La Web de ANABEL
  • BIOGRAFÍAS - VOCES AMIGAS

    CARLOS PRATS

  • Carles PratPara Carles -o Carlos- Prats, un buen escritor “debe amar lo que escribe, con pasión, mimándolo hasta el punto en que su creación tome vida propia y pueda desprenderse de él para llegar al infinito”. Y es que Carles Prats Domènech escribe por afición y por devoción. Hace de la escritura su válvula de escape, pero se lo toma muy en serio, puesto que su obra, aún, por desgracia, inédita, tiene una calidad literaria que la hacen digna de ser publicada.

    Con absoluta humildad y transparencia, cuando se le pregunta por qué es tan difícil publicar, responde: “Creo que es una mera cuestión de cantidad. Imagino que para los editores de hoy hay demasiado donde elegir. También es importante recordar la influencia que ejerce la personalidad en lo escrito, quiero decir que si alguien es mediático puede publicar lo que quiere, si es desconocido tiene que abrir demasiadas puertas , hasta extenuarse”.

    De ahí que en esta sección, por amistad, pero, sobre todo, porque entendemos que tiene mucho que decir y que lo sabe expresar muy bien, nos centraremos en su obra en prosa; pero antes vamos a tratar de conocer mejor a este hombre, leo por más señas, que se nos presenta como una caja de sorpresas que todos deberíamos poder leer.

    Carles Prats nació un 18 de agosto de 1962, en Reus, aunque siempre ha vivido en Salou, donde cursó sus primeros estudios. Persona inquieta y dispar, se inclinó por la Formación Profesional, en la rama de mecánica, aunque se dio cuenta de que ahí no estaba su camino. Así, acabó estudiando COU y en 1984 se matriculó en Filología Hispánica, llevado, quizá, de sus ganas de aprender a escribir. “Me licencio –dice- entre libros y novelas que dejarán en mí una huella que, aunque escondida durante un tiempo, resurgirá en forma de pluma y tintero”.

    En la actualidad, profesionalmente, está muy alejado de las letras puesto que, en el año 2001 aprobó unas oposiciones a funcionario de la Generalitat de Catalunya y, hoy por hoy, trabaja como Supervisor de contabilidad y control, “algo –según comenta- demasiado alejado de mis principios, pero muy sugerente y alentador al mismo tiempo”. También es aficionado a escuchar todo tipo de música, en sus ratos libres y eso lo plasma en su literatura también.

    Carles PratPersona positiva y tremendamente dinámica y activa, no vacila cuando afirma que “A la vida le debo el placer de conocer personas maravillosas que me han ofrecido siempre más de lo que les he dado”. Está casado y es padre de Paula que, en la actualidad tiene 9 años, de la que está profundamente prendado: “Paula, que así se llama ese pequeño espacio relleno de cielo que me alegra cada día -confiesa Carles-, ha sido capaz, a pesar de su corta edad, de ilustrar con destreza los cuentos que le he dedicado, así como las portadas de las novelas que he escrito”. Precisamente, gracias a Paula, se inició en la prosa y a ella dedica unos preciosos cuentos titulados “Els contes de la Paula” (“Los cuentos de Paula”). Cabe señalar que nuestro escritor suele escribir sus novelas en castellano, pero tiene también buena obra en catalán puesto que es un escritor bilingüe.
     

    OBRA EN PROSA

    Carles PratNo hace muchos años –dos o tres, a lo sumo- contacté con él, y me dejó leer su La luz de las nubes, una novela introspectiva, escrita en segunda persona, de la que nos ocuparemos más adelante. Con el tiempo, he ido leyendo casi todo lo que ha escrito y pienso que ya es el momento de que dé el salto y de que sean muchos sus lectores; pero quizá sea mejor que él mismo nos explique alguna de sus características. “Para ser sincero –cuenta-, creo que escribo desde que, a los quince años, alguien me dio motivos para expresar aquello que mi boca fue incapaz de decirle. Unos 29 años. Por aquel entonces sólo poesía. Realmente fue en el año 2004 cuando me decidí a poner en un papel mi primera novela, que hacía mucho tiempo que bullía en mi interior”.

    Nuestro escritor, hasta la fecha, ha escrito novela intimista, policíaca, cuentos y también poesía, aunque aquí sólo nos ocuparemos de su prosa, ya que, según Carles afirma: “He escrito poesía, ese ha sido mi inicio. Mi poesía siempre ha sido dirigida, con un ulterior deseo de entrega hacia alguien. Todos mis poemas han tenido siempre un destinatario final. No es nada original, para mí eran, y son, pequeñas cartas de amor entregadas, nubes de papel que, al abrirlas, dejan caer la lluvia del sentimiento de su interior. Imagino que la facilidad de ver concluido aquello que has empezado es lo que me empujó a escribir poesía y dejar de lado la prosa. Con el tiempo he aprendido que vale la pena intentar aquello que crees e ir más allá de una página conclusa”.

    Otra opción para publicar es la de los premios literarios, aunque Carles no se fía demasiado de ellos: “Deberían seguir existiendo, pero quizá enfocados de otro modo. Quizá habría que orientarlos más de cara a nuevos valores, a aquellos que, simplemente, desean ver su obra publicada y ése es el mayor premio. Si el Premio Planeta, por poner un ejemplo, no tuviera dotación económica, seguro que abriría un mundo de posibilidades y sería un negocio igual de espléndido para la editorial. Pienso que deberían ser más transparentes y asequibles, más creíbles y menos localistas, pero, insisto, por encima de todo deberían seguir existiendo”.

    Carles recibe influencias diversas a la hora de escribir y podríamos decir que es ecléctico. A la hora de hablar de sus lecturas y del tipo de literatura que prefiere, no duda cuando expone: “Me gusta conocer, así que podría responder que toda, o casi. He leído auténticas novelas insoportables de escritores americanos líderes en ventas, y las he terminado, y también otras de escritores, consagrados o no, que me han impresionado hasta diluirme por entre las palabras escritas. Me gusta la novela, sobre todo, pero también la poesía, dosificada, el ensayo, cuando el tema me parece sugerente, y cualquier recomendación o descubrimiento”. Dice que le gusta mucho Juan Marsé y Juan Goytisolo, que le impresionó “Cien años de soledad” y que se considera admirador de Carlos Barral; aunque tampoco desdeña al Vargas Llosa, antes de la aventura presidencial.

    Le interesa la dimensión psicológica de sus personajes, como sin duda tendremos ocasión de comprobar. A la pregunta de cómo calificaría él mismo su obra, responde con honestidad: “Creo que sería incapaz de calificarla, a pesar de ello haremos un intento. La mayor parte de lo que he escrito es de carácter intimista, sin diálogos, expresando sensaciones que producen cosas que me han pasado, que he moldeado, que he inventado... Pero también he escrito un par de novelas de carácter policiaco irreverente, plagadas de humor grueso y diálogos exagerados”. Su última novela, “El peso del miedo”, es una obra escrita de manera ágil, donde la trama está al servicio de la historia. El propio autor dice que, antes de escribirla, leyó a Dan Brown y que, sin duda, algo se le ha pegado.

    Hasta la fecha, septiembre de 2007, pues, ha escrito estas novelas y colecciones de cuentos, todo inédito aún. Sus títulos y algunas características son:

    -“La luz de las nubes” (2004), como decíamos en líneas anteriores, es una novela intimista, de aire subjetivo, protagonizada a dos bandas, por una pareja de enamorados que cuentan su historia y sus momentos límite.

    -“Un rumor invisible” (2005), podríamos afirmar que sigue la línea de la anterior, aunque en primera persona y siempre desde el punto de vista masculino.

    -“La Massó coronada pel cul” (2005) y “La presidenta atortugada” (2005), ambas escritas en catalán, que pertenecen al género policíaco. Ambas están protagonizadas por el subinspector Rodri, un tipo curioso, que habla una mezcla de castellano y catalán que lo hacen muy peculiar. Son novelas irreverentes, divertimentos del autor que, bien seguro, pueden ser sólo dos títulos en la serie de casos de Rodri. Son dos novelas ágiles de leer, donde domina la acción y el diálogo, lo cual es infrecuente en el resto de su producción. Nos encontramos, pues, ante un escritor que maneja distintos estilos y distintos registros.

    -“Los cuentos de Nelly” (2006), en versión reducida y ampliada, que son una colección de cuentos donde se trata de demostrar que lo esencial está dentro. Siguen, de alguna manera, la línea de las dos novelas iniciales, aunque echando mano de la fantasía. Estos cuentos son: “Deseo”, “La caja de zapatos”, “Para sonreír”, “A tu lado”, “Siempre”, “Los tres dientes”, “El tesoro”, “Escondido en el fondo del mar”, “Donde los dragones existen”, “Y las hadas no son fantasía”,”Las marionetas, “En un universo”, “Desconocido”, “Lejos”, “Entre el mar y la sal”, “El cuento triste”, “Existe a veces”, “Por entre los árboles”, “Donde las mariposas ofrecen”, “El polvo mágico”.

    -“Los cuentos de la Paula” (2007), escritos para su hija Paula e ilustrados por ella misma, forman un ramillete escogidos de cuentos protagonizados por la niña y por diversos animales, para demostrar, en suma, el valor de la amistad. Están escritos en catalán también y sus títulos son: “La Paula i el elefant poruc”, “La Paula i el mico que no volia baixar de l`arbre”, “La Paula i la lluna blava” y “La Paula i el gelat de maduixa”. Cabe añadir que todas sus novelas están ilustradas por Paula, con la que forma un equipo bien singular.

    -“El peso del miedo” (2007), que es una extensa novela, muy diferente a las anteriores, protagonizada por un vagabundo local, puesto que se desarrolla en Salou, pueblo que, como ya sabemos, es donde reside el autor. Es, hasta la fecha, su obra más ambiciosa.


    NARRADOR Y ESTRUCTURA

    “La luz de las nubes”, su primera novela, es una obra arriesgada en cuanto al uso de la persona narrativa puesto que alternan la segunda persona, con la primera y, también, la tercera. Se trata de un claro ejemplo de perspectivismo en donde dos personajes, que forman pareja, David y “Júlia” (con tilde, porque es el uso catalán del nombre, aunque nosotros lo obviemos a partir de ahora), hablan o reflexionan o recuerdan su relación amorosa, paso a paso.

    El libro se divide en tres partes, “David”, “Julia” y “Epílogo” y es una especie de obra coral en la que el lector va viendo los mismos acontecimientos, pero desde distintos puntos de vista. Así, sin ir más lejos, cada una de las dos primeras partes, se divide en los mismos capítulos y con los mismos nombres:

    I. El Encuentro
    II. El primer paso
    III. Convivencia
    IV. Los cuentos
    V. París
    VI. Lujuria
    VII. Concierto
    VIII. Reunión
    IX. Distancia
    X. Intermedio
    XI. Regreso
    XII. Separación
    XIII. Impotencia.

    En cada uno de los capítulos, David o Julia, según sea, desgranan sus recuerdos y sus vivencias en torno a su relación amorosa, a veces piensan de manera totalmente distinta, aunque reconocemos el mismo hecho y nos choca cómo dos personas –dos personajes- son capaces de vivirlo de manera tan distinta, igual que en la vida misma.

    “Un rumor invisible” está formada por 18 capítulos más otro que el autor llama “Último”. Va acompañada por un CD de pequeñas piezas musicales que forman un todo con la historia y cada parte viene precedida por unos fragmentos de estas canciones. La novela empieza in media res y está contada, desde el presente hacia el pasado, en primera persona por un hombre joven que, obsesionado por Irene, no sabe cómo reconducir este amor que se le esfuma de las manos por su culpa.

    Las novelas policíacas están escritas en tercera persona, siguiendo el estilo habitual del género, en la línea, podríamos decir, de Eduardo Mendoza, quien es un autor que, posiblemente, haya influido en Carles Prats.

    “Los cuentos de Nelly”, repartidos en varias entregas, están narrados también en tercera persona, pero domina el diálogo, puesto que interesa mucho saber qué piensan los personajes a cada momento.

    “El peso del miedo”, está dividida en 75 capítulos de distinta longitud y escrito en tercera persona. Los acontecimientos suceden en un verano, un mes de agosto, en el Salou dispuesto para vivir su festividad más importante, la del 15 de agosto. La novela es interesante puesto que, cuando llegamos al final, vemos que es el fruto de uno de los personajes, de Víctor, el periodista que ayudó a desentrañar el asesinato de Rufo, el vagabundo . No obstante, aún hay más, como le dice su novia Alicia y en el último capítulo, cuando ya ha pasado casi un mes, descubrimos la terrible verdad, como ya veremos más adelante. Hay que destacar el uso ágil del diálogo y no sólo eso, sino que Carles Prats maneja el diálogo trunco, esto es, conversaciones telefónicas de las que sólo tenemos una voz y hemos de imaginarnos al otro interlocutor.

    Carles PratHasta ahora no hemos hablado del tiempo ni del espacio en la obra de Carles Prats puesto que no eran los aspectos que más llamaban la atención; pero sí queremos detenernos, aunque sea brevemente, en “El peso del miedo” puesto que aquí tanto tiempo como espacio son importantes y están muy claramente definidos. En cuanto al tiempo, ya lo hemos señalado y en cuanto al espacio, también, pero queremos profundizar algo más. “El peso del miedo” se desarrolla en Salou, en la Costa Dorada y aparecen sus calles, sus monumentos emblemáticos con total nitidez, pero Prats los dota de un algo especial puesto que los convierte en materia literaria. Así, la Iglesia Santa María del Mar está comunicada, por un pasillo secreto, con la Torre Vella y el misterio se da la mano con la realidad. Es una novela, aunque situada en aspectos locales, que trasciende lo meramente local y que fascina puesto que la historia que plantea, entre el suspense y la novela policíaca, no deja indiferente al lector. Carles Prats, en la novela, hace mucho más que darle sentido a unas calles que conoce desde siempre, les da vida, les da protagonismo y Salou se convierte en un personaje más. De alguna manera, la pequeña Iglesia Parroquial de Salou se convierte, salvando las distancias, en lo mismo que Nuestra Señora del Mar en “La Catedral del mar”, de Ildefonso Falcones.


    SENTIMIENTOS AL LÍMITE

    “La luz de las nubes” nos habla del principio de un amor, de su consolidación y de su quiebra, aunque quizá no sea quiebra del todo, sino un vaivén de la vida. Está lleno el texto de antítesis porque todo en esta historia de amor es una paradoja vivida a mil por parte de David que se siente ofuscado y vivida de manera más serena, aunque también dolorosa por parte de Julia. En esta historia amorosa, llevada con total vehemencia, la presencia del sexo, por descontado, no puede faltar y así dedica todo un capítulo a la “Lujuria”: “Sólo sabes que en una relación el sexo y la pasión van de la mano, se acarician constantemente, llegando a sobrepasar los sentidos usuales” (pág. 30). David y Julia se aman, aún después de la ruptura: “Se abrazaron, con fuerza, entrechocando los cuerpos hasta casi hacerse daño, como integrándose en una desesperación que iba desapareciendo, deseándose, y se besaron , con fuerza desacostumbrada, con deseo descontrolado, dándose cuenta que los dos habían pensado las mismas cosas en los mismos momentos, sufriendo con el mismo dolor, añorándose con la misma desesperación, buscándose en el mismo vacío” (pág. 120).

    Muchas veces el azar interviene y es decisivo. Cuando David cree que es Julia quien ha tenido un accidente de moto –su moto- piensa que ya no podrá volver a levantar cabeza, se siente morir y cuando averigua que ha sido una amiga, aunque suene egoísta, cree de nuevo en la vida. Julia, en el epílogo, escribe en primera persona y trata de poner las cosas en su sitio, de tender un puente hacia la esperanza: “El amor no surge para esconderse después, se camufla por entre el tiempo hasta que decide mostrarse con amplitud, inexorablemente, para adueñarse de cada poro de nuestro ser y dibujar una nube en forma de corazón. Si eso ocurre, y uno deja que eso ocurra, el final se prevé lejano, inalcanzable, incluso doloroso, así todo pasa y se muestra simple, como si se infiltrara por entre la piel.” (pág. 138).

    En un “Un rumor invisible” también asistimos a la confesión descarnada de un hombre que se debate entre el querer y el poder, que no sabe cómo asir una relación amorosa que se le va de las manos por su torpeza y que da vueltas, una otra vez, al pasado con la intención de entender por qué ha perdido a Irene: “La amo con esa locura frenética que me lleva a romper con la cadena más poderosa. Es para mí, lo sé, no puede ser de otro modo, siempre ha sido así, desde el principio, pero quizá no la amo lo suficiente. ¿Lo suficiente para qué? La he dejado marchar, casi la he obligado, ya no me sirven las excusas, ya no me valen las causas, sólo debo asumir las consecuencias, todo lo que proviene del error absurdo, de la decisión incomprensible, de mis razones estúpidas. ¿Qué me está pasando?” (pág. 8).

    “Los cuentos de Nelly” se centran en la historia, medio real, medio fantasiosa, de Nelly y Raúl, quienes viven, a caballo de la vigilia y el sueño, un romance, lleno de elementos mágicos, pero también de dolor y sufrimiento, aunque domina el amor.

    El sexo, la pasión amorosa, todo lo que acerca a los enamorados es tratado por Carles Prats con elegancia, pero sin hurtarnos detalles: “Muchas veces todo consistía en un paseo, en ir al cine, en tomar una copa, en cosas sin sexo implícito, y eso me gustaba, me hacía sentir especial, me hacía notar que nos queríamos. El sexo siempre fue ese complemento que hace más dulce aún el pastel, le da una forma sugerente y apreciada, pero no lo constituye como un fin” (pág. 89). Quien esto piensa, el protagonista de “Un rumor invisible” acude al psicólogo porque necesita poder orden en su vida y éste le aconseja “sexo”, con lo cual se inicia un problema para Irene, su posible pareja, ya que tendrá remordimientos puesto que está casada y es madre de una hija.

    Nelly, por su parte, también tiene alguna escena de sexo con Raúl, aunque los cuentos que protagoniza, en principio, son más etéreos.

    Y, por supuesto, las posturas grotescas en las que aparecen las dos mujeres asesinadas en “La Massó coronada pel cul” y “La presidenta atortugada” tienen que ver, ya no con el sexo, sino con lo grotesco, con lo pérfido, podríamos decir.

    En el otro extremo del péndulo, alejado de las relaciones sanas que nos enriquecen, se encuentra el sacerdote Abel, en “El peso del miedo”, un cura que ha sido trasladado de destino, desde Madrid a Salou, por acusaciones de pedofilia. Lo sabemos al final del relato y nos estremece.

    Por lo tanto, las pasiones humanas, las buenas y las malas, lo que nos hace mejores y lo que nos envilece, todo tiene cabida en las novelas de Prats puesto que él quiere reflejar un aspecto de la complicada naturaleza humana.


    PERSONAJES

    Carles trabaja con pocos personajes, en los que se centra, desde dentro. Hay muchas de sus vivencias personales en estos otros seres no tan de papel como pareciera. David, en “La luz de las nubes”, de manera retrospectiva, va recordando lo ocurrido veinte años atrás, va dándole vuelta a sus obsesiones hasta configurar una historia llena de luces y sombras, de pasiones y soledad. Julia, por su parte, más exacta, en tercera persona, pone en su lugar los excesos de David, los excesos y las vehemencias de un carácter tremendamente pasional.

    A David hay un narrador externo, que acaso sea la misma Julia, que le pone el dedo en la llaga, que le remueve todo, que le hace ver su parte de culpa; después él pasa a la primera persona y trata de analizarse, aunque sin éxito. Al fin y al cabo, son dos personajes redondos que evolucionan a lo largo del relato y que, sin duda, no han acabado aún de evolucionar porque hay aspectos autobiográficos en esta historia, como decíamos antes. Lo intuimos en la poesía que se imprime, en la vehemencia de los sentimientos y, por último, en esa especial gusto por los cuentos, por la música, por la afición a la escritura, por la palabra exacta que tanto importan a su autor, a Carles. Así dice David, como podría decirlo el propio autor, al hablar de un trabajo que loe deja libres las tardes: “Y podía escribir, por lo menos podía intentarlo, con tiempo, con calma, desahogadamente” (pág. 2).

    David es una persona que quiere salir de la rutina, que piensa que el mundo es algo más y que se muere por romper las cadenas: “Las mismas costumbres de cada día los mismos rutinarios movimientos, todo igual, como siempre” (pág. 2). Se enamora de Julia porque presenta una combinación extraña, es dulce, pero insumisa. Julia, por su parte: “Amaba a David, lo amaba con una fuerza que desconocía, por motivos ocultos que jamás comprendería, pero que la atenazaban hasta hacerla feliz, hasta llegar a descubrir que la felicidad aún tenía dibujado su nombre” pág. 118).

    El personaje principal de “Un rumor invisible” es un hombre que se confiese neurótico y obsesivo y amante de las nuevas tecnologías. Viene a ser la continuación de David, si cabe aún más agobiado y metido en su propio círculo. Son estos personajes masculinos muy característicos de Carles Prats, por lo que vemos. Se trata de hombres jóvenes, muy obsesivos, a veces rayando la paranoia, que dan vueltas a las cosas una y otra vez, que son muy observadores, que se fijan en los más mínimos detalles, a los que les gusta la música (la alusión al grupo Coldpaly no es infrecuente en sus obras), la escritura, la buena mesa y que se sienten solos, desolados por no haber sabido reconocer el amor o, por lo menos, por no haberlo sabido apresar. Frente a David y el personaje de “Un rumor invisible” están Julia e Irene, dos mujeres serenas, dos mujeres admirables que tienen una intuición desmesurada y saben que algo no va mal. Ni Julia ni Irene nos lo dicen en primera persona, pero se deja entrever. Julia sigue enamorada de David, pero no sabe muy bien cómo reconducir la relación, a raíz de la aparición de Marta, no sabe si David la ama de verdad o es sólo un espejismo: “Es cierto que Marta aprisionó una parte de mí, me cautivó, bueno, me dejé cautivar, por su corazón sincero, por sus dulces palabras. Pero nunca dejé de amar a Julia, nunca jamás, aunque eso ahora ya no puede creerse” (pág. 44).

    Irene está casada y es madre de una hija, pero está dispuesta a cambiar de vida, al menos hasta que hacen el amor. Entonces tiene miedo y se repliega en su hija. David y Julia, nótese la diferencia, han decidido no tener hijos; en cambio Irene ya tiene una hija. Tanto los hijos no engendrados como la existente son motivo de desencuentros, de zozobras: “Su hija, esa fue la respuesta. No podía hacerle eso a su hija, no iba a separarse de su marido, a dejar su vida conyugal, su hija no se lo perdonaría, no podía permitirse ese lujo. Aún era pronto, era demasiado joven, demasiado acostumbrada a su hogar. No podía continuar. Irene decidió la noche antes que todo debía terminar, dejar atrás esos momentos vividos como un recuerdo bonito, olvidarse de mí, centrarse de nuevo y continuar con su vida, monótona o no” (pág. 119).

    Los personajes de las novelas policiacas son más planos y prototípicos. Ambas novelas, “La Massó coronada pel cul” y “La presidenta atortugada” nos hablan de asesinatos de mujeres muy parecidas, podríamos decir. Tanto Massó como Roser son mujeres prepotentes, de mediana edad, que se creen imprescindibles y que acaban jugando con juego. Las dos son asesinadas de manera grotesca, escatológica, podríamos decir y eso da lugar a una serie de escenas esperpénticas y a la intervención del subinspector Rodri, que aparte de la mezcolanza que habla entre catalán y castellano, es un hombre deductivo, que sigue siempre los indicios y que acaba, a la manera de un detective clásico, pero más hiperbólico, charlando con el asesino y diciéndole, en su cara, que es él y no otro al que busca.

    Raúl y Nelly, en “Los cuentos de Nelly” son personajes etéreos, que parece que se vayan a desvanecer en cualquier momento, sobre todo Nelly, quien se caracteriza por una sonrisa hermosa, de “tres dientes” y por el poder balsámico que tiene su presencia. Nelly, no obstante, también fluctúa en sus sentimientos porque está madurando y eso siempre provoca desconcierto: “A Nelly se le hacía extraño, no acababa de comprender lo que le ocurría, siempre había sido una muchacha feliz, sin embargo, ahora, aunque su felicidad fuera más intensa, chocaba con momentos de tristeza. Esa felicidad no seguía una línea recta en su universo, iba sembrando picos que hacían que se sintiera inmensamente feliz a cambio de otros en los que una leve tristeza la invadía” (pág. 2).

    En “El peso del miedo”, novela coral, los personajes entran y salen, actúan y se van. Es una novela rápida, de gran intensidad narrativa. Rufo, el vagabundo, es el eje de la trama; pero los protagonistas son Víctor, un chico joven, con unas características similares a otros personajes de Prats (le gusta la música, escribir, es observador, algo obsesivo), Abel, el sacerdote que esconde un pasado turbio, Enzo, el pobre pescador utilizado y engañado, Ezequiel, el asesino inducido y otros muchos, como Alicia, quien cumple con el papel femenino que ya conocemos de mujer hermosa, con un toque de ironía, lista y intuitiva, y muchos otros, Mateo, por ejemplo, los inspectores y un buen número de figurantes que hacen de la novela una especie de novela-río. Rufo es el personaje que centraliza toda la trama, un buen dice aparece muerto y lo que parecía un accidente casual, por culpa del viento y de las grúas, ya que lo atraviesa la veleta de la iglesia, resulta ser un asesinato y es que Rufo: “... es un hombre muy rico y que, no se sabe muy bien por qué, decidió un día vagabundear y renunciar a todo lo que tenía. Por lo que sé viene de Madrid...” (pág. 109). Ahora Rufo se ha convertido en un deshecho humano, pero tiene propiedades y hay algunos que lo saben y no descansarán hasta conseguirlas.


    ESTILO

    “La luz de las nubes” es un libro sin diálogos, introspectivo, lleno de preguntas sin respuesta y cuajado de pensamientos que podríamos calificar de poéticos. Un halo de lírica envuelve toda la historia, aunque los sentimientos aparezcan en carne viva. Decimos esto porque, incluso, se incluyen algunos poemas, del propio Carles, que, haciendo una pirueta narrativa, los pone en boca de David. David escribe poesía y encandila a Julia con ello: “Siempre decía que eran geniales, que le encantaban, que supuraban emociones y que a ella le encantaría poder escribirlos. Muchas veces le expliqué que era ella quien los escribía, que sin ella yo no sabría qué poner en ese papel, que todo lo allí escrito era lo que ella me contaba con voz callada y yo, con la facilidad que da el conocer la historia, sólo me dedicada a transcribir con lucidez su silencioso mensaje, dejándolo posarse en hojas blancas:

    Simular el silencio con tu voz,
    Descansar, resguardado, bajo tu rostro,
    Vencido por la tempestad de tu cuerpo...” (pág. 16 y ss).

    Carles Prats gusta de innovar y de practicar nuevas formas y estilos. Es capaz de escribir una prosa emotiva y muy sutil, como en “Los Cuentos de Nelly” y, cuando así lo exige la novela, pasarse a un tono chusco, mordaz, de humor negro y satírico como ocurre en las novelas policíacas. Por otro lado, pretende bucear en la mente de sus personajes, de ahí que trate de ajustarse a las características psicológicas de cada uno. Ahora bien, hay, en sus novelas, pasajes muy hermosos, llenos de lirismo, cuando describe la luna, por ejemplo o evoca escenas felices de los personajes.

    Prats juega mucho con las antítesis y con las paradojas, aquello que parece que no es lo que, al final resulta ser: “Hay quienes ven cosas y se preguntan ¿por qué? Tú, a veces, sueñas cosas que nunca han sido y te preguntas ¿por qué no? Tal vez esa es la diferencia entre las diferentes realidades” (“La luz de las nubes”, pág. 34).

    “Un rumor invisible”, sin duda, también está lleno de oxímoron y de paradojas: “¡Cuánta mentira encierra la verdad! ¿Acaso ella no desea que mienta? No, no, es así, no quiere que mienta, quiere escuchar aquello que le gusta, sentir lo que yo le puedo provocar, notar que estoy a su lado, siempre, para siempre, eternamente” (pág. 12). Es el propio protagonista quien, desesperado, piensa o escribe acerca de su amor hacia Irene: “Es una locura insistente, que se va alojando para no dejarte en paz, disfrutando con una paradoja que ya no quieres creer, mezclándote en un mar por el que vas flotando y hundiéndote a la vez” (pág. 129). Y es que, y nos atrevemos a decirlo, Prats bebe en las fuentes de la tradición barroca española y sabe, como Lope de Vega, mucho de la desesperación amorosa y de las contradicciones que produce, como bien escribiera el maestro en el soneto que, con seguridad, todos conocemos y que transcribimos para tratar de resumir con palabras maestras la desazón que sienten los personajes masculinos de Prats:

    “Desmayarse, atreverse, estar furioso,
    áspero, tierno, liberal, esquivo,
    alentado, mortal, difunto, vivo
    leal, traidor, cobarde y animoso;
    no hallar fuera del bien centro y reposo,
    mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
    enojado, valiente, fugitivo,
    satisfecho, ofendido, receloso;
    huir el rostro al claro desengaño,
    beber veneno por licor suave,
    olvidar el provecho, amar el daño;
    creer que un cielo en un infierno cabe,
    dar la vida y el alma a un desengaño:
    esto es amor; quien lo probó lo sabe”.


    PENSAMIENTOS PROFUNDOS

    A David, al principio, alguien, esa especie de conciencia que puede ser Julia, le echa en cara su postura ante la vida: “Eres terriblemente absurdo, hambriento de lo que no tienes, desesperado, pero te dejas llevar por la irracionalidad, no hay desaliento, ni compromiso, existe lo que es, lo que no es sólo es un invento y tú te apartas de los inventos, de las posibilidades remotas de lo que no ha sido todavía, de lo que en silencio mueve el pabilo de tu vela anaranjada, eso que tú, aún hoy, llamas imposible...” (pág. 2).

    Nótese, lo que decíamos hace un momento en cuanto a las imágenes líricas, propias de la poesía, al lado de un uso muy cuidado de las palabras. Por otro lado, a Carles Prats le gusta, en boca de sus personajes, filosofar y pensar en voz alta acerca de lo divino y de lo humano. No duda en reflexionar sobre las cuestiones que a él, por supuesto, más le preocupan: el amor, el dolor, la soledad, los recuerdos, el paso del tiempo... Así, leemos: “Soledad, esa oscura sensación que va apoderándose de ti. Nunca habías pensado que fuera de esa modo. Devastador sentimiento que va llenando con ausencia. Poco a poco vas recordando cada segundo, cada instante que te ha llevado al propio recuerdo. Eso es la soledad: una ausencia de todo llena de recuerdos que ya no pueden ser” (“La luz de las nubes”, pág. 47).

    En “Un rumor invisible” también encontramos pensamientos trascendentales, pequeñas perlas de una existencia angustiada y, a la vez, esperanzada, en terrible antítesis: “Aún creo en la felicidad, por absurdo que pueda parecer, aún creo que el resultado de la desesperación puede reconvertirse, quizá mañana, quizá más tarde.” (pág. 10).

    “Los cuentos de Nelly” están llenos de pequeños pensamientos, de fórmulas de vida condensadas que nos hablan de lo fácil que es ser feliz si no nos equivocamos de camino porque, el tesoro que todos tenemos es “aquello que surge de dentro y que tiene el mayor valor del mundo, el único tesoro que se puede tener y, al mismo tiempo, compartir” (pág. 8).

    Rufo, el vagabundo de “El peso del miedo” es como parte del paisaje y nadie es conciente de ello, hasta que desaparece. Y así dice el narrador: “Son aquellas pequeñas cosas a las que no se da importancia por rutinarias, pero que se vuelven extrañas cuando no ocurren. Rufo nunca había sido consciente de lo que significaba en ese sentido, tampoco los que aquel día lo echaron de menos habían pensado que sus vidas, a veces, se movían por entre los mismos entresijos y que, sin tener demasiada importancia, notaron que algo empezaba a ser distinto” (pág. 136).


    LA VIDA QUE NOS SORPRENDE

    “La luz de las nubes” se inicia, como sabemos ya, con esta presencia de la conciencia que increpa a David y lo atormenta o lo pone en su sitio. Después, el propio David sigue devanando su historia. Hay varios momentos clave, como el viaje a París, los poemas que él le escribe a Julia y los cuentos que le cuenta, que extrae de un curso con el profesor Tarrés. También hay, por supuesto, descripciones de su relación íntima, sexual y esa especial ternura que se imprimen dos cuerpos que se desean. Interesa mucho ver cómo, paulatinamente, David y Julia se acercan, cómo se describe ese proceso y cómo también se resquebraja porque Julia pierde la confianza en David por la aparición de otra mujer, Marta. Es una novela, en principio, que cuenta una historial real, llena de recovecos, eso sí, pero con elementos extraídos o de la propia experiencia o de la observación directa de la realidad. David y Julia, como cualquier otra pareja, poca a poco se van aproximando, casi sin darse cuenta: “Empezamos a organizar nuestras vidas con tranquilidad. Mi apartamento fue perdiendo cada vez más cosas para quedar finalmente vestido con cuatro muebles y nada más. El traslado fue lento, asíncrono, sin una constancia que pudiera mantenerse” (pág. 13). Nada escapa a la visión del personaje que cuenta con absoluta naturalidad: “A ninguno nos deleitaba cocinar, recuerdo que al principio fue uno de los temas estrella, pero ella sabía hacerlo mejor que yo. Nos repartimos las tareas de la casa, bueno, no las repartimos, las hacíamos entre los dos, cuando queríamos, con esa obligación que da el pensar que la casa no puede estar así”(pág. 14). La vida normal, con sus altibajos y sus momentos de encanto: “Íbamos al cine con asiduidad. Nos gustaba mirar en el periódico cada semana qué películas merecía la pena ver. Era difícil ponerse de acuerdo, sus preferencias por el cine francés y alemán chocaban de frente con las mías” (pág. 15).

    “Un rumor invisible” tampoco huye del realismo, antes al contrario, se centra en otra historia de amor y desamor en la que también hay momentos altos y bajos, escenas cotidianas y escenas sublimes. “Los cuentos de Nelly”, por su parte, sí introduce elementos mágicos, hay un genio, un unicornio, mariposas que hablan, hadas y algunos elementos fantásticos, pero todo viene en función del crecimiento espiritual de la pareja protagonista, Raúl y Nelly, quienes, al acabar el cuento, descubren que no hay nada como hacer el amor, entre dos personas que se quieren, ésa es la mejor magia: “Fue un viaje que duró sólo unos instantes, un viaje a ninguna parte, pero muy lejos de allí, para volver, en instantes, hasta aquella habitación que, muda, había observado como se habían desplazado sólo unos milímetros, unos milímetros de placer inconmensurable y feroz” (pág. 7, “El polvo mágico”).


    NOSTALGIA Y RECUERDO

    David, en “La luz de las nubes”, habla, con dolor, con desesperación, del paso del tiempo y echa de menos la relación que tenía y que él acaso, llevado por la prisa o por la falta de coherencia, ha estropeado, aunque también sabe que la memoria a veces recuerda lo que quiere recordar y que empaña los malos momentos: “Fueron años de complicidad conjunta, de sensaciones dispares compartidas, de momentos cargados de realidades coloridas, de magia y sonido. Pero no, no todo fueron siempre buenos momentos, aunque ahora quiero recordarlos así” (pág. 18). David, pues, vive traspasado por el paso del tiempo y envuelto en una nube de confusión que le lleva a sentir nostalgia del recuerdo: “Ese tesoro escondido que nos deja en su cofre encantado las sensaciones para revivirlas mil veces, seleccionándolas de entre millones de otras sensaciones para, en solitario, dejarnos la libertad sublime de escogerlas, dibujarlas de nuevo y, con suavidad, volver a guardarlas hasta el infinito” (pág. 24).

    Muchos son los ejemplos que aún podríamos entresacar de ésta su primera novela como: “A veces, en la tranquilidad de algunos momentos, un recuerdo simple se va convirtiendo en una situación compleja, donde, por un momento, puedes alejarte de la realidad vital para observarla desde fuera” (pág. 34).

    Julia es consciente de que, en parte, ella vive gracias a las palabras de David que son las que le han dado cuerpo y forma y ella desea ser cómo él la ha sabido ver: “Tal vez mi memoria se desata y me sorprende, pero sí, así quiero verme, como sólo él ha sabido inventarme siempre, vestida con sus letras y sus caricias, con la majestuosidad de su inconsciente. Sí, sentirme amada y deseada, incluso perdida y encontrada, dejando que el almizcle de esa droga perdure sin descanso en el tiempo, hasta siempre...” (pág. 136). Éstas, por otra parte, son las palabras con las que acaba “La luz de las nubes”.


    LOS CUENTOS

    El poder de la palabra, en forma de cuento, es esencial en la obra de Carles. Sí, en “La luz de las nubes”, el profesor Tarrés deja una profunda huella en David gracias a sus ideas y a sus cuentos. Gracias a esos cuentos se establece un hilo de unión entre él y Julia: “Después de cada clase, los últimos quince minutos que quedaban, nos explicaba un cuento, sí, un cuento, para relajarnos, decía. Yo creo que, después del primero, ya no me relajó, al contrario, me excitaba, mi mente intentaba guardar cada una de las palabras que él había utilizado para, una vez en casa, poder explicárselas a Julia. Fue así como me convertí en el cuentacuentos de Julia, gracias a historias prestadas por el profesor Tarrés, aunque, con posterioridad, fui leyendo y buscando cuentos allá donde estuvieran para no perder la costumbre” (pág. 22). Se insertan dos cuentos en la novela, uno, que recuerda David y otro que recuerda Julia.

    En “Un rumor invisible” la palabra escrita es esencial también. Hay una fábula que influye mucho en el protagonista, se trata de “El amor y la locura”, cuya lectura le produce esta reacción: “Cuando acabé de leer la fábula me entró una especie de congoja, una sensación de alegría cubierta por el manto de las lágrimas, no sólo era una historia hermosa, era algo más, era la sensación de saber que nos amábamos, que todo estaba ya tomando su rumbo único” (pág. 101).

    El cuento, la importancia del mismo, también tiene un papel en “Los cuentos de Nelly”. En “Donde los dragones existen” el anciano le dice la gran verdad de su vida a Raúl: “Es un cuento, sólo un cuento, para que puedas contarlo, para que todo el mundo pueda saber, como sabes tú que, en un remoto lugar, hay un mundo donde el amor y la felicidad hacen que todo sea posible, hay un mundo donde los dragones existen” (pág. 8).


    FINAL

    Cuando uno se acerca, por primera vez a un escritor, son muchos los aspectos que podría tratar a la hora de analizarlo. Nosotros hemos escogido los anteriores, pero aún habría mucho más en la obra de Carles Prats que merecería nuestra atención. Por ejemplo, no hace mucho fue al colegio de su hija y entró en su clase para contar un cuento a los chicos del grupo. Pues bien, todos le escribieron una frase y Carles ha tenido la paciencia y habilidad de redactar una hermosa historia en donde todos los niños son protagonistas.

    Carles Prats, pues, tiene la rara habilidad de ganar amigos y eso es una cualidad que se ha ganado a pulso, puesto que es una persona de principios y de buenas cualidades. Uno de esos amigos, precisamente, lo describe, en el anonimato, de esta manera: “Sus conocimientos, su gran naturaleza, su timidez, su honestidad y su peculiar sentido del humor, hacen de él una persona maravillosa. Una de las grandes virtudes es la fidelidad a la amistad y a sus principios y creencias” y sigue describiéndolo: “Muy poca gente tiene el don de plasmar por escrito sus sentimientos, emociones e inquietudes, Carlos tiene ese don, es capaz de transmitir con una gran sensibilidad todo lo que siente. Con sus novelas es capaz de hacer llorar, reír y, sobre todo, hace que el lector se quede prendado”.

    Su intención, a la hora de escribir, no es transmitir valores porque “Más que transmitir algún tipo de mensaje pienso que la pretensión es buscar complicidad con el lector, demostrarle, de una u otra forma, que las cosas vividas nunca son tan distintas, aunque tampoco idénticas. El mensaje sería: mírate, en el fondo nos parecemos un poco. En otro orden de cosas me gusta también conseguir que alguien pueda pasarlo bien con mis ocurrencias”.

    En este estudio hemos tratado de acercarnos a su obra inédita, hasta la fecha, para tratar de descubrir algunos de sus aspectos más relevantes y demostrar que hay muchos escritores que sólo esperan un editor, escritores con una obra madura en cuando a forma y contenido, como la de Carles Prats, quien sin duda tiene talento de sobras para seguir escribiendo y sorprendiéndonos a casa pasa. Ojalá pronto en una librería vemos su nombre impreso en la portada de un libro. Sería una buena noticia para la literatura.

    BIBLIOGRAFÍA (inédita)
    -“La luz de las nubes”, 2004
    -“Un rumor invisible”, 2005
    -“La Massó coronada pel cul”, 2005
    -“La presidenta atortugada”, 2005
    -“Els contes de Nelly”, 2006
    -“Els contes de la Paula, 2007
    -“El peso del miedo”, 2007.





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