella es una presencia cercana, de siempre y, a la vez, respetada ya que sabe de la fiereza del mar, como lo saben las gentes que viven de ella.

    Le impone también la presencia rotunda del mar y así lo exalta en el poema dedicado al “Cabo San Vicente”:

    “Nunca sabrás si es el mar
    la fuerza que estalla en el encuentro
    o si la tierra se adelanta buscando
    la pulposa espuma”.

    Y, a manera de canción popular, nos dice:

    “Algún día te dejaré por la mar, madre” (en “Kartio”)

    Al mar dedica “Mediterráneo”, en “Todos los rostros que soy”, un conjunto de poemas enamorados que rinden tributo a nuestro mar, a este Mare Nostrum:

    “como si el anhelo del agua
    no anegara tantas guerras perdidas”

    El deseo más íntimo de Rosa se verbaliza cuando dice:

    “Y en la quietud de la tarde
    quisiera ser una pequeña barca
    con el viento de favor” (en “Pequeños Poemas”)

    Al fin, el mar y el amor, el dolor y el recuerdo parecen unirse:

    “Ese estallido
    de sal, de mar, de toros montaraces,
    como fulgor de lo instantáneo pasa
    y él vuelve a soñar con una mujer
    con todas las mujeres
    mientras yo permanezco 
    como una novia en una orilla...” (en “Wallada”)


    V. PROYECCIÓN EN LAS COSAS: FUENTES, PLAZAS (“NOSTALGIA DE FUENTES”)

    A menudo, la poesía de Rosa Ruiz se vuelve simbolista y, tras las huellas de Antonio Machado, se refleja en las cosas, en los objetos que llevan la pátina del tiempo. El poema “La vieja plaza” (1988) recoge este sentimiento de nostalgia que se centra en la descripción de una plaza. Allí la fuente quizá sin agua, el farol sin luz y el portón cerrado aguardan otra mañana que no llega porque ya nadie entra en la plaza, ya “no cantan jilgueros, / ni arrullan palomas”, ya ha escapado la vida de esa espacio, antaño lleno de sonidos. La poeta acaba el poema de manera rotunda, aseverando:

    “Que en la vieja plaza
    nostalgia de fuentes,
    se ha parado el tiempo”.

    De nuevo es otra fuente la que tiene el misterio:

    “La fuente canta la canción del agua;
    el jardín está solitario” (“En Soledad”, de “Voces al Aire”)

    Y una y otra vez acude insistente a la fuente, al sonido monótono del agua que es siempre la misma, como sus recuerdos. Y de nuevo tajante afirma:

    “Que está la fuente seca.
    Pero en mis recuerdos suena
    la eterna canción del agua” (en “La canción de la fuente”, “Kartio”).

    La fuente sigue, omnipresente, en sus poemas más recientes:

    “La fuente, un amigo, la palabra,
    en la lengua un sabor de ajonjolí
    y un espeso sueño verde
    sobre los párpados” (en “Pequeños Poemas”)


    VI. AMOR (“SIN PREGUNTARME NADA, SOLO AMANDO”)

    El amor es, tal vez, uno de los motivos más recurrentes en la poesía de esta poeta malagueña, pero suele ser un amor de recuerdo, un amor de contemplación, ensimismado, tal vez anhelado y la mayoría de las veces fallido y, por lo tanto, recordado, aunque siempre con matices, puesto que el primer ejemplo que mencionaremos es un ejercicio literario cercano a la poesía mística de San Juan de la Cruz en el cual la Amada pide a la naturaleza que deje descansar al Amado; es un poema fechado en 1996, publicado en “Alisma”. Sigue el tono del “Cantar de los Cantares”, por lo tanto, se trata de un paisaje cultural que Rosa recrea con destreza:

    “No alborotéis, que descansa mi amado;
    guardad silencio aves parlanchinas;
    abejas, apagad vuestros zumbidos,
    no sea que las flores se vuelvan tiernas
    y derramen su aroma, enamoradas...”.

    Aunque, ya, más cercana a sus propios planteamientos, Rosa nos habla del amor desde una óptica mucho más directa cuando dice, en un poema perteneciente al libro inédito “Desde la rabia”:

    “Basta el labio para alzar un incendio,
    el estanque insondable de unos ojos
    o esa voz líquida golpeando
    en el yunque de lo íntimo”.

    El amor también forma parte de un juego en el que intervienen dos:

    “Tú miras y te miran,
    al corazón se le pierde un compás
    sin que el pecho ostente llamas”.
    Pero cuando el amor se ha ido:
    “Pero sobre todo queda,
    en mi pecho un gran vacío” (en “Kartio”)

    Y sin embargo no quiere que nadie sepa de ese sufrimiento, pide discreción:

    “Que no sepa nadie
    del desamor nuestro” (en “Kartio”)

    En “Sugerencias”, dentro del libro “El té de las siete”, a manera de hailkus, Rosa Ruiz escenifica el decorado del amor, un amor gozoso y expectante que se recrea en aspectos físicos, llenos de delicadeza y fragilidad:

    “Y yo me gocé en ti”
    “y mi cuerpo era un jardín sediento
    llovido de tu cuerpo”
    “Y el aroma nos trasportó 
    ensanchando nuestro abrazo.”

    El amor tiene muchas contradicciones que la poeta sabe apresar bien, aun con dolor:

    “No puede ser 
    que yo para ti sea nada
    y tú para mí sólo un par de iniciales
    porque ni a solas soy capaz
    de pronunciar tu nombre” (en “Wallada”)


    VII. CONCIENCIA SOCIAL (“¿QUIÉN BORRÓ LA INOCENCIA DE TUS OJOS?”)

    No olvida Rosa Ruiz el mundo en el que vive y, a menudo, se fija en los seres más desvalidos y siente impotencia y dolor ante una realidad que amenaza con devorarnos, así lo vemos en algún poema de “Desde la rabia” (inédito):

    “esta Babel de aquí abajo,
    esta amenaza de mundo estrecho
    al que me asomo cada día desde
    el dolor que emite un crepitar tan bronco
    de caldera averiada”.

    Se duele de los niños que han de dejar su infancia a cambio de un arma y pide cuentas a los causantes:

    “¡Hombres poderosos que aspiráis a ganar el mundo!
    ¿es que queréis, a cambio, perder la sonrisa de los niños?” (en “Voces al Aire”).

    Va mucho más lejos en “Futuro” donde increpa a las madres, en un poema rotundo, desolado, en la más pura línea de poesía social, como lo hiciera Ángela Figuera, por ejemplo:

    “no lloréis porque solo os dejen los cadáveres” (en “Voces al Aire”).

    Porque se resiste a tanta guerra y destrucción pide complicidad y escribe:

    “Neguémosles, al menos,
    el honor
    de nombrarlos señores de la guerra” (en “Decires y Silencios”)

    En definitiva, nada le es ajeno a Rosa Ruiz porque:

    “...era el mundo que entraba por mis ventanas” (en “Poemas Urbanos”, dentro de “Voces al Aire”)

    Y es que la poeta escribe

    “Porque aún puedo imaginar la paz” (en “Sentires y Decires”)

    Después de todo, el ser humano:

    “Aún cree en la flor del paraíso
    y en ella cimenta todos sus sueños” (en “La flor del Paraíso”)


    VIII. NATURALEZA (“UN ÁRBOL EN MITAD DE LA SIESTA”)

    A veces no hay sosiego, de lejos llegan rumores del viento, la noche acecha y el paisaje se mimetiza con el alma de Rosa Ruiz:

    “Se queja la noche
    por las arboledas
    y los fuegos fatuos
    mudos se lamentan”.

    Las estaciones también lanzan mensajes desde los poemas de Rosa Ruiz y se quedan prendidas de su espíritu. Así, el otoño la coge desprevenida:

    “Y yo vago por el cuarto, pensando:
    ¿cómo es que ya pasó el verano?” (en “Kartio”)

    Y sin embargo la primavera tampoco le trae la promesa esperada:

    “¡Ya es primavera!
    Ya es primavera y tú no estás conmigo!” (en “Kartio”).

    Hay otras presencias de la naturaleza en sus poemas, que son como vigías atentos a lo que ocurre, así lo hace el árbol en claro tono reivindicativo y crítico:

    “Un árbol en mitad de la siesta murmura
    el dolor del campo
    que no cesa...” (en “Juego de damas”)

    Ese mismo dolor del campo es que sienten las fuerzas telúricas ante los incendios:

    “En la tarde azotada de tristeza
    se eleva como un lamento frío
    que condena la muerte de lo verde” (en “Pequeños poemas”)


    IX. INTUICIONES Y CERTEZAS (“NO ERA TODO LO QUE DEBÍA CONOCER, LO SÉ”)

    A veces tiene intuiciones que no sabe cómo explicarse, pero que le acuden en tropel y le crean nuevas preguntas que ella se traslada o traslada a otros objetos o animales, como en “El pájaro”:

    “El pájaro que alegra mi casa
    ¿sabrá que hay otros mundos fuera de su jaula?
    (.....)
    Y si lo sabe,
    ¿por qué canta?” (de “Voces al Aire”).

    La soledad muchas veces tiñe de dolor sus versos, pero es un dolor contenido, como pidiendo perdón:

    “Como jugando.
    Porque hoy estaba sola por dentro
    tomé prestado tu verso” (“Decires y Silencios”)

    La nostalgia parece querer hacerse dueña de su voluntad y la poeta se ve a sí misma escindida:

    “Como partida en dos mitades:
    una que lleva alegría al centro,
    otra donde espera la noche interminable”.

    Pese a los momentos de desazón que existen, la poeta sabe sobreponerse y ver la hermosura de en lo cotidiano:

    “Aunque es estrecha mi ventana,
    tengo estrellas en el cielo
    y en las noches de verano
    un triángulo de luna
    en las baldosas del cuarto” (de “Poemas Urbanos”, en “Voces al Aire”).

    Nos confiesa también que ella nunca quiso saber de la guerra, que eso eran cosas de mayores y, que ella quería creer en los cuentos, aunque intuía que no existía lo que en ellos se contaba:

    “Entonces, me iba hacia la cuna
    donde, ajeno a todo, palmoteaba el hermano pequeño.
    Era como ignorar la muerte
    Para acercarse a la vida.
    No supe de crímenes hasta mucho más tarde” (de “Voces al Aire”).

    Es más:

    “Porque no hay flores en el patio,
    pero yo puedo imaginarlas” (en “Kartio”)

    Ojalá, y en suma, sea como ella lo desea:

    “El mundo no envejece
    y otro bosque nace” (en “Juego de Damas”)

    Aunque, a Rosa Ruiz:

    “Me ponen triste
    los domingos por la tarde” (en “Sentires y Decires”)

    Y, pese a todo, Rosa Ruiz tiene mucho que contarnos, aunque necesita encontrar las condiciones especiales e idóneas para hacerlo:

    “Sería preciso
    detenerse al filo de las palabras
    para poder contarte
    este presente absoluto” (“Al filo de las palabras”, en “Amarillo de Nápoles”).

    Sea como sea, dice la poeta:

    “Soy optimista;
    vagamente esperanzada
    presiento que en la vida
    hay algo más de lo que vemos” (en “Al filo de las palabras”, en “Amarillo de Nápoles”).

    Y eso es lo que nos quiere contar Rosa: lo que no vemos. Ésa es la tarea que se ha impuesto: darle nombre a lo que más importa y que nadie sabe nombrar porque no es capaz de verlo.


    X. CUESTIÓN DE ESTILO (“COMO UNA RÁFAGA VITAL”)

    La poesía de Rosa Ruiz no es fácil, ya que está trabajada con rigor y contiene muchas imágenes conceptuales, sin embargo está traspasada de vida, de experiencia, de momentos fugaces, de tiempos que se fueron, de presentes y de pasados. Es una poesía limpia y pura, que juega mucho con los adverbios y las conjunciones y que utiliza de manera muy dosificada el adjetivo ya que no busca la musicalidad a ultranza, sino el detalle, la obra bien acabada.

    Maneja bien el soneto, que es la estrofa clásica que prefiere, aunque se mueve con soltura entre el verso libre y las rimas asonantadas.

    Rosa Ruiz evoca el don preclaro de la imaginación a la hora de nombrar las cosas que pueblan su mundo, su personal cosmovisión de la realidad. También apela a lo onírico, al mundo de los sueños donde duermen los mejores deseos.

    A nuestra poeta le gustan las figuras de contenido, como la metáfora o la comparación e, incluso, la sinestesia, aunque acude también, en menor ocasiones, a la polisíndeton, a la enumeración, a la antítesis o a la interrogación retórica.


    OBRA EN PROSA. RELATOS

    Rosa Ruiz, ya lo dijimos, también trabaja el relato corto, al que también nos referiremos aunque sea brevemente puesto que nos hemos detenido más en su quehacer poético que resulta más fácil de analizar ya que un verso se puede extrapolar, pero es más difícil hacerlo con el relato. No obstante vale la pena matizar algunas cuestiones.


    I. PERSONAJES

    Los personajes que pueblan los relatos de Rosa Ruiz no siempre tienen nombre ni aparecen bien descritos, ya que ella sólo los muestra en escorzo, una vez, en un momento de sus vidas, en un instante quizá decisivo como el que vive Juan en “La hora encendida”, por poner un ejemplo.

    Son figuras de las que sólo nos presenta algún aspecto, aunque intuimos que pueden ser más complicadas porque van evolucionando a lo largo del relato, pese a que son relatos breves sí da tiempo a seguir la evolución de esos personajes, al menos en algún aspecto, en el que le interesa a la narradora, un aspecto que siempre tiene que ver con lo anímico, con lo espiritual, con alguna situación límite.


    II. NARRADOR Y ESTILO

    Normalmente el narrador que nos transmite estos relatos suele hacerlo en tercera persona, aunque no omnisciente, sino más bien observador o testigo, como si quisiera acompañar al personaje en una peripecia, a la vez que lo hace el lector.

    De este modo, pues, es la tercera persona la preferida por la autora, aunque también encontramos la primera persona en relatos como "No Smoking” o en otros tipo monólogo como “Lo que las voces dicen”.

    Más bien prefiere la narración y no trabaja mucho el diálogo ni la descripción, a lo sumo, como decíamos, nos da pinceladas, quizá por influencia de su gusto por la pintura.

    Rosa Ruiz también, últimamente, trabaja el relato hiperbreve, aquel conciso que engloba todo un mundo y que tan difícil es. Ella lo hace en los cuentos que incluye en el libro “Breviario”, del que destaca, acaso, “La hora del té”. También son cuentos breves los que se leen en “Herotico’s”.


    III. PRINCIPALES TEMAS

    El amor, con toda su carga de contradicciones, como veíamos en su poesía, es uno de los temas favoritos de Rosa Ruiz, aunque ligado al amor aparece el erotismo que ella utiliza con particular delicadeza y maestría e, incluso, sentido del humor, porque no le falta el gracejo andaluz a Rosa Ruiz, por supuesto. Así, en “La hora encendida”, Juan que debe hacer un encargo a su padre (ha de llevar una hoja a los vecinos para que expulsen a una supuesta vecina prostituta), realiza bien el encargo, pero sin quererlo puesto que deja la hoja en casa de la supuesta vecina con la que ha vivido, esa tarde pegajosa, su primera iniciación amorosa. Un erotismo más fino es el que destilan su cuentos, incluidos en “Herotico`s”, sobre todo “El pañuelo”, donde la historia la protagoniza una monja ruborizada y ruborosa.

    Un amor enfermizo que quiere combinar amor con literatura y que va más allá de cualquier límite es el que protagonizan Víctor y Tina en “Víctor, Tina y la literatura”.

    “Un puñadito de trapos” es otra historia de amor desolado, del amor que, por fin, alcanzó Leocadia, casada con un hombre primitivo, cuando aprendió a leer y se enamoró de su maestro, Mateo, quien le descubrió un mundo nuevo que ella no sospechaba, aunque no pudo ser porque él murió y ella, cuando lo supo, se sentó a esperar la muerte porque, a pesar de todo, ¡y qué grande que es el mensaje!, “Se sentía contenta porque la vida había sido generosa con ella”.

    “Un conejito de peluche blanco” nos habla, con exquisitez, del drama de una madre que averigua que su hijo es distinto a los demás, que, es ciego y, como piensa la madre, “sería un niño sin sueños”.

    El tiempo y su voracidad presiden “Demolition Bar” en que el protagonista, en primera persona, pretende apresar su historia amorosa entre las ruinas del Café Barbieri que acaban de demoler, pero es imposible. Ligado a este tema tenemos la muerte que también trata con delicadeza Rosa Ruiz, por ejemplo en “Carpe Diem”, donde, en primera persona, el protagonista sabe que está muriendo, a raíz de un accidente, y se despide de todos, pero lo hace con total serenidad. Mucho más duro es el relato “Una rubia teñida” en “Herotico`s” en el que el viudo quiere confundir a esa rubia que está en su lecho con la mujer fallecida. La enfermedad y la muerte también aparecen en el relato “De puntillas” donde un hombre, en el hospital, averigua qué siente en sus últimos días y quizá se sabe más tranquilo por eso. “In memoriam” es otro texto en que se alude a la muerte, aunque también en tono sereno y tranquilo. Un personaje evoca a una mujer, a Nora, quien lo ayudó mucho en su juventud y a la que todos los años va a ponerle flores como tributo de amor y de respeto, puesto que ella, en vida, cultivó rosas.

    “Lo que las voces dicen” es otro homenaje, emocionado como los de los poemas, a aquellos escritores que han poblado su vida, escritores y filósofos, quienes van hablando, en una especie de sueño. Es una especie de “Aleph” en que entran amigos, presencias, huellas, luces... que no puede expresar en palabras porque “no tenía palabras para contar de una forma comprensible el sueño tal y como fuera soñado”.


    IV. OTRAS CUESTIONES

    Como señalábamos, hemos trabajado más someramente la prosa de Rosa Ruiz, aunque también nos ha permitido encontrar algún elemento recurrente como puede ser la presencia de los gatos que no son infrecuentes en sus relatos, como animal de compañía e, incluso, como desencadenante del relato. Y, por supuesto, encontramos ya los temas de su poesía como es el amor y la nostalgia por el pasado; pero en su prosa aparece, de manera clara, la muerte, a la que no aludía tan directamente en su poesía. Y el sueño, el difuso mundo de los sueños de los que nos despertamos en la vigilia y que nos abocan a un mundo que quizá no nos guste demasiado.

    Son relatos bien trabados, que suelen empezar in media res y que terminan dejándonos una incógnita, puesto que la mayoría tienen finales abiertos.


    CONCLUSIÓN

    Ahora queda, tras este puñado de palabras, que el lector se acerque a estos poemas y a estos relatos y los lea con fruición puesto que, insistimos, Rosa Ruiz tiene un absoluto respeto por el lector y es muy pudorosa y, aunque, intuyamos su realidad tras sus textos, ella nos los muestra de una manera atemporal, porque todos hemos sentido amor y desamor, rabia y nostalgia, todos hemos tenido vaivenes y todos hemos zozobrado. Ahí está el misterio de la vida... que los poetas y escritores quieren apresar, al menos en un momento, en una imagen de ese caleidoscopio que es la existencia.




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